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Chemsex, los riesgos de mezclar sexo y drogas

El chemsex, combinar el consumo de drogas y la práctica del sexo con varias personas, aumenta el riesgo de contraer una infección de transmisión sexual, y puede causar adicciones y otros problemas de salud.
Dos hombres se disponen a mantener relaciones sexuales

Las sesiones de chemsex se dan a conocer a través de las redes sociales y algunas App de contactos.

El término chemsex procede de chemical sex, o sexo químico, y consiste en una reunión que suele durar todo un fin de semana, en la que se mantienen relaciones sexuales con diferentes personas bajo los efectos de sustancias estimulantes como la mefedrona, una droga muy adictiva. El objetivo del encuentro es disfrutar del sexo sin parar –ni siquiera para comer o descansar– durante tanto tiempo como se pueda.

El consumo de drogas –además de mefedrona, las más frecuentes son la metanfetamina de cristal, éxtasis líquido (GHB, gamma-hidroxibutirato) y GBL (butirolactona), o cocaína– potencia la sensación de euforia y favorece una excitación prolongada, que permite aguantar el ritmo y reduce la percepción de peligro, por lo que los participantes se encuentran desinhibidos y con más confianza en sí mismos, y olvidan adoptar precauciones como el uso del preservativo.

En las sesiones de ‘chemsex’ el consumo de drogas potencia la sensación de euforia, favorece una excitación prolongada, y reduce la percepción de peligro

Esta práctica sexual de momento solo se ha extendido entre el colectivo homosexual, aunque podría ponerse de moda entre los heterosexuales. Se realiza en el ámbito privado –en pisos o apartamentos de particulares, que dan publicidad al encuentro a través de las redes sociales o App de contactos como Grindr– por lo que no es fácil determinar su alcance, y en España todavía no se tienen datos sobre su incidencia real. Con respecto al perfil característico de los participantes en este tipo de fiestas, generalmente son hombres de entre 20 y 45 años a los que les gusta salir de noche y vivir emociones intensas.

Chemsex, un problema de salud pública

Los expertos alertan de que el chemsex aumenta el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual –incluido el sida–, especialmente entre los jóvenes, que cada vez temen menos a la infección por VIH porque ya no la consideran una enfermedad mortal, y que tampoco tienen en cuenta la posibilidad de contraer otras enfermedades infecciosas y potencialmente graves como la hepatitis C, por lo que las autoridades sanitarias de algunos países europeos y Estados Unidos están analizando este fenómeno social, que podría convertirse en un problema de salud pública.

Además, contraer una ETS no es el único peligro para la salud que entraña esta práctica sexual. Las drogas que se consumen durante los encuentros íntimos tienen efectos secundarios y pueden causar adicción; de hecho, la mefedrona, una droga de diseño que se identificó por primera vez en 2008 y se puede administrar por vía oral, esnifar o inyectar –con los riesgos que conlleva compartir jeringuillas–, es muy adictiva.

Los efectos secundarios de esta sustancia pueden ser leves o llegar a ser graves, y el consumidor puede presentar desde supresión del apetito, visión distorsionada o una alteración en la regulación de la temperatura corporal, hasta insomnio, sinusitis, aumento del ritmo cardiaco y la presión arterial, o psicosis, entre otros. La mefedrona ha sido prohibida en varios países de la Unión Europea, entre ellos España. Sin embargo, se puede adquirir por Internet a precios asequibles.

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'Fuente: 'Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV)''

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