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Mente y emociones
Cómo afrontar una mudanza sin estrés
Una mudanza es un cambio drástico a nivel emocional para una persona que deja atrás mucho más que un hogar: deja recuerdos, felicidad y una parte de sí misma. Te damos las claves para afrontarlo sin estrés.
Escrito por Maite Nicuesa Guelbenzu, Doctora en Filosofía y experta en coaching

¿Por qué una mudanza genera estrés?

El filósofo Rafael Alvira explica que “la casa es el lugar al que se vuelve”. Es decir, el hogar representa ese espacio de intimidad en el que una persona se siente bien de verdad. Por ello, un cambio de casa afecta de lleno a la rutina de toda la familia, puesto que un hogar está vinculado con los recuerdos, las vivencias compartidas, los secretos, el descanso, las relaciones familiares y el amor. Es decir, una persona vivifica un hogar y lo llena de su propia esencia. Por ello, una mudanza requiere de un proceso de adaptación al cambio que puede producir estrés y ansiedad.

De entrada, la idea de hacer una mudanza produce una sensación de caos en la mente de la persona, que se siente desbordada ante todas las cosas que hay que preparar y organizar para hacer el traslado a tiempo. El estrés se produce al tener que dedicar mucho tiempo a este aspecto en medio de una rutina llena de ocupaciones de trabajo y recados. Por ello, la persona siente que no tiene tanto tiempo como desearía para organizar la mudanza con calma.

Del mismo modo, ante una mudanza se producen una serie de expectativas referentes tanto a lo que queda atrás, como a aquello que está por venir. La persona siente vértigo ante la idea de que la vida en su nuevo hogar no cumpla con sus expectativas. Por ejemplo, puede surgir cierta inquietud por saber si los vecinos serán amables o no. Por ello, la nostalgia de lo que se abandona se mezcla con la esperanza de que la vida en el nuevo hogar sea de su agrado, y se produce una confusión de sentimientos.

Una mudanza representa de forma metafórica la ley de la propia vida marcada por el cambio. El estrés surge al dejar atrás la fuerza de la costumbre, ya que cada persona tiene sus propias rutinas y comodidades en su casa, un entorno que representa, desde el punto de vista del coaching, su zona de confort. Es decir, el lugar en el que se siente segura al cien por cien. Un cambio de casa saca a la persona de su zona de confort desde el punto de vista físico y emocional.

Al hacer una mudanza, la familia tiene que adaptarse no sólo a una nueva casa sino también, integrarse en un nuevo barrio, descubrir dónde están las zonas comerciales y de ocio, conocer dónde está la biblioteca más cercana o cuál es el mejor itinerario para ir al trabajo… Es decir, un cambio de casa trae consigo otros muchos cambios que pueden generar estrés. 

Actualizado: 7 de Diciembre de 2016

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