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La placenta: funciones y problemas que la afectan
La placenta conecta a madre e hijo, encargándose de suministrar nutrientes y oxígeno al feto y evitando que le lleguen sustancias nocivas. Descubre cómo se forma y qué problemas pueden afectar su correcto funcionamiento.
Escrito por Caridad Ruiz, Periodista especializada en salud y nutrición

Qué es la placenta y cómo se forma

Actualizado: 03 de Julio de 2019

La placenta es un órgano compartido entre la madre y el feto, que se crea única y exclusivamente para el embarazo: antes de la gestación no existe en el organismo de la mujer, y tras el parto y el alumbramiento tampoco sobrevive ni deja ningún rastro.

De hecho, más allá de la semana 42 de embarazo no es capaz de cubrir las necesidades del feto. Según la doctora Edurne Mazarico, ginecóloga del Hospital Sant Joan de Déu, de Barcelona, “se produce un envejecimiento celular progresivo de la placenta y las células van muriendo. Conforme pasa el embarazo, sus funciones se van reduciendo”.

La circulación sanguínea de la madre envía hacia el útero a través de la placenta alrededor de 500-700 ml de sangre por minuto, cargada de oxígeno y nutrientes.

Sin este efímero órgano el embarazo no sería posible, ya que se encarga de suministrar nutrientes al feto para que pueda crecer y oxígeno para que respire, y hace de filtro para que no le lleguen sustancias que puedan dañarle. Además, produce hormonas para que el cuerpo de la madre se adapte al nuevo ser.

Corazón concepto de placenta

Cómo se forma la placenta

La placenta y el bebé tienen el mismo ADN. “Es un órgano que tiene un origen fetal”, señala la doctora Edurne Mazarico. Por eso, algunas pruebas prenatales para diagnosticar anomalías cromosómicas en el feto, como la biopsia de corion, se basan en el estudio de células placentarias. El proceso de su formación es el siguiente:

  • Cuando el embrión (que en los primeros días tras la fecundación se le conoce con el nombre científico de blastocisto) llega al útero –hacia el 5º o 6º día de la fecundación se produce la implantación– anida en el endometrio, la cara superficial del útero.
  • Entonces se distingue ya el trofoblasto, su capa externa y origen de la placenta, y el amnioblasto, la interna que es el origen del embrión. El primero evoluciona hacia las llamadas vellosidades coriales.
  • Estas vellosidades coriales se insertan en el tejido materno, como las raíces de un árbol. “Se produce una invasión vascular del tejido de la madre, para que interactúe con el tejido fetal”, señala la doctora. Es un momento clave del embarazo. “Si el trofoblasto invade correctamente los vasos sanguíneos maternos permitirá una buena comunicación entre madre y feto”, comenta la doctora Edurne Mazarico. Pero si hay algún problema, el embarazo puede malograrse o presentar problemas a medida que avanza, como hipertensión arterial. Esa invasión vascular facilitará que el sistema circulatorio materno envíe hacia el útero alrededor de 500-700 ml de sangre por minuto, cargada de oxígeno y nutrientes.
  • A partir de ese momento, la placenta “crece y madura a lo largo de la gestación. En la segunda mitad del embarazo cambia su estructura para facilitar más y mejor los intercambios de oxígeno y nutrientes entre madre e hijo”, dice el doctor José Luis Bartha Rasero, Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario La Paz, de Madrid.

Cómo es la placenta y dónde se ubica

Como hemos visto, una vez implantada, empieza a crecer y adquirir la forma de disco característica. Tiene una textura esponjosa, con dos caras bien diferenciadas:

  • La parte de la placenta que comunica con el bebé es plana y suave, de color azulado grisáceo, y cubierta de vasos sanguíneos que irradian del cordón umbilical.
  • La parte materna, que está empotrada en la pared del útero, está formada por cuñas y es de color rojo oscuro. “Es la que interactúa con el endometrio y el miometrio de la madre”, explica la doctora Mazarico.

Respecto a su ubicación, lo habitual, como apunta el Dr. Bartha, es que la placenta se implante “en el tercio superior del útero, al fondo o en diferentes caras laterales, anterior o posterior”.

Bebé recién nacido

Una vez que se queda anclada en la pared uterina no se mueve, aunque al comienzo del embarazo, con las primeras ecografías, el médico pueda decir que la placenta se encuentra baja (muy cerca del cuello uterino) pero que “subirá”. “El útero va creciendo y la placenta así cambia la localización”, dice la doctora Edurne Mazarico. Es lo que se llama migración placentaria. Entre las 16ª y 20ª semanas de gestación, ya se puede saber si su ubicación es la adecuada.

Bebé y placenta están interconectados

El crecimiento de la placenta va parejo al del bebe, de tal forma que hacia el tercer trimestre de embarazo ocupa alrededor del 25% de la cavidad uterina. Cuando finaliza el embarazo suele medir de 1,5 cm a 3 cm de grosor, y de 15 cm a 20 cm de diámetro, y pesa alrededor de 450-550 g, sin tener en cuenta el cordón umbilical. “El peso de la placenta y el del bebé están relacionados”, señala la doctora Mazarico, y la proporción es 1:6-7. Es decir, por cada gramo de placenta, el bebé pesa entre seis o siete.

El peso de la placenta y el del bebé están relacionados: por cada gramo de placenta, el bebé pesa entre seis o siete gramos.

Para hacernos una idea de esa conexión entre feto y placenta, el doctor Jose Luis Bartha nos explica que “en la placenta están las huellas de todo lo que pasa durante la gestación. Genéticamente, salvo excepciones, es idéntica al bebé. Por tanto, podemos decir que del estudio pormenorizado de la placenta podrían sacarse conclusiones muy interesantes sobre la salud del nuevo ser. No obstante, se necesitan más estudios sobre genética, epigenética, metabolismo e inmunología placentaria, que en años futuros nos dejarán nuevos conocimientos”.

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