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Mascotas
Perros dependientes
Existen perros dependientes o demasiado apegados que no se separan jamás de sus cuidadores pero, ¿en qué consiste esa dependencia y por qué se produce? Te explicamos cómo la puedes evitar, o corregir.
Escrito por Diana Oliver, Periodista especializada en mascotas, maternidad e infancia y vida sana

Causas de la dependencia emocional del perro

Perro dependiente en brazos de su dueña

La educación del cachorro es clave para evitar que se convierta en un perro dependiente.

Los perros dependientes o demasiado apegados a sus cuidadores, entendiendo aquí el apego como hiperapego, son aquellos que necesitan de la presencia de sus figuras de referencia para estar bien y ser felices. De lo contrario, sufren. Un animal con este tipo de conducta no nace, sino que se hace, y esto es consecuencia de la acumulación de uno o de varios factores: destete temprano, acumulación de estrés de la madre durante el embarazo, no haberle ofrecido herramientas de autogestión a lo largo de su crianza y educación, hiperestimulación en la fase de cachorro… ¿En qué se diferencia de la ansiedad por separación? ¿Cuándo podemos considerarlo amistad y cuándo enfermedad? ¿Podemos hacer algo para prevenirlo? Te ofrecemos todas las respuestas en este artículo.

Causas de la dependencia emocional del perro

Cuando le pedimos a Noel Espinosa, adiestrador y educador canino de 3ª generación, y director técnico de Eurekan, que defina exactamente en qué consiste la dependencia emocional nos advierte de que no es un término “que esté demostrado” y que, por tanto, su definición será siempre subjetiva. Sin embargo, se aventura a explicar lo que para él es un perro dependiente: “es aquel al que no se le ha permitido adquirir herramientas de autogestión y al que no se le ha dejado tomar decisiones. Eso provoca, entre otros, que el animal esté pendiente de su tutor cuando hay que tomar una decisión ante una situación relativamente novedosa, como podría ser la presencia de perros desconocidos, o encontrarse en nuevos entornos”.

Pero, ¿cuándo hablamos de amistad y puro amor del perro hacia su familia, y cuándo de una dependencia que le hace sufrir? “Amistad es cuando cada uno disfrutamos de la compañía del otro y eso nos ayuda a ser felices. Dependencia es cuando necesitamos de la compañía del otro y, si no estamos juntos, somos infelices”, nos explica Noel Espinosa.

Profundiza un poco más en ello Juan Carlos Castilla Elena, adiestrador, educador canino titulado, y etólogo canino en NobleCan: “En la amistad entre el perro y su cuidador, ambos son independientes. El perro no presenta angustia ni deseos de estar todo el tiempo con su dueño, quiere su espacio y da el suyo al cuidador. Por supuesto, se alegra de ver al dueño, pero le deja tranquilo después de que lo ha saludado, y nunca es agresivo ni celoso cuando otro animal u otra persona interactúa con él. Es dependencia emocional que le hace sufrir cuando el perro no respeta el espacio de su cuidador (si va a otra habitación le sigue y exige entrar en donde esté a cada momento del día). Además, el perro no quiere quedarse solo en casa, llorando, ladrando, y rompiendo cosas cuando esto ocurre; incluso en ocasiones puede orinar y defecar por la casa, y llegar a ser agresivo con otras personas o animales que se acerquen a la persona que consideran suya. Al regreso de su dueño, el perro siempre saluda de una forma exageradamente efusiva, con saltos, carreras y gimoteos y, a partir de ese momento, reanuda la rutina de buscar continuamente el contacto siguiendo a su dueño por todas partes reclamando su atención”.

Esta dependencia emocional de la que hablan Noel y Juan Carlos, además, puede tener efectos negativos para la salud del perro ya que genera mucho estrés. El adiestrador de Eurekan nos cuenta que “el desgaste metabólico que supone tener niveles altos de estrés funciona igual que en las personas: esta dependencia hace que el perro llegue antes a anciano, y su calidad de vida en edades avanzadas sea mucho peor”. Añade el etólogo canino de NobleCan que si el cuidador se separa del animal durante un período más largo, como por ejemplo un viaje, podría dejar de comer, sufrir depresión y padecer tristeza, “un compendio de factores que puede afectar a su sistema inmunitario originando una bajada de defensas”.

Aunque pensemos que hay razas emocionalmente más dependientes de sus cuidadores, para algunos expertos no es así. “No hay razas, sino individuos dependientes”, opina Noel Espinosa, que insiste en que “la principal causa de las diferentes conductas de los perros dependen del entorno, es decir, del modo de educarlos (y algún otro aspecto), más que de la genética. También tiene una gran influencia el estado de estrés de la madre en el momento de la gestación, más que la raza a la que pertenezca”. Sí existen razas más propensas a sufrir dependencia emocional para otros entendidos, como es el caso de Juan Carlos Castilla: “aquellas catalogadas como de pastoreo, de caza, perros de trineo, y perros toy, por su naturaleza aún más marcada para convivir en manada”.

Cachorros empujados al hiperapego

Este hiperapego del perro a su cuidador o cuidadores también tiene mucho que ver con una mala gestión de estrés derivada de un destete temprano del cachorro. Los expertos recomiendan que las crías de perro, al igual que las de gato, no sean destetadas antes de las seis semanas de vida. Ese período es vital, tanto a nivel de salud (la leche materna es el alimento más completo que puede recibir un animal), como a nivel emocional (apego y seguridad).

Además, según la experiencia de Noel Espinosa, también influye mucho en el posterior desarrollo del cachorro cómo se le ha criado: “una de las causas más importantes de la mala gestión de estrés es que las personas no somos capaces de pensar en las necesidades del cachorro que, como en el caso de los bebés, pasan básicamente por descansar y explorar un entorno seguro. Cuando tenemos un cachorro de pocas semanas interactuamos demasiado con él provocando una saturación de estímulos y una falta de descanso que mantiene los niveles de estrés demasiado elevados, lo que produce un detrimento en su desarrollo fisiológico”, afirma Noel.

Por tanto, un destete temprano y una mala gestión de estrés hacen que sea más fácil que aparezcan problemas de conducta como dependencia emocional, ansiedad por separación, miedos, destrozos, o problemas en el aprendizaje.

Actualizado: 15 de Septiembre de 2017

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Escrito por:

Diana Oliver

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'Fuente: 'Portal inmobiliario Idealista’ '