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Pesadilla en el quirófano

Estar consciente durante una operación a pesar de haber recibido anestesia es muy infrecuente, pero posible: se conoce como despertar intraoperatorio y ocurre entre 1 y 3 casos por cada 1.000 pacientes.
Pesadilla en el quirófano

El miedo a despertarse en plena operación

Aunque sumamente infrecuente –se dan entre 1 y 3 casos por cada 1.000 pacientes– es posible que una persona recupere la consciencia durante una intervención quirúrgica a pesar de haber sido anestesiada, y se puede también encontrar paralizada e incapacitada para articular palabra si además se le han administrado relajantes neuromusculares, por lo que tampoco podría advertir a los médicos de la situación. Esta especie de pesadilla en el quirófano es lo que se conoce como despertar intraoperatorio o conciencia bajo anestesia.

La anestesia general, como explica el Dr. Fernando Gilsanz, jefe de servicio de Anestesia del Hospital Universitario la Paz, de Madrid, es una medicación con “varios componentes que tiene que producir inconsciencia y amnesia –el paciente no debe darse cuenta de nada y no debe recordar nada–, además de analgesia para evitar el dolor. Algunas intervenciones –continúa el especialista–, precisan la utilización de relajantes neuromusculares. Si un paciente está consciente y siente dolor lo que hace es moverse, sin embargo, el peligro del empleo de relajantes neuromusculares es que si está paralizado y no se dispone de un monitor de profundidad anestésica –un BIS–, puede haber un despertar intraoperatorio”.

Tras un caso de recuperación de la conciencia durante una operación, aunque la persona no haya sentido dolor porque la analgesia fuera efectiva, y permaneciera paralizada porque se le hubiera inducido también un bloqueo neuromuscular, el paciente generalmente refiere recuerdos auditivos, sensación de asfixia, miedo, angustia, o ataques de pánico, y en los casos más graves puede llegar a sufrir trastornos psiquiátricos como síndrome de estrés postraumático.

Como indica el jefe de servicio de Anestesia de la Paz, "la frecuencia de despertar intraoperatorio es muy baja –un 0,13% aproximadamente–, y hay varias formas de experimentarlo", es decir, que cuando ocurre lo habitual es que el paciente pueda recordar cosas, pero sin haber sentido ningún dolor, mientras que el grado más extremo –e inusual– es tener dolor intraoperatorio.

Cómo prevenir y detectar el despertar intraoperatorio

Para prevenir el despertar intraoperatorio es necesario en primer lugar una valoración previa que identifique los posibles factores de riesgo que favorecen la aparición del fenómeno. Algunos pacientes, explica el Dr. Gilsanz, son más propensos a sufrir estos eventos, porque debido a sus condiciones físicas no es posible administrarles unas dosis adecuadas de fármacos. Esto es lo que ocurre, afirma el experto, con las personas con una reserva miocárdica limitada, con las que no tienen unas condiciones hemodinámicas buenas, los pacientes hipovolémicos, sépticos, traumáticos…

Las personas que experimentan un despertar intraoperatorio suelen referir recuerdos auditivos, sensación de asfixia, miedo, o ataques de pánico, y en los casos más graves pueden llegar a sufrir síndrome de estrés postraumático

Otros factores de riesgo asociados a las características del paciente, añade este especialista, son el alcoholismo crónico, la adicción a opiáceos o a cocaína, y la inducción enzimática hepática, una condición que provoca que los fármacos se destruyan muy rápidamente por el hígado, impidiendo que se alcancen los niveles adecuados de anestesia.

La incidencia del despertar intraoperatorio también es mayor en determinados tipos de cirugía, como la obstétrica, la de trauma, o la cardiaca, debido a una dosificación insuficiente de anestesia. Hay casos descritos de despertar intraoperatorio, por ejemplo, cuando se administra anestesia general a una embarazada a la que se le ha tenido que practicar una cesárea de urgencia ante una situación de sufrimiento fetal.

Para detectar un posible estado de alerta durante la intervención quirúrgica y poder intervenir para resolverlo, existen sistemas de monitoreo de profundidad anestésica que, como su nombre indica, evalúan la profundidad de la anestesia y son capaces de diagnosticar los despertares intraoperatorios. El BIS o monitorización del índice biespectral, explica el Dr. Gilsanz, permite observar el efecto de los fármacos sobre la conciencia, y ofrece un valor que si oscila entre 40 y 65 indica que el paciente no tiene conciencia; si estuviera despierto superaría el 65, y entonces sería necesario administrarle más dosis de fármaco anestésico.

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