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El abuso materno de azúcares aumenta el riesgo metabólico de los hijos

El abuso de fructosa o sacarosa durante el embarazo o la lactancia puede aumentar el riesgo de que los hijos acumulen grasas en el hígado, y favorecer el desarrollo futuro de obesidad, diabetes o hígado graso.
Embarazada duda si tomar azúcares añadidos

También podrían influir los hábitos de la familia, especialmente los alimenticios.

17 de Mayo de 2017

Hasta el momento ningún estudio ha demostrado que la dieta materna durante el embarazo y la lactancia tenga efectos en la salud de los hijos a largo plazo. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad de Australia Meridional ha planteado una serie de dudas con respecto a los efectos que podría tener la exposición perinatal a una abusiva ingesta materna de azúcares añadidos, incluyendo fructosa y sacarosa, ya que creen que podría estar relacionado con un mayor riesgo de obesidad y diabetes tipo 2 e incluso hígado graso en la vida adulta de los hijos.

Para llegar a esa conclusión, la investigación, publicada en la revista Journal of Physiology, se ha centrado en el estudio de roedores hembra a las que se administró agua complementada con fructosa o sacarosa, en cantidad equivalente a la que contienen los refrescos estándar. La bebida fue puesta a disposición de las hembras antes, durante, y después del embarazo, aunque durante el periodo de lactancia los científicos dividieron a las hembras en dos grupos: unas siguieron tomando el agua azucarada, mientras que otras pasaron a tomar agua normal.

La cantidad y composición de grasa perjudicial en el hígado, podría contribuir al desarrollo de obesidad o diabetes tipo 2 en el futuro

Obesidad de madres a hijos

Tras analizar a las crías a las tres y a las doce semanas tras el nacimiento, los investigadores constataron que presentaban una cantidad y composición de grasa perjudicial en sus hígados, lo que contribuye al desarrollo de obesidad o diabetes tipo 2 en el futuro. El dato era especialmente relevante en el caso de aquellas crías cuyas madres siguieron bebiendo agua azucarada durante el periodo de lactancia. Sin embargo, los autores señalan que no se sabe en qué medida el tipo de azúcar y el momento de la exposición afectan a estos resultados.

Muchos cereales, refrescos azucarados y otros alimentos procesados ​​tienen azúcares que contienen fructosa, incluyendo sacarosa y jarabe de maíz alto en fructosa.

Pese a que los investigadores ponen de relieve los efectos de la dieta de la madre durante el período de embarazo y lactancia en la salud metabólica de la descendencia, reconocen que existen diferencias fisiológicas entre los ratones y los seres humanos que impiden trasladar directamente los resultados del estudio a nuestra especie.

En los últimos treinta años se ha producido un aumento preocupante a nivel mundial de la obesidad y de las enfermedades asociadas con esta patología. Son muchos los autores que relacionan el sobrepeso de los hijos con la obesidad de los progenitores, pero lo que no está claro es si es una cuestión genética, o de exposición perinatal durante el embarazo y la lactancia, o si el exceso de peso estaría más relacionado con los hábitos insanos de la familia.

En este sentido, este tipo de investigaciones, pese a haberse llevado a cabo en roedores, vuelve a poner de manifiesto la importancia de mejorar nuestra alimentación, si ya no por nosotros, por la salud de nuestros hijos.

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