Javi Martín

Actor y director de teatro y autor de ‘Bipolar y a mucha honra’
Hablamos con el actor Javi Martín sobre ‘Bipolar y a mucha honra’, un testimonio personal donde pretende, con sentido del humor y sin prejuicios, “desdramatizar y desestigmatizar” la enfermedad mental y la necesidad de hablar del suicidio.
Javi Martín, autor de ‘Bipolar y a mucha honra’
“Es importante mostrar que se puede tener un trastorno mental y llevar una vida mucho más estable que muchas personas que a lo mejor no están diagnosticadas de nada”
Escrito por: Adrián Cordellat

13/10/2022

Cuando compartía mesa con El Gran Wyoming presentando Caiga Quien Caiga, Javi Martín no podía ni sospechar que unos años más tarde sería diagnosticado de trastorno bipolar. Tras pasar por el psiquiátrico, por un intento de suicidio y por la aceptación de la patología, ahora publica Bipolar y a mucha honra (Espasa), un libro muy personal y prologado por el propio Wyoming con el que, desde un sentido del humor hilarante y sin prejuicios, pretende “desdramatizar y desestigmatizar” la enfermedad mental. “Cuando una de cada cuatro personas va a vivir un trastorno mental en su vida, estar estigmatizado no tiene ningún sentido”, sostiene Martín, que en su particular relato de la enfermedad mental también pasa por encima del tabú del suicidio y proyecta una imagen de las plantas psiquiátricas muy lejana a la que históricamente nos ha mostrado la televisión: “Estar ingresado dos semanas en un hospital psiquiátrico es igual que estar ingresado dos semanas porque tienes un problema del corazón. Hay que quitarle el estigma”.

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Bipolar es un concepto que utilizamos mucho como insulto, pero no tengo claro que sepamos realmente qué es la bipolaridad. ¿Cómo la describiría Javi Martin desde su propia experiencia?

Javi Martín, autor de ‘Bipolar y a mucha honra’

Yo la describiría como dos polos opuestos por los que pasas. Uno es la manía y otro la depresión. De hecho, hace años se conocía como trastorno maníaco-depresivo. Generalmente, en el trastorno bipolar la fase de manía es un estado muy agradable, estás con unas sensaciones espectaculares, tienes muchísima energía, duermes muy poco, pero estas súper activo. Y en mi caso, además, tenía como experiencias extrasensoriales, era como si me pudiera comunicar con el universo. Lo que pasa es que eso que tú vives de manera muy gustosa, a tu entorno le deja fatal. No saben qué hacer contigo, dicen que haces cosas muy raras y que estás incontrolable.

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La depresión es más conocida: sufres ansiedad, angustia, mucho miedo al futuro, empiezas a no quererte, a decirte cosas horribles… Y puedes llegar a momentos muy duros, como el querer quitarte la vida, pero básicamente por el sufrimiento que estás pasando. Sufres tanto que lo que quieres es acabar con ello.

‘Bipolar y a mucha honra’, titulas tu libro. ¿Fue difícil aceptar el diagnóstico de bipolaridad?

Son fases. Pero la verdad es que el primer día que escuché el diagnóstico de trastorno bipolar refiriéndose a mí estaba en el psiquiatra, en plena fase maníaca y de elevación, así que no me afectó mucho.

Parece que no nos cuesta tomarnos una pastilla para el dolor de cabeza, pero cuando es para algo mental ya cuesta más

Por lo que te he leído, llevaste peor aceptar la medicación.

Es que no es fácil. Muchas veces yo engañaba a mis familiares diciéndoles que tomaba la medicación cuando no lo hacía. Hasta que entendí que la medicación también era buena para mí y le quité el estigma. Porque parece que no nos cuesta tomarnos una pastilla para el dolor de cabeza, pero cuando es para algo mental ya cuesta más.

Cuando yo me río de mi trastorno y de las cosas que he pasado, de alguna manera estoy desdramatizando

Y otra cosa que me costó aceptar y entender es que hay momentos, sobre todo en la fase de la manía, en los que yo no soy capaz de ver lo que me está pasando, así que es importante dejarse cuidar por la familia, dejar que sean ellos los que den la voz de alarma.

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Ya desde el título el libro tiene muchísimo sentido del humor. No sé hasta qué punto ese sentido del humor te ayudó también en los malos momentos que has pasado por este trastorno mental.

Bueno, cuando estaba en fase de depresión la verdad es que yo sentido del humor no tenía mucho. Te sientes tan hundido que ni tú puedes hacer humor, ni los que hacen humor te hacen gracia. Pero cuando ya asimilé lo que me pasaba, a mí el sentido del humor me ha ayudado a sanar. Cuando yo me río de mi trastorno y de las cosas que he pasado, de alguna manera estoy desdramatizando.

El humor es capaz de salvar vidas

Y he pasado por cosas muy importantes y graves, pero contarte el pasado con humor ayuda muchísimo. El humor es capaz de salvar vidas. Al final solo tienes dos opciones: o tomártelo como una carga en plan negativo, o asumir la etiqueta con humor y alegría.

