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Mascotas
Embarazo psicológico en la perra
Quizá has oído hablar del embarazo psicológico, incluso ya le ha ocurrido a tu perrita, pero ¿a qué se debe? Despejamos tus dudas sobre sus causas, sus síntomas y cuándo hay que ponerle un tratamiento.
Escrito por María Bayón Piedrabuena, Veterinaria clínica de pequeños animales

Causas del embarazo psicológico en la perra

En más de una ocasión te habrás preguntado si nuestros perros son capaces de pensar como nosotros y pueden padecer trastornos psicológicos. Aunque estos términos serían más apropiados para los humanos, ya que poseemos capacidad de raciocinio, es indudable que nuestras mascotas son sorprendentemente inteligentes y expresivas. En este caso, preferimos hablar de trastornos del comportamiento aunque, al fin y al cabo, también se deben a la respuesta del sistema nervioso a las distintas sustancias que el organismo produce o que introducimos en él, ya sean neurotransmisores, hormonas, electrolitos o fármacos.

En el caso de las perras, el origen del embarazo psicológico reside en la secreción hormonal fisiológica que aparece justo después del celo o estro. Durante aproximadamente dos meses tras el celo, los ovarios sintetizan una hormona, la progesterona. Esto ocurre siempre de forma normal, independientemente de si se produjo o no la monta con un macho y de si quedó o no gestante. Por eso, durante este periodo es habitual que las perritas presenten un ligero aumento de tamaño de las glándulas mamarias e incluso hinchazón abdominal, pero no aparecen otros signos clínicos hasta que los niveles de progesterona bajan bruscamente y provocan la síntesis de otra hormona: la prolactina, encargada de estimular la secreción láctea y desarrollar un comportamiento materno. Cuando este fenómeno ocurre en una hembra no gestante, hablamos de gestación psicológica de la perra, ya que pese a no esperar cachorritos, su aparato endocrino le envía señales para prepararse a ser mamá.

No se conoce con exactitud por qué unas hembras están más predispuestas que otras a sufrir esa repentina disminución de progesterona, pero en cualquier caso no se trata de una enfermedad como tal, sino una consecuencia de la respuesta endocrina normal. Es más, podríamos afirmar que es signo de que sus ovarios son perfectamente funcionales y ello no predispone obligatoriamente a padecer enfermedades del aparato reproductor con posterioridad.

Este problema puede afectar a perras de cualquier raza y edad. No tiene por qué observarse en todos los celos y la intensidad de los signos clínicos puede variar en cada ocasión, aunque por lo general desaparecen por sí solos con el paso de unos días. No obstante, en los casos en los que la producción excesiva de leche pueda causarlas problemas físicos (mastitis fundamentalmente) o de conducta (agresividad o apatía excesiva) conviene llevar a tu perra al veterinario para que le ponga un tratamiento específico.

Actualizado: 22 de Noviembre de 2016

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