Incluso el COVID leve puede desencadenar síndrome de fatiga crónica

Pasar el COVID-19, aunque sea de manera leve, podría aumentar el riesgo de desarrollar síndrome de fatiga crónica seis meses después de la infección, lo que reduce la fuerza muscular de la persona y limita su vida.
Mujer tumbada en el sofá agotada por el cansancio

01/09/2022

Son muchas las personas que declaran sentirse más cansadas después de superar el COVID-19. Ahora, un estudio realizado por investigadores de la Charité-Universitätsmedizin Berlin (Alemania) y el Centro Max Delbrück de Medicina Molecular (MDC) ha confirmado la evidencia de que la infección con el SARS-CoV-2, aunque sea leve, aumenta el riesgo de desarrollar síndrome de fatiga crónica. Este problema discapacitante está caracterizado por la presencia de un cansancio extremo y prolongado no vinculado a la realización de actividad física, y que no mejora con el descanso.

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El trabajo, publicado en Nature Communications, ha sido realizado gracias a los análisis de 42 personas que declararon tener síntomas de fatiga severa persistente y deterioro del funcionamiento diario seis meses después de haber pasado el COVID-19. Los datos recogidos mostraron que solo 3 de los 42 pacientes del estudio fueron atendidos en un hospital durante el coronavirus y ninguno de ellos necesitó oxígeno adicional.

Del total, 32 tuvieron lo que se considera un COVID leve, que no desarrolla neumonía pero sí síntomas como tos, fiebre, dolor muscular y dolor articular durante un periodo entre una y dos semanas. Hay que destacar que todas las infecciones se produjeron durante la primera ola de la pandemia de COVID-19, por lo que ninguno de los participantes estaba vacunado contra la enfermedad.

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La mitad de pacientes COVID fue diagnosticado con fatiga crónica

Los resultados tras los análisis a los afectados por neurólogos, inmunólogos, reumatólogos, cardiólogos, endocrinólogos y neumólogos fueron comparados con los obtenidos de un pequeño grupo de control de 19 personas de la misma edad y género que habían desarrollado síndrome de fatiga crónica por una infección no relacionada con el COVID-19.

Creen que el riesgo de fatiga crónica tras el COVID podría deberse a una respuesta inflamatoria persistente o a un suministro de sangre deteriorado

La mitad de los pacientes pos-COVID cumplieron los criterios para ser diagnosticados con fatiga crónica, mientras que el resto presentó síntomas similares pero su malestar después del esfuerzo fue más leve y solo duraba unas pocas horas. Además de los síntomas, también se analizó la fuerza de agarre de la mano de los participantes.

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Los datos indicaron que la fuerza se redujo en la mayoría de las personas del estudio “además, descubrimos que las personas con intolerancia al esfuerzo más leve tenían una fuerza de agarre reducida si tenían niveles elevados de la citoquina interleucina 8. En estos casos, la fuerza muscular reducida puede ser causada por una respuesta inflamatoria persistente”, ha explicado la Dra. Carmen Scheibenbogen, autora principal.

También ha añadido que “sin embargo, en el grupo de fatiga crónica, la fuerza de agarre de la mano se correlacionó con la hormona NT-proBNP, que las células musculares pueden liberar cuando el suministro de oxígeno es insuficiente. Esto sugiere que, en estos individuos, la debilidad muscular puede ser causada por una suministro de sangre deteriorado”.

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Después de estos hallazgos, los investigadores recalcan la importancia de protegerse del SARS-CoV-2, pues hasta ahora los tratamientos que existen para el síndrome de fatiga crónica son únicamente para paliar los síntomas. Además, hay que subrayar que este problema de salud es limitante y puede causar discapacidad en aquellos que lo sufren.

Actualizado: 5 de mayo de 2023

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