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La implicación paterna en la crianza disminuye el riesgo de obesidad

Un estudio revela que cuando el padre se implica más en la crianza de sus hijos, en tareas como bañarlos, vestirlos, o jugar con ellos, los niños tienen menos probabilidades de sufrir obesidad en la primera infancia.
Un padre juega con su bebé, en vuelto en una toalla tras el baño

Los niños cuyos padres participaban de manera activa en una gama más amplia de tareas físicas, eran menos propensos a padecer obesidad entre los dos y los cuatro años de edad.

14 de Julio de 2017

La forma en la que nuestra sociedad actual afronta la crianza de los hijos está cambiando desde hace unos años, y lo vemos en cómo, en comparación con generaciones anteriores, quienes se convierten en padres hoy participan de una manera mucho más activa en los cuidados de los niños. Y esto no solo tiene efectos en la propia vivencia y afrontamiento de la paternidad, sino que también conlleva de manera inevitable cambios en la sociedad en general, y en la descendencia en particular.

Fruto de este interés, un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins (Estados Unidos) ha elaborado recientemente un estudio con el objetivo de evaluar la posible asociación entre el riesgo de obesidad en los niños y los cambios en la participación de los padres en la crianza. Y es que, hasta la fecha, la mayor parte de la investigación sobre la influencia de los padres en los hijos en este sentido o bien se había centrado en las madres o bien, si incluía a los padres, se centraba en la relación entre sus prácticas parentales (por ejemplo, la disciplina), la propia alimentación, y la actividad física, pero no analizaba si los cuidados del padre hacia los hijos eran importantes en relación a la obesidad infantil.

Los niños cuyos padres participaban de manera activa en una gama más amplia de tareas de crianza tenían menos propensión a padecer obesidad entre los dos y los cuatro años de edad

Se trata de un estudio observacional en el que se han analizado los datos de casi 11.000 niños procedentes de la 'Cohorte de nacimientos del estudio longitudinal de la Primera Infancia' (ECLS-B, sus siglas en inglés), diseñado para obtener información detallada sobre las experiencias tempranas de los niños. Se controlaron modificadores de efecto potencial como la situación laboral del padre y de la madre, su nivel de estudios, y el estatus de pobreza familiar, para evitar errores.

Los resultados, publicados en la revista Obesity, mostraron que los niños cuyos padres participaban de manera activa en una gama más amplia de tareas físicas, tales como bañarles, vestirles, o acostarles, eran menos propensos a padecer obesidad entre los dos y los cuatro años de edad. Además, cuánto mayor era la frecuencia con la que el padre sacaba al niño a pasear o a jugar, más disminuían las probabilidades –hasta un 30%– de que el pequeño padeciera obesidad. Los expertos creen que esto es debido a que los padres dedican más atención al tiempo de juego, lo que puede tener un papel compensatorio en comparación a las madres, que suelen asumir la mayoría de los cuidados y no tienen suficiente tiempo o energía para hacerlo.

No obstante, los autores del trabajo advierten de que no incluyeron información acerca de la participación de las madres con el mismo detalle que en el caso de los padres, por lo que no lograron determinar si cuando los padres están más involucrados, el tiempo total que ambos progenitores dedican al cuidado de los niños aumenta, o si hay algo "especial" en el hecho de que los padres estén involucrados en criar a los niños que difiere respecto a la forma en la que una madre cría. Recomiendan por ello que los estudios futuros examinen otros factores ambientales del hogar, como la relación entre ambos padres al cuidar al niño, y cómo estas dinámicas pueden influir en la salud del menor.

La obesidad en la infancia

La obesidad infantil se ha convertido en la pandemia del siglo XXI en los países desarrollados. Tal es la preocupación de los expertos en alimentación y salud infantil, que todos coinciden en la necesidad de que la obesidad se tenga en cuenta por parte de las instituciones como un grave problema de salud pública, ante el cual se centren esfuerzos públicos y privados en la educación de la población, así como el mayor control a la industria alimentaria.

En este sentido, también es importante que los investigadores que se centran en estudios que abordan la obesidad infantil incluyan a los padres en sus estudios, y que los médicos soliciten la participación de ambos progenitores durante los chequeos de sus hijos, y no sólo a las madres. Ambas son oportunidades clave para animar a los hombres a involucrarse más en el cuidado, y para educarles sobre cómo apoyar un estilo de vida saludable para sus hijos, para que puedan ser una influencia positiva en todos los aspectos relacionados con la crianza del niño.

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