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Entrevistas de Tercera edad
Pilar Rodríguez Rodríguez

Pilar Rodríguez, vicepresidenta del área de gerontología de la SEGG y presidenta de la 'Fundación Pilares'.

Pilar Rodríguez Rodríguez

Vicepresidenta del área de gerontología de la SEGG
“Es esencial cultivar las relaciones sociales a lo largo de la vida y desarrollar actividades de ocio y cultura, para disfrutar de la jubilación y generar interacciones positivas que minimicen el riesgo de soledad”

La soledad en la tercera edad es un factor de riesgo para sufrir enfermedades como la depresión o el deterioro cognitivo, y aumenta también la morbilidad y la mortalidad de las personas mayores. Los cambios demográficos y el aumento de la esperanza de vida han contribuido a que cada vez haya más hogares con mayores de 75 años que viven solos, y que en muchos casos tienen problemas de salud físicos o mentales asociados al aislamiento social. Pilar Rodríguez Rodríguez, vicepresidenta del área de gerontología de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y presidenta de la Fundación Pilares para la autonomía personal (www.fundacionpilares.org), nos explica qué hacer para prevenir, o remediar, las situaciones de soledad indeseada durante la última etapa de la vida.

¿Cuáles son los principales problemas de salud que puede provocar o agravar el hecho de que una persona mayor viva sola?

“De los casi dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas, 368.400 (42,2%) tienen más de 85 años. Se trata de un fenómeno altamente feminizado, pues del total que viven en soledad, el 72,2% son mujeres”

Vivir en solitario durante la vejez es un fenómeno emergente que se está incrementando en los últimos años. Y si bien lo primero que hay que decir es que no es lo mismo vivir solo que sentirse solo, sí es verdad que la sensación de soledad se acrecienta cuando las personas mayores viven sin compañía. Mucho más cuando se alcanzan edades muy avanzadas. En este sentido, cabe destacar que de los casi dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas, 368.400 tienen más de 85 años, lo que significa un 42,2%. Se trata de un fenómeno que está altamente feminizado, pues del total que viven en soledad, el 72,2% son mujeres.

Con respecto a los problemas que se asocian a vivir en soledad, cabe destacar los siguientes:

  • Tienen mayor riesgo de depresión, pero también la soledad se relaciona con enfermedades cardiovasculares, hipertensión y demencia. Incluso existe un vínculo muy fuerte con una mortalidad temprana.
  • Tienen problemas ligados a la movilidad y al riesgo de caídas. Los mayores que están solos soportan un mayor peligro de sufrir caídas y, por tanto, fracturas.
  • Suelen tener más problemas económicos, lo cual repercute en su alimentación, pero también en su higiene.

¿Qué deberíamos hacer las personas a nivel individual para evitar encontrarnos en situaciones de soledad no deseada cuando seamos mayores?

Las generaciones anteriores, y de manera especial las mujeres que, como he apuntado, son las que tienen más riesgo de vivir en solitario, han vivido muy volcadas en la atención de la familia (padres, maridos, hijos y nietos). Esta plena dedicación al cuidado de los demás suele originar, como suelo decir, que lleguen a convertirse en “cuidadoras sin cuidados”, porque cuando ellas los necesitan es más difícil que puedan obtenerlos de sus familiares. Por eso, la mayoría de los usuarios de los servicios formales de atención (el SAD, las residencias…) son mujeres.

También muchos de los varones que hoy son mayores han vivido volcados en sus trabajos sin dedicar tiempo a disfrutar de sus aficiones y de interacciones sociales suficientes para disfrutarlas después de la jubilación.

Por consiguiente, es esencial que cultivemos nuestras relaciones sociales a lo largo de nuestra vida, como también lo es que dediquemos tiempo a desarrollar actividades de ocio y cultura, porque eso nos abrirá más posibilidades de disfrutar la jubilación y de generar interacciones positivas que minimicen el riesgo de soledad.

Desde la SEGG, ¿qué medidas piensan que se deben adoptar para evitar que la soledad afecte a la salud y la esperanza de vida de las personas mayores?

En el seno de la SEGG contamos con casi 3000 profesionales que trabajan en el ámbito de la geriatría y de las ciencias sociales y del comportamiento. Cada uno, desde su área de intervención, atiende a personas mayores que viven solas, que es uno de los indicadores de fragilidad que se tienen en cuenta a la hora de prestar atención con el fin de prevenir o de atender las consecuencias que puedan originarse, o agravarse, como consecuencia de la soledad.

