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Bebés y niños
Consejos para cuidar la piel de los niños
La piel tiene memoria y acumula los daños que se le infligen desde la infancia, por eso es tan importante que tomes precauciones para proteger la delicada piel de tu hijo. Aquí encontrarás consejos para su cuidado.
Escrito por Eva Salabert, Periodista experta en salud

La piel de los niños: características

Cuidado de la piel del bebé

La sensible piel del bebé requiere más cuidados que la de los adultos.

La piel es el órgano que se encarga de mantener el medioambiente interno, actúa como una barrera para evitar la pérdida de agua y la invasión de gérmenes, y protege contra los cambios de temperatura, bloqueando además los rayos ultravioleta que puedan ser perjudiciales. Cada una de estas cualidades madura de forma gradual durante los primeros meses de vida del bebé, aunque el desarrollo completo de la piel continuará a lo largo de los primeros años del niño. Algunas estructuras, como ciertas glándulas sebáceas, no alcanzan la madurez hasta la adolescencia.

Como explica la Dra. Elena Tévar, dermatóloga y miembro del equipo del Dr. Ricardo Ruiz en la Clínica Dermatológica Internacional, “la piel del niño pequeño tiene características propias, que la diferencian de la del niño mayor o el adulto". En general, las principales diferencias de la piel de un recién nacido con la de una persona adulta son que "la piel del bebé es más delgada, siendo más susceptible a infecciones, irritaciones, traumatismos y pérdida de agua". Y es que, el hecho de que el espesor de la piel infantil sea tan solo una quinta parte de la de una persona adulta, hace que determinadas sustancias se absorvan con mayor facilidad y puedan penetrar en las capas cutáneas del pequeño provocando algunos problemas. 

También, prosigue, "presenta una mayor reactividad vascular (se enrojece o palidece más fácilmente), y una menor secreción por parte de las glándulas sebáceas. El pH de la superficie cutánea del pequeño, como la del adulto, oscila entre 4.5 y 6, según las partes del cuerpo”. Esta circunstancia hace que a nuestros pequeños les afecten más los cambios de temperatura bruscos o las condiciones climatológicas extremas.  

“Hay que tener en cuenta –continúa la experta– que la resistencia y la tolerancia de la piel de los bebés y los niños no es la misma que la de un adulto, y que es por tanto más susceptible de irritación o infección cuando es sometida a algún tipo de agresión.” Incluida la de los rayos UV, a la que son más sensibles debido a que su pigmentación es aún menor. En definitiva, los mecanismos de autoprotección de la piel no están tan desarrollados a en los recién nacidos como en los adultos, de ahí la necesidad de extremar su cuidado.

Y con respecto a la higiene, explica que hay que tener cuidado "para no alterar el manto ácido protector, ya que se trata de la barrera de defensa de la piel ante posibles infecciones”.

Actualizado: 25 de Abril de 2017

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'Fuente: 'Primer Informe Nacional de Ahogamientos de Menores''