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Mente y emociones
Miedo a la intimidad en pareja
Elevados niveles de ansiedad, bajo concepto de uno mismo, problemas emocionales, timidez, dolor… son varios los motivos que pueden entorpecer tus relaciones sexuales. Aprende a controlar ese miedo a la intimidad.
Escrito por Dra. Vanesa Fernández López, Psicóloga, especialista en emociones

¿Por qué aparece el miedo a la intimidad en pareja?

Si en algo se diferencia esencialmente una pareja de un buen amigo es en esos momentos de intimidad que hacen de la relación de pareja algo distinto a cualquier otro tipo de relaciones. Esos encuentros suponen una importante fuente de refuerzo que hace que la pareja se mantenga unida. Sin embargo, hay personas que evitan estos momentos de intimidad de una manera constante. Para ellos, las relaciones sexuales, lejos de suponer un aliciente para unirse más o seguir con su pareja, suponen un malestar intenso que hace que, en muchas ocasiones, se cuestionen seguir adelante con la relación. ¿Por qué aparece este miedo a la intimidad en pareja?

El miedo a la intimidad en la pareja se define como un temor persistente, caracterizado por elevados niveles de ansiedad, ante situaciones en la que el sujeto debe interaccionar de forma íntima con su pareja. Habitualmente este miedo suele aparecer especialmente ante situaciones de interacción sexual, pero en casos más acusado puede aparecer también en situaciones donde el afectado crea (o anticipe) que es el momento de mantener una interacción sexual, o simplemente en donde deba estar a solas con su pareja expresando su afecto.

El malestar causado por los elevados niveles de ansiedad hace que comúnmente la persona evite las situaciones de intimidad con su pareja, escape de ellas (poniendo excusas, disminuyendo el tiempo de interacción…), o bien las soporte con un alto nivel de malestar que impide la interacción íntima propiamente dicha o que esta sea satisfactoria.

Cómo se manifiesta el miedo a la intimidad en pareja

La forma en la que se experimenta este miedo queda manifestada a nivel de tres sistemas de respuesta:

  • Sistema de respuesta cognitivo: la persona centra su atención en el malestar y no en el disfrute de la interacción con su pareja. Esto hace que asuma el rol de espectador, lo que produce una constante autoobservación de su comportamiento. Dentro de este tipo de manifestaciones se incluyen también los “debería…”, acerca de qué es lo que debería estar sintiendo o haciendo; los “y si…”, sobre lo que pueda ir mal; las lecturas de pensamiento acerca de lo que su pareja pueda esta pensando (“seguro que no le gusta mi físico”, “se está dando cuenta de que estoy tensa”), etcétera. Todas estas reacciones aumentan el nivel de ansiedad de la persona que lo padece, por lo que son incompatibles con el desarrollo normal de la respuesta de interacción especialmente sexual y en algunos casos también de la afectiva.
  • Sistema de respuesta fisiológico: las funciones del sistema nervioso autónomo simpático se incrementan debido a la percepción de amenaza o ansiedad. Ejemplo de ello son el aumento de la frecuencia respiratoria, el incremento de la sudoración o la tensión muscular entre otras. La activación de estas respuestas puede provocar dolores en las relaciones sexuales o dificultar el desarrollo de algunas fases como la excitación o el orgasmo.
  • Sistema de respuesta motor: nos referimos aquí a aquello que la persona hace o deja de hacer antes, durante y después de la interacción íntima. Ejemplos de estas manifestaciones son las evitaciones de las mismas, taparse ciertas partes del cuerpo, apagar la luz, mostrarse distante ante las mismas, etcétera.

Actualizado: 1 de Agosto de 2017

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millones de europeos de entre 15 y 64 años han consumido cocaína alguna vez
'Fuente: 'Informe Europeo sobre Drogas 2017: Tendencias y novedades' del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías''