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Bebés y niños
Miedos y fobias infantiles
El miedo forma parte del desarrollo infantil, pero si es demasiado intenso y frecuente puede volverse patológico. Explicamos las causas de los miedos en los niños, y cómo tratarlos para evitar que se conviertan en fobias.
Escrito por Celia Rodríguez Ruiz, Psicóloga clínica sanitaria, especialista en pedagogía y psicología infantojuvenil

Miedos infantiles, qué son y cómo diferenciarlos de la fobia

La mayoría de los niños tienen miedos en alguna etapa de su crecimiento. Se conocen como miedos evolutivos, y se trata de algo normal y sano que forma parte de su desarrollo evolutivo. Sin embargo, a veces estos temores pueden llegar a ser demasiado intensos y frecuentes y constituir un obstáculo para el bienestar y desarrollo del pequeño. Si no se superan pueden convertirse en un temor irracional y de gran intensidad, que controla y domina al individuo, incluso aunque no esté presente el objeto o situación temidos.

La fobia, el miedo evolutivo y la ansiedad tienen similitudes y diferencias que debemos conocer para poder interpretar los síntomas del niño y descubrir qué es lo que está experimentando en cada momento, prestando atención para detectar cuanto antes si alguno de sus miedos se ha convertido en una fobia, un problema que es necesario evaluar y tratar con un especialista. Y es que, cuando el miedo infantil se convierte en fobia, deja de cumplir su función y se transforma en algo disfuncional; el niño es incapaz de controlar su miedo, valora como peligrosas situaciones que realmente no lo son, y las anticipa sin ninguna causa que le lleve a deducir que van a ocurrir.

Similitudes entre miedo, fobias y ansiedad

Los términos miedo, ansiedad y fobia se usan con mucha frecuencia como sinónimos para describir determinadas conductas o respuestas del niño. Esta confusión de términos es lógica, ya que tienen algunas cosas en común, y comparten una característica básica, y es que todas estas emociones se desencadenan a consecuencia de un mismo tipo de estímulo que el pequeño interpreta como una amenaza para el organismo (ruidos, la oscuridad, separación de los padres, animales, personajes imaginarios…).

Además, en cualquiera de estas situaciones el cuerpo y la mente generan los mismos cuatro tipos de respuestas:

  • Respuestas fisiológicas: el organismo reacciona ante el estímulo amenazante, preparándose para actuar o huir del peligro mediante el aumento de la tensión muscular, sudoración, incremento de la actividad cardíaca y respiratoria…
  • Respuestas conductuales: la conducta que el niño pone en marcha como reacción a la amenaza. Las más comunes serían la evitación del estímulo amenazante, y el escape o alteración del comportamiento (apartándose ante un perro grande o acudiendo a la protección de los padres).
  • Respuestas cognitivas: la interpretación que se hace del estímulo y los pensamientos ante la situación de miedo, fobia, o ansiedad. Van desde la evaluación de la amenaza a la preocupación por las respuestas fisiológicas, la búsqueda de solución y de respuestas conductuales y el análisis de las consecuencias o posibles daños.
  • Respuestas emocionales: son el conjunto de emociones asociadas al estímulo que genera el miedo, fobia o ansiedad.

Cómo diferenciar un miedo evolutivo del niño de una fobia

Podríamos decir que el miedo y la fobia son respuestas muy parecidas, predominantemente conductuales, que se desencadenan por estímulos externos, pero con diferente intensidad y frecuencia. La ansiedad, en cambio, es provocada por estímulos internos, y en ella predominan las respuestas cognitivas.

El miedo es una emoción básica que cumple una función muy importante para la adaptación y la supervivencia, y que aparece cuando se interpreta algún estímulo o señal como una amenaza y el organismo se prepara para reaccionar y responder a esa amenaza, salvaguardando la integridad, por lo que nos ayuda a ponernos a salvo de cualquier peligro.

La fobia es un trastorno psicológico que se produce cuando el miedo es demasiado intenso y desproporcionado, que puede controlar al individuo, y que le impide dominar determinadas situaciones y, por lo tanto, requiere tratamiento. La fobia genera respuestas desadaptativas y no puede ser manejada de forma racional.

Por ello, es importante reconocer aspectos que nos indiquen que el miedo del niño se ha podido convertir en una fobia, y aunque no siempre es fácil darse cuenta de esta transformación, estas son las principales señales de alarma:

  • El miedo infantil interfiere en el funcionamiento diario del niño (actividades escolares y sociales, en las relaciones interpersonales, juegos, salidas de casa, en su autonomía…) y se convierte en un obstáculo para su día a día.
  • La fobia se diferencia del miedo en su mayor intensidad y frecuencia. 

Actualizado: 20 de Septiembre de 2017

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Escrito por:

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga clínica sanitaria, especialista en pedagogía y psicología infantojuvenil
Celia Rodríguez Ruiz

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'Fuente: 'Universidad Clemson (Carolina del Sur, Estados Unidos)''