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Entrevistas de Salud al día
Dr. Enrique Calvo

Dr. Enrique Calvo

Del servicio de Reumatología de HM Hospitales, experto en gota
“Existe un interés creciente en el desarrollo de nuevos fármacos reductores de uricemia, como el febuxostato, o muchos otros que está previsto se encuentren disponibles en el mercado muy pronto”

Dr. Enrique Calvo Aranda, del servicio de Reumatología de HM Hospitales

La gota es una enfermedad reumática muy dolorosa, que afecta principalmente a los hombres, sobre todo a partir de los 70 años. A pesar de que su prevalencia se ha incrementado un 50% en la Unión Europea, y de que se trata de una de las principales causas de artirtis, esta patología es todavía poco conocida entre la población que, por ejemplo, desconoce que puede ocasionar trastornos graves como insuficiencia renal, y que es un factor de riesgo cardiovascular. El Dr. Enrique Calvo Arana, del Servicio de Reumatología de HM Hospitales, nos habla de las características de esta enfermedad, que no se limita a la inflamación del dedo gordo del pie, ni afecta únicamente a aquellos que cometen excesos dietéticos, y nos explica cómo se trata y cómo se puede prevenir.

¿En qué consiste exactamente la gota? ¿Cuáles son sus principales síntomas?

La gota es una enfermedad producida por cristales de ácido úrico, que constituye una de las causas más frecuentes de artritis en varones a nivel mundial. Da lugar a ataques de inflamación aguda y muy dolorosa (acompañado muchas veces de enrojecimiento de la piel de la zona afectada) en las articulaciones donde se depositan las sales de urato. El dolor y la hinchazón suelen resolverse al cabo de unos días con la toma de antiinflamatorios, o incluso de forma espontánea, pero en ciertas ocasiones pueden resultar muy invalidantes y afectar incluso a varias articulaciones al mismo tiempo.

Estos ataques inflamatorios pueden estar separados entre sí incluso varios años, pero si la gota no se trata, con frecuencia los brotes se hacen más intensos y numerosos, acortándose el intervalo entre los ataques, hasta llegar a lo que denominamos gota crónica.

Si la gota no se trata, con frecuencia los brotes se hacen más intensos y numerosos, acortándose el intervalo entre los ataques, hasta llegar a lo que denominamos gota crónica

En algunos pacientes pueden observarse acúmulos de ácido úrico en los tejidos en forma de pequeños nódulos denominados tofos, algunas veces palpables o visibles bajo la piel. Por otro lado, también pueden formarse cálculos de urato en los riñones, que a veces desembocan en cólicos e incluso insuficiencia renal, con afectación del filtrado del riñón.

Por último, en las últimas décadas se están desarrollando numerosas investigaciones acerca del importante papel que juega el ácido úrico en el aumento del riesgo cardiovascular detectado en muchos pacientes afectados de gota.

¿Cuáles son las causas de la gota, o los factores de riesgo que hacen que una persona sea más propensa a sufrir esta enfermedad? ¿Es hereditaria?

Aunque aún nos falta mucho por descubrir, conocemos muchos aspectos de la gota. Sabemos que los ataques de inflamación se producen como consecuencia de la presencia de cristales de urato en la articulación o tejido afectado en cuestión. Y para que estos cristales se formen tiene que existir una elevación por encima de los niveles normales de ácido úrico en la sangre (hiperuricemia, >7 mg/dl). En las personas que sufren de gota, la persistencia de hiperuricemia conlleva que cada vez tengan más ataques, y que cada vez se afecten más articulaciones.

Aunque en muchos pacientes la gota puede ser hereditaria o familiar, encontrando varios miembros de la familia con la enfermedad, existen muchas causas secundarias. Así, el que se eleven los niveles de ácido úrico en la sangre puede deberse a que el riñón presente dificultad en la eliminación del mismo, a que se incremente su producción por exceso de ingesta de ciertas bebidas y alimentos ricos en purinas: alcohol (sobre todo cerveza), bebidas edulcoradas, vísceras, marisco, etcétera, o a ambos mecanismos combinados. Asimismo, algunos medicamentos como los diuréticos pueden dar lugar a ataques de gota en personas que nunca han tenido elevado el ácido úrico en sangre. Lo mismo ocurre en ciertos procesos onco-hematológicos, o durante el tratamiento con quimioterapia para los mismos.

Sabemos además que muchos de los pacientes con gota sufren lo que se denomina síndrome metabólico, esto es, agrupación de varias enfermedades como hipercolesterolemia, diabetes mellitus, hipertensión arterial u obesidad. Estas enfermedades se potencian entre sí y contribuyen a incrementar el riesgo cardiovascular.

¿Por qué, a diferencia de otras enfermedades reumáticas, afecta más a los hombres?

