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Mente y emociones
Tricotilomanía
Cuando de tocarse el pelo y jugar con él, se pasa a darse pequeños tirones hasta arrancarlo, y esta conducta se convierte en un hábito que no podemos dejar de hacer, podría tratarse de un caso de tricotilomanía.
Escrito por Dr. Juan Moisés de la Serna, Doctor en Psicología

Diagnóstico de la tricotilomanía

Una de las mayores dificultades para poder establecer el diagnóstico de la tricotilomanía es que el paciente no considera que arrancar de vez en cuando un cabello sea un problema, a pesar de las consecuencias que ello pueda tener sobre su imagen, por lo que no suele acudir a consulta a solicitar ayuda, y si acude forzado por algún familiar o amigo, la falta de sinceridad con el especialista entorpece el correcto diagnóstico y, con ello, el tratamiento adecuado.

Otra de las dificultades de la tricotilomanía es que se suele presentar asociada a otras patologías, en caso de trastornos del estado de ánimo, como depresión, trastorno límite de la personalidad, trastorno obsesivo compulsivo e, incluso, esquizofrenia. Esto hace que la tricotilomanía sea "la menor de las preocupaciones" respecto a la salud del afectado, y resulte necesario tratar primero la enfermedad principal y que más síntomas muestra, antes de preocuparse por el cuero cabelludo del paciente.

Así, aunque su detección puede ser relativamente sencilla, sobre todo cuando se empiezan a ver zonas del cuerpo en donde ha desaparecido el vello, el diagnóstico y el consiguiente tratamiento están a expensas de los trastornos psicológicos más graves, que sustentan y mantienen esta manía, que se tiende a considerar como un síntoma más de la enfermedad principal, por lo que con frecuencia no recibe un tratamiento específico que permita superarla.

Hay que aclarar, que no toda pérdida de cabello o, en algunos casos, calvicie prematura, va a ser considerada como tricotilomanía, ya que puede aparecer por muy diversas causas que han de ser exploradas para su correcto diagnóstico, tal y como sucede en el caso de la alopecia, que puede deberse a tratamientos farmacológicos, lupus eritematoso, o tiña capitis, entre otras situaciones.

Es necesario también descartar otras patologías asociadas al cabello o a la piel, además de comprobar si la desaparición del pelo se da de forma aislada, o como consecuencia de otra patología; de ser así, hay que establecer prioridades en el diagnóstico y en el consiguiente tratamiento, de forma que se atienda primero al trastorno más grave y que produce mayor interferencia con la vida personal, familiar y laboral del paciente. 

Actualizado: 30 de Octubre de 2015

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