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Embarazo
Embarazo y salud laboral
Si estás embarazada puedes continuar trabajando de un modo saludable, adaptando tu puesto, tus horarios o tus funciones para evitar ciertos riesgos. Conoce qué derechos laborales te protegen.
Escrito por Amparo Luque, Periodista experta en embarazo e infancia

Derechos laborales de la trabajadora embarazada

Mujer embarazada en su puesto de trabajo

La empresa está obligada a poner en marcha los protocolos necesarios para la prevención de riesgos entre sus trabajadoras embarazadas.

La alta exigencia del mercado laboral actual es uno de los motivos por los que la mayoría de las mujeres continúan en su puesto de trabajo hasta casi el final de la gestación. Esto suele ser viable si no es un embarazo de riesgo, la futura mamá se encuentra bien, y su médico considera que puede hacerlo. Pero para proteger correctamente la salud de la embarazada y del bebé hay que tener en cuenta además otros factores. Tu ginecólogo debe conocer cómo es tu actividad laboral: no es lo mismo desempeñar un trabajo con bajo nivel de estrés, que otro que requiere mucho esfuerzo físico o que te expone a sustancias tóxicas. Así, valorando cada caso concreto se podrá adaptar a las peculiaridades de cada gestante trabajadora. 

Pero lo que debes tener claro es que la ley vela por tus derechos y obliga a la empresa a cuidaros tanto a ti como a tu hijo. Eso sí, para poder activar esa protección debes comunicar tu estado formalmente (aunque esto es algo voluntario y no hay ninguna normativa que dicte que, en el caso de hacerlo, deba ser en una fecha concreta). Como señala Susana Brunel, adjunta a la Secretaría confederal de Mujer e Igualdad de Comisiones Obreras (CC.OO.): “es conveniente comunicar el embarazo a la empresa, de cara a poner en marcha los protocolos que deben establecerse para la prevención de riesgos, realizar una evaluación, posible cambio de puesto de trabajo, etcétera”. 

Es más, se considera infracción muy grave que el empresario no contemple la normativa específica en materia de protección de la seguridad y la salud de las trabajadoras durante los periodos de embarazo y lactancia. Y, de hecho, se establecen sanciones que van desde los 30.000 a los 600.000 euros.

El objetivo es que puedas compatibilizar tu trabajo con tu gestación de la manera más óptima posible: desde los permisos más básicos que te corresponden para realizar los exámenes prenatales o para acudir a las clases de preparación al parto, hasta cambios más profundos como las modificaciones de turno, o de tareas y cometidos.

Cambios en la embarazada que afectan a tu trabajo: evita riesgos

Durante la gestación se producen cambios fisiológicos de diversa consideración: por ejemplo, la presión venosa en las piernas aumenta (no es conveniente permanecer de pie durante mucho tiempo), las necesidades energéticas crecen, hay un mayor requerimiento de oxígeno, la espalda se curva más y, por supuesto, el volumen abdominal se incrementa. Además, tal y como indica la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), hay muchas probabilidades de que aparezcan algunas enfermedades que subyacían y que no dan la cara hasta que te quedas embarazada, como la diabetes o la hipertensión.

A esto se suma que, por su parte, el feto también es vulnerable a la acción de agentes externos, siendo más sensible aún durante el periodo embrionario y hasta la semana 12 de embarazo aproximadamente. Todo ello hace que lo que hasta el momento no suponía ningún problema, ahora, en tu estado, pueda ser nocivo. Y, por supuesto, esta vulnerabilidad será decisiva en puestos de trabajo que ya de por sí eran peligrosos.

Así pues, la protección de tu maternidad en el ámbito del trabajo comprende ambos riesgos: los que provienen de tu situación clínica y los específicos de tu puesto de trabajo, que algunas veces pueden influir entre sí. Dependiendo del caso se actuará de una manera u otra a efectos legales (incapacidad temporal, contingencia común, contingencia profesional, riesgo laboral...).

Sea como sea, la mayoría de las veces la mujer puede continuar con su actividad profesional y basta con realizar pequeños cambios ergonómicos o ciertas adaptaciones. Por ejemplo, uno de los riesgos que más fácilmente podemos prevenir son las malas posturas trabajando frente al ordenador. Ajustaremos la silla a la altura de la mesa, para que la tripa quede dentro, procuraremos mantener la espalda recta y apoyar los brazos; situaremos la pantalla a la altura de los ojos, y estaremos siempre de frente a la tarea que estemos efectuando: si hay que girar, lo haremos con todo el cuerpo a la vez. Incluso, para más comodidad, pide a tu jefe que te proporcione un reposapiés.

Pero evidentemente no todos los puestos en los que trabajan las embarazadas resultan tan fáciles de adaptar; habrá casos en los que las modificaciones tendrán que ser más profundas, e incluso en los que lo mejor será dejar de trabajar.

Actualizado: 7 de Agosto de 2017

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'Fuente: 'Ministerio de Sanidad''