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Logran bloquear la conducta compulsiva en ratones

En una investigación con ratones se ha conseguido bloquear la conducta compulsiva de estos animales, gracias a la activación de un circuito en el cerebro que controla este tipo de comportamiento.
Conducta compulsiva

La conducta compulsiva en ratones ha sido bloqueado en pruebas de laboratorio.

07 de Junio de 2013

Una investigación, realizada en Estados Unidos por neurocientíficos del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), con ratones de laboratorio, ha conseguido bloquear la conducta compulsiva de estos animales, gracias a la activación de un circuito en el cerebro que controla este tipo de comportamiento.

Los ratones que utilizaron en el experimento carecían de un gen concreto –denominado SAPAP3–, involucrado en la sinapsis de las neuronas presentes en una zona del cerebro relacionada con conductas adictivas, y con otras funciones comunes como la toma de decisiones.

Este experimento podría contribuir a desarrollar nuevas formas de abordar enfermedades como el trastorno obsesivo compulsivo o el síndrome de Tourette

Estos animales fueron preparados para reaccionar compulsivamente en un determinado momento para, de esta forma, poder intentar interrumpir ese comportamiento compulsivo. La estrategia consistía en condicionar a los ratones para que asociaran escuchar un tono con sentir una gota de agua en su nariz y que esto desencadenara una reacción de acicalamiento.

En el estudio se emplearon también ratones normales y, tras varias pruebas, estos cambiaron su comportamiento y, tras escuchar el tono, aprendieron a esperar justo antes de la caída del agua para actuar, de forma que optimizaron su esfuerzo, algo que no ocurrió en el caso de los ratones modificados, que siguieron reaccionando en cuanto escuchaban el tono.

Los científicos sospecharon que la conducta compulsiva de los ratones podía deberse a un fallo en la comunicación entre el cuerpo estriado –zona cerebral relacionada con los hábitos– y el neocórtex –donde se localizan las funciones superiores que pueden anular comportamientos simples–, y utilizaron optogenética, que permite controlar la actividad de las neuronas con luz, observando así que los ratones dejaban de acicalarse compulsivamente, y solo lo hacían cuando les caía la gota de agua.

Este experimento podría contribuir a desarrollar nuevas formas de abordar enfermedades como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o el síndrome de Tourette. Actualmente, los pacientes de TOC que no responden al tratamiento tradicional –medicamentos ansiolíticos o antidepresivos, terapia de comportamiento, o la combinación de ambos–, son tratados con estimulación cerebral profunda, mediante un marcapasos colocado en su cerebro que emite impulsos eléctricos. El nuevo estudio podría ayudar a identificar patrones de actividad cerebral que indican el comienzo de la conducta compulsiva, de forma que se podría mejorar la precisión en el tiempo de aplicación de la estimulación cerebral profunda.

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