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Mascotas
Estrés felino
El estrés no afecta solo a los humanos, sino que también los animales pueden padecerlo. Te contamos por qué los gatos pueden sufrir este trastorno, las consecuencias que tiene para su salud, y cómo ayudarles a superarlo.
Escrito por María Bayón Piedrabuena, Veterinaria clínica de pequeños animales

Causas del estrés en los gatos y sus consecuencias

Las circunstancias que pueden romper el equilibrio emocional de nuestro gato y causarle estrés son variadas. La reactividad ante las mismas depende de la intensidad del estímulo y del carácter del felino. De este modo, los gatos más sensibles se verán afectados por pequeños cambios en su rutina, pero existen determinadas situaciones que estresan a la mayoría de los gatos. En una buena parte de los casos, los estímulos estresantes están presentes durante un cierto periodo de tiempo, generalmente horas o días.

Uno de los momentos más críticos para estos animales son las mudanzas, ya que suponen un cambio de territorio y un proceso de adaptación a un entorno completamente distinto. Un viaje, o la visita al veterinario, también suponen salir de su entorno seguro. La llegada de una nueva mascota o de personas extrañas a casa también puede alterar su estado, incluso las interacciones poco amistosas con los animales que ya convivan con nuestro gato. Otros estímulos que les originan estrés son los ruidos, el celo, sentirse agobiado por un exceso de contacto con su dueño o los niños, y la falta de espacio o libertad de movimientos.

Signos de estrés en los gatos

Las primeras señales de que nuestro gato puede estar sufriendo estrés son los cambios de comportamiento. Las alteraciones en su rutina llegan a provocar modificaciones en sus patrones de conducta fisiológicos, como la alimentación, la higiene, y la interacción con el ser humano u otros animales.

Uno de los trastornos más frecuentes es la eliminación inadecuada, es decir, la micción o defecación en un lugar diferente a la bandeja de arena, que en ocasiones se debe a una causa diferente al estrés, y no debe confundirse con el marcaje territorial de los machos. Es posible que nuestro compañero gatuno deje de comer o, por el contrario, que lo haga compulsivamente e incluso mordisquee objetos, como tela. Otros se acicalan repetidamente provocando una muda excesiva y la ingestión de bolas de pelo. En ocasiones, se muestran asustados, desean esconderse y evitar el contacto con otros congéneres o con nosotros, pudiendo llegar a manifestar agresividad. Debemos tener claro que no lo hacen por fastidiarnos, sino para enviarnos señales de que algo va mal.

Es posible que detectemos cambios a nivel físico, además de la alopecia o la anorexia. El estrés puede llegar a producir alteraciones del aparato digestivo del animal, como vómitos, diarrea o estreñimiento, y de las vías urinarias, como la cistitis y la formación de cristales minerales microscópicos en la orina. La inmunidad de los gatos también puede verse debilitada, aumentando las probabilidades de contraer infecciones. Debemos prestar especial atención si nuestro gato padece alguna enfermedad vírica como la inmunodeficiencia, o el herpesvirus felino, o trastornos respiratorios como el asma, ya que su situación puede empeorar a consecuencia del estrés.

Actualizado: 22 de Mayo de 2016

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