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Bebés y niños
Slow parenting
Conoce el 'slow parenting', una filosofía de vida que apuesta por una infancia sin prisas para que los niños se desarrollen de forma plena y adecuada y sean más felices, incluso al llegar a adultos. Merece la pena intentarlo.
Escrito por Amparo Luque, Periodista experta en embarazo e infancia

Qué es el slow parenting o la crianza lenta

Un hombre cruza un arroyo con su hijo a hombros

La filosofía 'slow' es una actitud frente a la vida bastante consolidada en los países nórdicos y anglosajones, que está cogiendo mucha fuerza en América Latina.

Como los guisos más deliciosos, los niños también se deben ir haciendo a fuego lento: sin prisas en el día a día, adquiriendo aprendizajes a su ritmo, sin saltarse etapas, y disfrutando de tiempo libre no planificado ni estructurado, incluso con momentos de aburrimiento. Éstos son algunos de los pilares del slow parenting, un tipo de crianza que intenta luchar contra la rapidez de esta sociedad tan competitiva, que nos presiona y nos aboca a una carrera constante hacia la perfección.  

Si sois unos padres helicóptero, es decir, esos hiperpadres que quieren que sus hijos hagan de todo y siempre están planeando por encima de ellos, quizás sea hora de cambiar vuestra filosofía y empezar a practicar poco a poco una paternidad diferente. Tan solo debéis intentar adoptar una actitud más pausada frente a la vida, no ejercer tanta sobreprotección sobre vuestros pequeños, atender a sus necesidades y deseos reales, y procurar pasar con ellos un tiempo de calidad. 

Emplearos a fondo en cultivar el arte de la paciencia y ¡saboread la vida!

La filosofía slow aplicada a la crianza de los niños

Ir por la vida a paso lento no significa ser pasivos, ineficientes o perezosos, sino hacer las cosas en el momento apropiado y de la mejor manera posible o, como lo define Ana Etchenique, miembro de la asociación Slow People (www.slowpeople.org): “dar prioridad a la calidad, saborear lo bueno”. Partiendo de ahí, la filosofía slow engloba muchos ámbitos: desde el pedagógico o el social, al cultural e incluso el gastronómico. De hecho, el slow food (defensa de los productos naturales y las recetas locales, deleite con la comida y comercio justo) nació en Italia allá por los años 80 y es la semilla del movimiento.

Hoy por hoy la filosofía slow es ya una actitud frente a la vida que se extiende a nivel mundial: está bastante consolidada en los países nórdicos y en los países anglosajones, y está cogiendo mucha fuerza en América Latina. En España también ha calado hondo, e incluso hay una red de ciudades slow (www.cittaslow.es).

Concretamente en lo relativo a la crianza de nuestros hijos, lo primero que debemos tener claro es que los padres (y secundariamente los demás cuidadores y educadores) somos su ejemplo, y que la educación funciona principalmente por imitación; por lo que esta vida slow debe empezar en nosotros mismos. “El mensaje verbal no vale. Hay que ser coherentes porque de qué sirve decirles que estén tranquilos y calmados, si nosotros vivimos deprisa”, destaca Ana Etchenique; aunque aclara que “a veces estamos muy atrapados y es complicado frenar, pero lo importante es tener conciencia de ello e intentar vivir más despacio cada vez que podamos”.

Precisamente esto es lo que le sucedió al periodista y escritor canadiense Carl Honoré, que es el gurú anti-prisas y embajador del movimiento slow por todo el mundo. De repente se dio cuenta de que tenía que tomarse la vida de otra manera al percatarse de que quería leerle a su hijo los cuentos deprisa, para que se durmiera. A partir de ahí cambiaron sus prioridades y empezó a vertebrar toda esta forma de vida, en la que se procura que la falta de tiempo no nos haga perder la paciencia y hacer las cosas mal.    

Actualizado: 12 de Junio de 2017

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Escrito por:

Amparo Luque

Periodista experta en embarazo e infancia
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'Fuente: 'Revista Public Health''