En efecto, el que la gota afecte más a hombres que a mujeres es algo por todos sabido, y ya descrito incluso en los tiempos de la Antigua Grecia por Hipócrates, considerado por muchos historiadores médicos como el “padre de la medicina”.

Los niveles de ácido úrico en sangre son mayores en hombres que en mujeres. Durante la infancia, niños y niñas tiene niveles muy bajos de ácido úrico y resulta extremadamente raro que desarrollen gota. Sin embargo, con la llegada de la pubertad en los chicos el ácido úrico se eleva hasta llegar al nivel que tendrá durante el resto de su vida; si este nivel es anormalmente elevado, algunos puede que formen cristales de urato en las articulaciones y que acaben padeciendo gota. Las mujeres, por el contrario, mantienen niveles de ácido úrico bajos durante toda su edad reproductiva, acercándose al nivel de los hombres después de la menopausia. Es por eso que resulta excepcional que las mujeres sufran gota antes de la menopausia y sí puedan padecerla, aunque con menor frecuencia que los hombres, después.

Las mujeres mantienen niveles de ácido úrico bajos durante toda su edad reproductiva, acercándose al nivel de los hombres después de la menopausia, por eso es excepcional que sufran gota antes de la menopausia

¿Se puede prevenir la aparición de gota, o la frecuencia e intensidad de los brotes en el caso de haber sido diagnosticado?

En efecto, la prevención en muchos casos es posible y resulta clave para el paciente. Al igual que se vigilan periódicamente tensión arterial, colesterol o azúcar, así deben vigilarse con el médico de cabecera, o en análisis rutinarios de empresa, los niveles de ácido úrico en sangre.

Cuando un paciente recibe el diagnóstico de gota, resulta fundamental para la prevención y el tratamiento que conozca a través de su médico en qué consiste su enfermedad, cómo debe afrontar los brotes de inflamación cuando ocurren, y cómo puede hacer para prevenirlos. También es de suma importancia realizar controles clínicos y analíticos periódicos según consejo de su médico, tanto para vigilar los niveles de ácido úrico como para evaluar los perfiles hepatorrenal, lipídico, glucémico, etcétera.

Al igual que se vigilan periódicamente tensión arterial, colesterol o azúcar, así deben vigilarse con el médico de cabecera, o en análisis rutinarios de empresa, los niveles de ácido úrico en sangre

En pacientes con gota muchas veces se hace necesario el uso de medicación reductora de la uricemia, como el alopurinol o el febuxostato, al igual que muchos pacientes con elevación de colesterol deben asumir medicación además de una dieta determinada. Con estos medicamentos se intenta perseguir, en pacientes con gota, niveles en sangre de ácido úrico por debajo de 6 mg/dl, o incluso de 5 mg/dl, para así lograr eliminar el exceso de ácido úrico del organismo. La medicación elegida y la dosis han de individualizarse en cada paciente.

Cuando hablamos de gota solemos pensar en dolor e inflamación en el dedo gordo del pie, pero ¿qué otras manifestaciones o lesiones puede provocar a los afectados?

Efectivamente, por desgracia, muchos pacientes llegan tarde a nuestras consultas porque piensan que el dolor que padecen en tobillos, rodillas u otras articulaciones desde hace años era por malos movimientos, esguinces u otra causa.

Aunque es cierto que sabemos que la gota afecta más frecuentemente a la articulación del pie que une el primer dedo con el mediopié (esta inflamación se llama “podagra”), también puede afectar a muchas estructuras como la rodilla, el tobillo, tendones de la mano o del pie (empeine), tendón de Aquiles, la bursa olecraniana (“almohadilla” de la región posterior del codo)… Y en algunos pacientes pueden encontrarse tofos (acúmulos de ácido úrico) en las orejas e, incluso, en la columna vertebral.

Aunque la gota afecta más frecuentemente a la articulación del pie que une el primer dedo con el mediopié, también puede afectar a la rodilla, el tobillo, tendones de la mano o del pie (empeine), tendón de Aquiles, la bursa olecraniana (“almohadilla” de la región posterior del codo)…

La gota se puede curar

Además del tratamiento farmacológico, ¿qué otras medidas pueden adoptar los pacientes para mejorar su salud y su calidad de vida?

Una dieta mediterránea equilibrada, evitando excesos de alimentos ricos en purinas, acompañada de ejercicio físico moderado y regular, así como una adecuada ingesta diaria de líquidos, resultan muy beneficiosos. Algunos alimentos como las cerezas y los lácteos (sobre todo desnatados) han demostrado que también pueden disminuir los niveles de ácido úrico, siendo de gran ayuda en el tratamiento de nuestros pacientes.