Por otra parte, desde la SEGG también promovemos acciones y recomendaciones dirigidas a los poderes públicos para que actúen con políticas y medidas adecuadas para minimizar los riesgos asociados a la soledad. Entre otras, el fomento del voluntariado para el acompañamiento a personas que viven solas de manera no deseada.

¿Cree que el homeshare, una iniciativa que consiste en que personas mayores que viven solas compartan piso con jóvenes que necesitan un lugar de residencia, puede ser beneficioso para los ancianos?

“El ‘homeshare’ es una excelente iniciativa, una relación de beneficio y ayuda mutua, cuyos resultados son excelentes para ambas partes de la relación” 

Sí, se trata de una excelente iniciativa que se inició hace años por la Universidad de Granada y que después se ha extendido por otras universidades. Se trata de una relación de beneficio y ayuda mutua, cuyos resultados son excelentes para ambas partes de la relación. Los alumnos o jóvenes que trabajan en otra ciudad diferente a la de su domicilio tienen la oportunidad de disponer de un alojamiento gratuito y, al tiempo, las personas mayores se benefician de la compañía y del apoyo de los jóvenes para algunas actividades.

También hay personas mayores que no viven solas, sino con otro anciano dependiente al que deben cuidar, y que en ocasiones sufre deterioro cognitivo. ¿Cómo se puede mejorar la calidad de vida de estos cuidadores?

Siempre que pensamos en las personas cuidadoras de un familiar mayor en situación de dependencia nos imaginamos una persona de mediana edad (alrededor de 53/54 años), que se corresponde mayoritariamente con la hija de quien necesita cuidados de larga duración. Y si bien es verdad que éste es el perfil mayoritario del cuidador, también es cierto que cada vez se incrementa más el número de personas mayores cuidadoras de otra persona mayor, que puede ser su pareja o, incluso, su padre o su madre. Realmente estas situaciones pueden originar efectos adversos en ambas partes de la relación si estos cuidadores/as mayores no cuentan con el apoyo y la formación requerida.

Tanto desde la SEGG, como desde la Fundación Pilares, tenemos sendas líneas prioritarias de acción cara a las personas cuidadoras, entre ellas contamos con guías de formación para familias, que están disponibles de manera gratuita en nuestros sitios web, pero también coincidimos en creer que el incremento que se está produciendo entre los cuidadores de personas mayores requiere que se le preste una atención especial, tanto desde el punto de vista de la investigación, como de la formación y la intervención.

Las personas mayores que sufren algún tipo de discapacidad física y viven solas pueden tener dificultades para relacionarse socialmente, ¿cómo evitar el aislamiento en estos casos?

Si resulta difícil estimular a las personas mayores que viven solas sin redes de interacción social y sin hábitos participativos en recursos de la comunidad, más dificultoso resulta que quienes tienen limitaciones funcionales puedan hacerlo. Muchas de estas personas apenas reciben una visita mensual de alguien conocido de su entorno social, e incluso se dan casos en los que no existen tales visitas. Es en estas ocasiones cuando se vuelve más relevante contar con redes de voluntariado que acompañen a las personas en sus domicilios.

Los expertos destacan la importancia del envejecimiento activo y señalan que es fundamental que los mayores se sientan útiles. ¿Qué tipo de actividades recomendaría a los mayores que se encuentren solos?

“La recomendación para los mayores que se sientan solos es que busquen espacios de participación social acordes con sus gustos en su entorno comunitario (asociación de mayores, cultural, de mujeres, de vecinos, deportiva…)” 

Tal como decía al principio, resulta muy recomendable que todos nos planifiquemos el tiempo vital de una manera armónica, atendiendo a la familia y a nuestro trabajo, pero también es esencial para nuestra calidad de vida que disfrutemos una vida plena de ocio y que cultivemos nuestras aficiones. Eso nos hará más felices en nuestra vida adulta y también propiciará que durante la vejez, aunque tengamos que vivir en solitario, contemos con una red social más amplia que pueda darnos apoyo si lo necesitamos.

Y para las personas que hoy día ya son mayores y se sientan solos la recomendación sería la búsqueda de espacios de participación social que sean acordes con sus gustos entre los que estén disponibles en su entorno comunitario (una asociación de mayores, cultural, de mujeres, de vecinos, deportiva, etcétera). Desde la intervención de los profesionales, lo mismo que desde las propia familias, es muy recomendable estimular que esto sea posible y buscar el acompañamiento necesario cuando la persona haya perdido el hábito de la participación y ésta le resulte difícil.

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