23 de mayo de 2012
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Hasta hace relativamente pocos años, el cordón umbilical tenía como cometido una única aunque importante función, que no es otra que la de unir el feto con la placenta para que, a través de él, el embrión reciba las sustancias nutritivas y la sangre rica en oxígeno. Cuando nace el bebé, se corta el cordón umbilical dejando una cicatriz conocida como ombligo. Lejos del simbolismo que queramos darle al cordón umbilical entendiéndolo como el vínculo o nexo entre la madre y su hijo, en la actualidad, el cordón ha pasado de desecharse tras el parto a adquirir un mayor protagonismo por las posibilidades médicas que permite su conservación.
En primer lugar, hay que aclarar que no se trata de conservar todo el cordón umbilical, sino las células madre (stem cells) que se encuentran en la sangre que hay en dicho cordón. Las células madre son aquellas células que tienen la capacidad de autorrenovarse o bien producir células de uno o más tejidos maduros. Este hecho hace que sus aplicaciones médicas sean bastante numerosas.
Las células madre han dando lugar a numerosos debates éticos y científicos, pero hay que diferenciar entre las células madre embrionarias o fetales y las adultas, obtenidas tras el nacimiento. En el primero de los casos el debate ético viene dado porque no está clara la personalidad jurídica de un feto de pocos días de gestación, mientras que en el segundo de los casos este debate no se produce puesto que las células se obtienen del cordón umbilical del recién nacido.
“La ICSI, una variante de la fecundación in Vitro, asegura la fertilización en un 70-75% de los casos"
24% de las parejas que no tuvieron un hijo con ayuda de la fecundación in vitro, lo consiguieron solas años después
El estudio revela que también hubo un 17% de embarazos ‘espontáneos’ entre aquellos que ya habían conseguido descendencia con la FIV.
Fuente: ‘Fertility and Sterility'