Estrés en el embarazo
El embarazo es una experiencia maravillosa que lamentablemente muchas mujeres ven enturbiada por el estrés. Aprende a prevenir los factores que lo generan para disfrutar plenamente de la espera de tu bebé.

El estrés en el embarazo

Actualizado: 27 de septiembre de 2022

El estrés es un proceso emocional que se activa cuando la persona debe hacer frente a una situación que demanda la selección y puesta en marcha de diversos recursos, necesarios para abordarla. Los cambios que puede desencadenar el proceso de estrés son ambientales (cambios en el entorno) o internos (cambios fisiológicos y variables cognitivas). Si tenemos en cuenta que un embarazo implica una revolución de cambios internos y también del ambiente, no hay duda en afirmar que la experiencia de estar embarazada es de por sí estresante.

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Sin embargo, al hablar de estrés o ansiedad en el embarazo, como en muchas cosas en la vida, de nuevo aquí el vaso está medio lleno o medio vacío dependiendo de los ojos que lo miren. La valoración que la mujer hace de su propio estado, el desarrollo que esté teniendo la gestación en sí, las expectativas que tenga sobre cómo se desarrollarán el embarazo y el parto, la valoración que haga sobre su capacidad de afrontamiento para ser madre, o el apoyo con el que cuenta durante estos nueve meses, serán factores cruciales para que la mujer viva su embarazo como una situación altamente estresante y angustiosa o, por el contrario, como una experiencia de plena placidez y bienestar.

Repercusiones del estrés en el embarazo

A pesar de que muchas mujeres temen por ello, el estrés, cuando es agudo (o puntual) o leve, no influye en el embarazo. Es importante conocer este dato, puesto que hay embarazadas que se estresan o asustan por estar nerviosas porque temen las repercusiones que pueda tener sobre el desarrollo de su hijo.

Mujer embarazada con estrés

El verdadero problema reside en unos niveles de estrés demasiado elevados y especialmente mantenidos en el tiempo, que pueden dar lugar a diferentes alteraciones fisiológicas que perjudiquen la salud de la futura mamá, o alteraciones en el comportamiento de autocuidado de la embarazada que pueden perjudicar al bebé (por ejemplo, provocando un aumento de la presión arterial, malos hábitos alimentarios, consumo de tabaco, etcétera). 

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Pero también existen numerosas investigaciones que apuntan a que el estrés durante la gestación puede tener diversos e indeseados efectos en el desarrollo del feto:

  • Más riesgo de prematuridad: Un reciente estudio de la Asociación Americana de Psicología (APA), publicado en la revista Health Psychology, ha concluido que las mujeres que experimentan ansiedad por sus embarazos dan a luz antes que las que no. La imvestigación apunta que hasta una de cada cuatro mujeres embarazadas tiene síntomas de ansiedad clínicamente elevados, y que la ansiedad puede ser un factor de riesgo de parto prematuro o nacimiento antes de las 37 semanas de embarazo. 
  • Influencia en el sexo del bebé: un trabajo de la Universidad de Columbia Vagelos y del hospital New York Presbyterian (EE.UU.) concluyó que cuando la futura mamá está estresada durante la gestación tiene menos posibilidades de dar a luz un niño (por la mayor vulnerabilidad de los embriones varones), o dicho de otro modo, más probabilidades de que sea una niña, pero también observaron un aumento del riesgo de sufrir complicaciones en el parto o de que este se adelantara.

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  • Alteraciones en la placenta: un trabajo (en ratones) de la Universidad Estatal de Ohio reveló que altos niveles de estrés en la gestante pueden provocar cambios dañinos y a largo plazo en la composición de las bacterias presentes tanto en el intestino del feto, como en la placenta, algo que puede afectar a su salud cognitiva de adulto.
  • Hijos obesos: diversos estudios apuntan que las preocupaciones, miedos y nervios de la madre embarazada puede repercutir en el peso de sus hijos. En concreto, un trabajo publicado en la revista BMC Public Health concluyó que el estrés materno durante los nueve meses de embarazo y el primer año de vida del pequeño puede desembocar en un mayor riesgo de que el hijo desarrolle sobre u obesidad en la infancia, con un mayor IMC hasta los cinco años de edad. Otra investigación, en esta ocasión realizada en ratas por expertos de la Universidad de Navarra, afirmaba que los hijos de embarazadas estresadas también tenían un mayor riesgo de desarrollar obesidad en la edad adulta.

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  • Afecta al desarrollo fetal: un aumento de las hormonas del estrés en la etapa del embarazo puede interferir en el desarrollo del feto, ya que dicho incremento lleva a la madre a comer más, lo que reduce la capacidad de la placenta para transportar glucosa al feto, lo que a su vez influye en la salud metabólica a largo plazo de los descendientes, como asevera un trabajo publicado en The Journal of Physiology. En la misma línea apuntaban científicos de la UW Medicine, que recientemente aseguraban que sufrir estrés crónico en la recta final de la gestación podía llegar a disminuir hasta un 15% la capacidad del feto para absorber hierro, que puede tener implicaciones en un bajo peso al nacer o afectar al desarrollo neurológico.  

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  • Merma el desarrollo cerebral: tener una experiencia traumática durante el embarazo (un fallecimiento cercano, una separación, un accidente…) puede afectar al desarrollo del cerebro del feto y tener impacto en su comportamiento más adelante en la vida, como afirma este trabajo del King´s College londinense. La exposición a este tipo de situaciones negativas por parte de la madre también puede volver al embrión en desarrollo más propenso a sufrir trastornos psiquiátricos a lo largo de su vida.
  • Más riesgo de autismo: un metaanálisis de decenas de miles de estudios llevado a cabo por la Universidad de Granada concluyó que tener altos niveles de estrés en los meses de gestación estaba vinculado con un mayor riesgo de desarrollar autismo, pero también de presentar obesidad o cólicos del lactante. La explicación, apuntan, es que el estrés puede atravesar la placenta y alterar diferentes neurotransmisores (dopamina, noradrenalina, serotonina…) involucrados en la madurez del cerebro.

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  • Peor desarrollo pulmonar: pero el estrés no afecta solo al cerebro, también al desarrollo de los pulmones. Otro trabajo de la Universidad de Granada señala que la liberación de cortisol al experimentar estrés en el primer trimestre de embarazo impide al bebé secretar dicha hormona, clave el buen desarrollo de sus pulmones.
  • Envejecimiento prematuro: un efecto probado del estrés materno en su descendencia parece ser el de que podría influir en el código genético y acelerar el envejecimiento biológico, condicionando por tanto la esperanza de vida, según una publicación de la American College of Neuropsychopharmacology.

Creado: 24 de marzo de 2014

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