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Bebés y niños
Peleas entre hermanos
Las peleas entre hermanos son habituales en todas las familias y un motivo de estrés para los padres. ¿Quieres saber por qué surgen y cómo solucionar este problema? Te contamos cómo mediar con equilibrio.
Escrito por Álvaro Saiz, Psicopedagogo y maestro de educación infantil

¿Por qué se pelean los hermanos?

Todos los padres han tenido que lidiar en algún momento con un conflicto entre sus hijos. Los niños no entienden las normas sociales, y las peleas entre hermanos surgen prácticamente desde el nacimiento del segundo hijo, que es quien se lleva las principales atenciones de los adultos, dejando al mayor una autonomía que éste entiende como abandono de sus padres para centrarse en el rival que le ha arrebatado el amor paternal.

Esta confrontación va en aumento al compartir ambos muchas cosas: especialmente el espacio, el tiempo y la familia. Cada uno de los hermanos quiere hacerse notar y sentirse el protagonista en todo momento, y no dudará en crear cuantos conflictos sean necesarios si entiende que es la única manera de conseguirlo.

Lo normal es que las peleas disminuyan cuando crecen y consiguen establecer un vínculo muy fuerte. Entenderán las normas que rigen la vida social y familiar, y aprenderán que no necesitan pelearse para resolver sus problemas. Para ello es fundamental la socialización, que atempera el carácter de los niños al relacionarse con otros con características similares y que están atravesando situaciones parecidas.

Los hermanos tienen que aprender que la negociación y el diálogo conllevarán un “hoy cedes tú y mañana yo”, y que esto es inmensamente más eficaz que la pelea que acaba ocasionando un “hoy nos castigan a los dos y mañana también”.

¿Por qué se pelean los hermanos?

¿Por qué se pelean los hermanos? ¿Qué hay detrás de estas confrontaciones? ¿Son simples problemas puntuales por cosas de poca importancia? Llamar la atención de sus padres, celos, envidia, marcar el territorio… son las principales razones por las cuales los pequeños se pelean habitualmente. Esto no significa que no haya un gran afecto entre ellos, simplemente no tienen aún establecido el vínculo indisoluble que propicia ser hermanos.

La convivencia siempre es complicada, y más entre los pequeños de la casa que no entienden todas las normas sociales ni los convencionalismos que rigen nuestro comportamiento en las relaciones con los demás. Ellos sienten que son el centro del mundo y que, por tanto, son poseedores de la verdad absoluta y de la razón. Este es el origen de los problemas entre los hermanos: ambos consideran que son siempre víctimas de la maldad del otro.

Entonces, ¿por qué no discuten tanto con los demás niños? La razón principal es el tiempo que pasan juntos. Dos hermanos conviven muchas horas; además, en la escuela las reglas están muy establecidas y no hay tantos momentos en los que sea posible que aparezca el conflicto, mientras que en casa hay numerosas excusas para discutir como, por ejemplo, una partida a la videoconsola en la que el que gana se ríe del que pierde, y este a su vez insulta al que gana.

El hecho de tener que compartir un espacio como el dormitorio, o algunos objetos como la videoconsola u otros juguetes, provoca un enfrentamiento constante. Cuanto más pequeños son los hermanos, más sucederá. Ambos querrán la posesión de esos bienes en el mismo instante; es una simple cuestión de celos y de sentido de la propiedad. Buscan marcar su territorio y para ello la mejor forma que encuentran es eliminar las posesiones de sus hermanos: todo lo que tenemos en común será mío.

Lo más importante que comparten y por lo que luchan es el amor y la atención de sus padres. Para conseguirlo muchas veces utilizan el enfrentamiento para llamar la atención y conseguir que sus progenitores estén pendientes de ellos. Por eso, el niño que no se siente lo suficientemente atendido (lo que no significa que está mal cuidado) busca mostrar intencionadamente un mal comportamiento, por ejemplo peleándose con sus hermanos, para que, aunque le castiguen, demostrarse a sí mismo que sus padres siguen pendientes de él.

La enemistad del hermano mayor hacia el pequeño es una fuente de conflictos. Las mayores atenciones de los adultos, familia y amistades, hacia el chiquitín de la casa, son un motivo por el que el grande moleste al otro, incluso llegando a pegarle, pintarle con rotulador, o cortarle algunos mechones de pelo, con el objetivo de que resulte menos adorable para los mayores. Los celos que sufre hace que quiera que sus padres se fijen en él aunque sea por conductas negativas.

Uno de los factores que influye también decisivamente en el comportamiento de los niños son los modelos que ven en casa y en la calle, sobre todo los televisivos y los de los videojuegos. Vivimos en una sociedad en la que la confrontación, la disputa y la pelea son fenómenos frecuentes y notorios; de hecho, según cifras de la Asociación de Psicología de Estados Unidos, un niño antes de los 12 años habrá visto unos 100.000 actos violentos en la televisión. Esto provocará que el niño desde pequeño encuentre en la violencia una manera habitual de resolver los conflictos que le surjan.

¿Por qué los seres humanos tendemos a imitar desde la infancia esto que vemos día a día? El psicólogo Albert Bandura habló de la importancia del aprendizaje por observación, explicitando cómo nos dejamos influir por los modelos que consiguen unas recompensas que entendemos apetecibles y cómo imitamos su conducta en busca de esos mismos premios. 

Actualizado: 1 de Agosto de 2017

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Escrito por:

Álvaro Saiz

Psicopedagogo y maestro de educación infantil
Álvaro Saiz

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se ha multiplicado en 40 años el número de niños y adolescentes obesos en el mundo
'Fuente: 'Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS)''