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Patologías de la tiroides en el embarazo
La glándula tiroides desempeña un papel clave en la gestación y su mal funcionamiento –por exceso o defecto– puede afectar al desarrollo del bebé. Conoce cómo se tratan las patologías tiroideas durante embarazo y lactancia.
Escrito por Caridad Ruiz, Periodista especializada en salud y nutrición

Alteraciones de la glándula tiroides durante el embarazo

Actualizado: 4 de abril de 2019

La tiroides es una glándula endocrina que se encuentra en el cuello, por encima del final de la clavícula, con forma de mariposa, cuya función es la fabricación de las hormonas tiroideas triyodotironina (T3) y tiroxina (T4), encargadas de regular el metabolismo, la temperatura corporal y la frecuencia cardíaca, y que influyen en la memoria y en el peso corporal, al controlar la velocidad con la que los alimentos se convierten en energía. En el embarazo la tiroides también tiene un papel fundamental, ya que una alteración en esta glándula puede dificultar que la mujer se quede embarazada, o afectar a la salud del bebé y al desarrollo de su sistema neurológico.

Una excesiva producción de hormonas tiroideas provoca hipertiroidismo, por el contrario, un funcionamiento deficitario de esta glándula causa hipotiroidismo, trastornos que se consideran subclínicos cuando no hay síntomas pero la analítica está alterada, o clínicos si el enfermo presenta síntomas.

“Las enfermedades tiroideas pueden aparecer en cualquier momento de la vida. El embarazo no desencadena estas dos patologías, pero no las evita”, afirma la doctora Elena Navarro, coordinadora del Área de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). “En el caso del hipertiroidismo suele mejorar en el embarazo, sobre todo en el último trimestre, pero empeora en el posparto”, agrega.

Cómo detectar problemas de la tiroides en el embarazo

Precisamente, como explica la doctora Navarro, con el fin de evitar que ese mal funcionamiento de la glándula tiroidea afecte al embarazo se realiza una analítica diagnóstica de rutina, que coincide con los análisis que se realizan en el primer trimestre, antes de la 10ª semana de embarazo. El fin es diagnosticar el hipertiroidismo o hipotiroidismo subclínico, es decir, “cuando no hay una sintomatología, pero los valores están alterados”. “Si los valores son normales y la mujer no tiene una patología previa, no hace falta repetirlos”, señala la doctora.

Los resultados de estos análisis deben ser interpretadas con cuidado, ya que la hormona gonadotropina coriónica humana (HCG), que es precisamente la que miden los test de embarazo y que produce la placenta, puede alterar la analítica. Esta hormona tiene un efecto parecido a la hormona estimuladora de la tiroides (TSH), y por eso en los resultados de la analítica, “puede parecer que hay un hipertiroidismo, y no haberlo”, señala la doctora Navarro.

Cómo afecta el embarazo a la glándula tiroidea

El embarazo afecta bastante a la función tiroidea. “Aumenta la producción de hormonas y por eso se agranda el tamaño de la glándula tiroidea, aunque sin llegar a ser un bocio”, explica la doctora Navarro.

Ese incremento en la producción se debe a que el organismo materno al comienzo del embarazo tiene que producir hormonas tiroideas para la mujer y para el bebé que está creciendo dentro de su útero. “Hasta la 12ª semana de gestación no se forma la tiroides en el feto y depende de las hormonas tiroideas de la madre”, afirma la doctora Navarro. Esas hormonas le llegan al feto a través de la placenta.

Si la embarazada no le proporciona al feto las hormonas tiroideas que precisa existe riesgo de daño neurológico, retraso madurativo y de aprendizaje y disminución del cociente intelectual

Es un momento crucial del desarrollo fetal: durante esas primeras doce semanas de gestación se produce la organogénesis, y entre los órganos que se está formando están el cerebro y el sistema neurológico, cuyo desarrollo puede verse entonces comprometidos Si la madre no es capaz de proporcionarle al futuro bebé las hormonas tiroideas que precisa existe riesgo de daño neurológico, retraso madurativo y de aprendizaje y disminución del cociente intelectual.

Esa transferencia materno-fetal de hormonas tiroideas se mantiene a lo largo de toda la gestación. La madre transfiere al feto una parte de sus hormonas, no mucha, pero la suficiente para conseguir un desarrollo normal si el feto experimentara problemas con su tiroides.

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