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Bebés y niños
Proceso de adaptación del niño adoptado
Los niños adoptados suelen haber pasado por situaciones difíciles que la mayoría de sus nuevos padres desconocen, y llegan con carencias físicas y afectivas importantes. Te damos algunos consejos para afrontarlas.
Escrito por Alhelí Quintanilla, Periodista especializada en infancia y embarazo

Proceso de adaptación del niño adoptado

Madre con su niña adoptada

Existen múltiples factores que influyen en el proceso de adaptación de un niño adoptado: su herencia genética, su historial médico…, pero, sobre todo, su historia afectiva previa y su edad, ya que cuanto mayor sea, más y mayores cargas emocionales arrastrará consigo el pequeño.

Proceso de adaptación del niño adoptado

Para los padres es importante conocer cuáles son las reacciones más habituales que puede tener su hijo adoptado cuando por fin llega al que será su hogar, y comienza su proceso de adaptación:

De vinculación. En circunstancias normales el vínculo afectivo entre padres e hijos se construye durante el primer año de vida, y se basa en el cariño y la confianza en el adulto; sin embargo, los niños adoptados no han conocido en la mayoría de los casos ningún tipo de seguridad –han pasado en general por varias manos o instituciones–, lo que implica que los nuevos padres se enfrentan al gran reto de establecer con ellos un vínculo sólido y permanente, que difumine hasta borrarlas las secuelas de su vivencia anterior.

Por eso es normal que, tras el proceso de adopción, al principio, teman o rechacen a sus nuevos padres y se muestren depresivos o, por el contrario, que no se separen de ellos e intenten llamar su atención todo el tiempo. En todo caso, una de las conductas más habituales de los hijos adoptados es que ponen constantemente a prueba el amor incondicional de sus padres.

De conducta. Al principio reproducen no sólo malos hábitos (de higiene, al comer o a la hora de dormir) que habrá que ir corrigiendo con paciencia, sino que también pueden mostrarse desobedientes, desafiantes y agresivos con otros niños o consigo mismos. También son muy habituales la hiperactividad y las pesadillas o los terrores nocturnos.

De aprendizaje. Como no han recibido una estimulación adecuada en sus primeras etapas, es posible que los niños recién adoptados tarden en hablar, leer o escribir, sobre todo si son mayorcitos, porque les cuesta más mantener o prestar atención.

En todo caso, y salvo excepciones, lo normal es que la convivencia entre padres e hijos llegue a buen puerto, según demostró hace dos años un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona, que examinó la adaptación de los niños adoptados a partir de una muestra de 52 menores de entre 6 y 11 años procedentes de diferentes países, y un grupo control de 44 niños no adoptados. Según sus resultados, los niños adoptados no presentaban en general diferencias de adaptación relevantes respecto a otros niños y, además, eran menos susceptibles de somatizar problemas psicológicos, gracias al esfuerzo realizado por ellos mismos y su entorno para evitar que así sucediera.

Actualizado: 19 de Septiembre de 2017

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