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El síntoma clásico de la facitis plantar es el dolor, a veces incapacitante, ya sea en la planta del pie o en el talón. Este suele presentarse desde primera hora de la mañana, cuando el paciente está recién levantado, y va cediendo a lo largo del día, mejorando con el descanso. El motivo de que el dolor ceda con el descanso, por ejemplo nocturno, es porque la fascia se relaja al estar el pie en discreta flexión plantar. Si se produce una marcha prologada el dolor suele empeorar, aunque también es posible notarlo simplemente estando de pie o incluso en reposo.

Es característico que el dolor no se presente por la noche, durante el descanso, ni suele acompañarse de hormigueo, que le diferencia de otros trastornos del pie. En muchas ocasiones, la posición de puntillas aviva notablemente el dolor. En otras ocasiones, el paciente lo nota al caminar descalzo o subir escaleras. Para reproducir pasivamente el dolor, basta con realizar una flexión dorsal forzada de los dedos y con rodilla en extensión. Lo describe como palpitante, otras veces punzante, etcétera.

En ocasiones el dolor de una fascitis plantar puede acabar alcanzando el tobillo o incluso los dedos de los pies.

La fascitis suele presentar una sintomatología autolimitada en la mayoría de las personas que la padecen, pues al cabo de un año aproximadamente, los síntomas van desapareciendo solos, salvo en casos muy concretos, o cuando los factores de riesgo permanecen y lo hacen recurrir.

Creado: 16 de diciembre de 2016

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