Debe fomentarse un control del peso corporal y evitarse los ayunos prolongados, y se aconseja recibir una hidratación extra en caso de realizare ejercicio físico intenso, o en periodos convalecientes tras una cirugía o tras un proceso de deshidratación, como pueda ser una gastroenteritis aguda.

Por último, en aquellos pacientes con afectación crónica de las articulaciones o con brotes repetidos en una misma articulación, puede resultar conveniente una fisioterapia dirigida a no perder el rango de movilidad articular.

¿Es necesario eliminar de la dieta algunos alimentos si se padece gota?

En realidad tiene que imperar el sentido común, sin llegar a prohibir alimentos o bebidas de forma rutinaria. Dependiendo de cada paciente, suelen acordarse planes terapéuticos y dietéticos individuales, pero en general se debe evitar o restringir en lo posible el consumo de cerveza, bebidas alcohólicas de alta graduación y bebidas edulcoradas, limitar el exceso de carne roja, pescado azul, marisco y animales de caza, y fomentar lácteos, cerezas, y la ingesta de 1’5-2 litros de agua al día.

¿Es posible curar la gota, o se trata de una enfermedad crónica?

La gota es curable. Por fortuna, en las últimas décadas ha avanzado mucho nuestro conocimiento sobre la enfermedad y su tratamiento, de forma que cada vez somos capaces de manejarla mejor.

El objetivo que nos debemos marcar es conseguir bajar los niveles de ácido úrico de la sangre por debajo de 6 mg/dl, y que esto se mantenga de forma duradera en el tiempo. En aquellos pacientes con tofos habremos de ser más “exigentes” y forzar aún más esa reducción de urato, para así disolver los depósitos de cristales, lo que se consigue con mayor intensidad al principio del tratamiento (con dosis superiores del reductor de uricemia, o incluso con combinaciones de varios fármacos).

El objetivo que nos debemos marcar es conseguir bajar los niveles de ácido úrico de la sangre por debajo de 6 mg/dl, y que esto se mantenga de forma duradera en el tiempo

Por otro lado, además de las medicaciones de las que ya disponíamos, en estos últimos años están surgiendo nuevas armas terapéuticas que han permitido aumentar las posibilidades de tratamiento en aquellos pacientes que eran refractarios a fármacos clásicos, o en aquellos que presentaban reacciones alérgicas a los mismos o intolerancias.

Quiero recalcar que sólo conseguiremos la prevención y curación de nuestros pacientes a través de una estrecha colaboración entre reumatólogos y medicina de Atención Primaria, así como con otros muchos compañeros de profesión que se enfrentan a esta patología: Urgencias, Traumatología, Nefrología, Cardiología, Endocrinología, etcétera.

Asimismo, hay que difundir a la sociedad todo lo posible el conocimiento de esta enfermedad y su enfoque diagnóstico y terapéutico, a través de campañas y otras iniciativas de difusión regional, nacional e internacional, pues se trata de una patología muy prevalente y con enormes costes socio-sanitarios y laborales asociados.

¿Qué avances se han producido en el tratamiento de la gota?

Podemos decir que, por un lado, cada vez se descubren más aspectos acerca del funcionamiento de medicamentos clásicos para la enfermedad, como el alopurinol, benzbromarona, etcétera. Esto hace que sepamos mejor cómo actúa el fármaco en cada paciente, qué dosis debemos emplear, cuándo debemos intensificar la dosis…

También sabemos que la adherencia al tratamiento por parte del paciente resulta clave para conseguir nuestros objetivos, y para ello debemos prevenir los brotes inflamatorios que se suelen producir si introducimos sólo el reductor de la uricemia sin ningún medicamento adicional, como el naproxeno o la colchicina. Muchos pacientes abandonan medicación como el alopurinol por padecer más brotes de dolor o inflamación al empezar el tratamiento. Es por ello que en los primeros 6 o 12 meses de tratamiento debemos acompañar la terapia reductora de uricemia de una profilaxis antiinflamatoria con colchicina o naproxeno, siendo a veces necesario el uso de corticoides orales a dosis bajas.

La adherencia al tratamiento por parte del paciente resulta clave para conseguir nuestros objetivos, y para ello debemos prevenir los brotes inflamatorios que se suelen producir si introducimos sólo el reductor de la uricemia sin ningún medicamento adicional

Por otro lado, por fortuna para los que nos dedicamos a luchar contra esta enfermedad, existe un interés exponencialmente creciente en el desarrollo de nuevos fármacos reductores de uricemia, como el febuxostato, o muchos otros que está previsto se encuentren disponibles en el mercado muy pronto, tras varios años previos de estudio en innovación y desarrollo. Este desarrollo de nuevos fármacos también está haciendo que se pongan más en boga esta enfermedad y su tratamiento, lo cual contribuirá a ampliar el conocimiento por parte de los médicos y la sociedad.

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30%
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'Fuente: 'Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV)''

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