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Tomar omega 3 en el embarazo reduce el riesgo de diabetes de los hijos

El consumo de ácidos grasos omega 3 durante el embarazo y la lactancia aumenta en el bebé los niveles séricos de DHA y DPA, asociados a un menor riesgo futuro de que los niños desarrollen diabetes tipo 1.
Mujer embarazada tomando salmón

El omega 3 procedente del pescado puede ser protector en los bebés durante el embarazo y lactancia.

12 de Mayo de 2017

Las mujeres que incrementan la ingesta de ácidos grasos omega 3 durante el embarazo y la lactancia ayudan a reducir el riesgo de que su hijo desarrolle diabetes tipo 1 en el futuro. Este ha sido el principal resultado de la investigación llevada a cabo por miembros del Instituto Nacional de Salud y Bienestar de Finlandia.

Los ácidos grasos omega 3 reducen el riesgo de desarrollar diabetes porque evitan que los anticuerpos actúen contra sí mismos, una de las principales causas de la enfermedad

Esto ocurre porque los bebés cuyo alimento es la leche materna de una mujer que ingiere omega 3 procedente del pescado, tienen un nivel sérico de ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido docosapentaenoico (DPA) más alto, lo que se ha asociado a un riesgo menor de diabetes tipo 1. Ya es sabido que la alimentación durante la gestación y la lactancia es crucial para la salud del bebé, y este estudio lo corrobora una vez más, aunque los propios autores reconocen que hacen falta muchos estudios aún al respecto.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron a casi 8.000 niños con un alto riesgo genético de padecer diabetes tipo 1, entre 1997 y 2004. De manera periódica se les hizo un análisis de sangre hasta que cumplieron 15 años, para poder detectar la presencia de los anticuerpos que actúan en contra del propio organismo, atacando los islotes pancreáticos, encargados de producir la insulina, y que dan lugar a la diabetes.

Los ácidos grasos omega 3 DHA y DPA previenen la diabetes

Los resultados revelaron que los altos niveles de ambos ácidos grasos omega 3 (DHA y DPA) en sangre reducían el riesgo de que los anticuerpos actuasen en su propia contra y, por tanto, se asoció a un peligro menor de sufrir diabetes en el futuro. Sin embargo, también se observó que no todos los omega 3 provocaron un efecto positivo, como ocurrió en el caso del ácido alfa-linoleico (ALA) que, en cantidades elevadas, tuvieron el efecto contrario al deseado, e incrementaron el riesgo de padecer la enfermedad.

Se ha demostrado que la cantidad de ácidos grasos presentes en los bebés reflejan el tipo de leche con la que se alimentaron. Por lo tanto, tendrán niveles altos aquellos que fueron amamantados, y niveles más bajos los que recibieron lactancia artificial, y estos últimos presentarán más riesgo de desarrollar diabetes tipo 1 en el futuro. Se llegó a la conclusión de que la cantidad de leche consumida también está relacionada con una menor probabilidad de sufrir la enfermedad, es decir, cuanto más tiempo se alargue la lactancia, menos riesgo.

El trabajo, que ha sido publicado en la revista Diabetología, muestra que la lactancia materna tiene un efecto protector, especialmente en la fase en la que está madurando la autoinmunidad. Cuando el sistema inmune se está desarrollando es crucial que sean elevados los niveles de ácidos grasos poliinsaturados omega 3 que el niño recibe de su madre, además del ácido fólico, que ayuda a la completa formación de su atención.

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