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Quitar el estigma a la enfermedad mental

Leyendo algunos fragmentos del libro muy marcados por el humor, me surgía una duda: ¿esto desestigmatiza o banaliza?

Para mí desestigmatiza y desdramatiza. Cuando una de cada cuatro personas va a vivir un trastorno mental en su vida, estar estigmatizado no tiene ningún sentido. Estamos todos conviviendo con muchísimos trastornos mentales a nuestro alrededor y de alguna manera todo el mundo los esconde. Para mí, contarlo desde el humor, cuando han pasado ya las crisis, ayuda.

Cuando una de cada cuatro personas va a vivir un trastorno mental en su vida, estar estigmatizado no tiene ningún sentido

También porque cuando te ponen la etiqueta de un trastorno, parece que estás trastornado siempre. Y eso no es así. Es importante mostrar que se puede tener un trastorno mental y llevar una vida mucho más estable que muchas personas que a lo mejor no están diagnosticadas de nada.

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Soy consciente de que la pregunta anterior seguramente no la hubiese hecho sobre otro tema. ¿Sigue habiendo mucho tabú alrededor de la enfermedad mental?

Sí, sí. Hemos avanzado algo, parece que se habla más en los medios de comunicación, pero en la sociedad todavía hay muchas personas que esconden los trastornos mentales. Yo creo que por desconocimiento y por miedo. Pero hay que dar una voz de esperanza para decir que sí, que hay momentos de crisis, pero que después de esos momentos, con terapia, con medicación, con el apoyo de familiares y amigos, se puede llevar una vida muy estable.

Javi Martín

Yo estoy diagnosticado de trastorno bipolar, pero hace años que no tengo depresiones y apenas una vez al año, durante una o dos semanas, tengo una pequeña subida que no me impide seguir trabajando. Hay mucha desinformación sobre lo que implica tener un trastorno mental. Uno no está siempre trastornado.

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Hablar del suicidio y explicar cómo es un psiquiátrico

La salud mental es un tema tabú, pero a tabú nada le gana al suicidio. Es un tema que incluso en los medios de comunicación se ha omitido bajo la idea de que hablar de él generaría más ideas de suicidio. Tu reivindicas todo lo contrario: hablar abiertamente sobre ello.

Sí, sí. En general, hablar de cualquier tema ayuda. Yo recuerdo en la época álgida del sida un cartel que decía “silencio es igual a muerte”. Con el suicidio pasa lo mismo. Si no hablamos de él no va a haber menos suicidios, al revés. Hay que hablar del suicidio desde la prevención, desde la necesidad de inversión en la sanidad pública, desde la necesidad de educación emocional en las escuelas, etcétera.

Recuerdo en la época álgida del sida un cartel que decía “silencio es igual a muerte”. Con el suicidio pasa lo mismo

Hablar ayuda. Y, sobre todo, normalizar el suicidio. Tener pensamientos suicidas es muy normal, muy habitual, así que vamos a acompañar, vamos a ayudar, porque hablar de suicidio significa también decir que se puede salir de ese pozo tan oscuro del que uno cree que no saldrá nunca más.

Cuentas en el libro cómo hace aproximadamente una década estuviste a un paso de saltar desde tu terraza. No sé qué recuerdo te queda hoy de aquello.

De alguna manera está presente siempre. A veces de manera consciente, y siempre inconscientemente. De vez en cuando me acuerdo cuando estoy tumbado en la cama y pego un respingo porque es una sensación muy fuerte. De alguna manera, también, de aquella experiencia se me ha quedado la sensación de que yo podía no estar aquí, de que podía estar muerto. Eso me ayuda positivamente, me hace ver que la vida es maravillosa, que todo lo que pasa a lo largo del día son regalos de la vida.

Muchas veces pasa esto, que después de pasar por un momento muy dramático y oscuro, de repente le ves a la vida otro sentido, la ves como el regalo que es, algo que muchas veces se nos olvida entre tantos problemas que son tonterías y entre tantas preocupaciones sobre las que no podemos hacer nada.

Otra cosa a la que le quitas el estigma en tu libro es a los psiquiátricos. Tu relato queda muy lejos del que muestran en ‘American Horror Story’.

Sí, de hecho, acabo de volver ahora de una charla en el Hospital Universitario del Sureste de Madrid y les he dicho que se deberían hacer jornadas de puertas abiertas para que los medios y la gente vieran lo que es un psiquiátrico. Es una planta más del hospital, exactamente igual que otras. Con sus peculiaridades, claro, porque cuando estás ingresado no puedes salir si quieres. Pero es por tu bien, claro.

Estar ingresado dos semanas en un hospital psiquiátrico es igual que estar ingresado dos semanas porque tienes un problema del corazón. Hay que quitarle el estigma

Yo lo necesité en un momento dado en que estaba muy incontrolable y mi familia no sabía qué hacer conmigo. Pero fue un momento muy específico de mi vida del que salí mejor, porque estás atendido por profesionales maravillosos. Estar ingresado dos semanas en un hospital psiquiátrico es igual que estar ingresado dos semanas porque tienes un problema del corazón. Hay que quitarle el estigma.

No quiero acabar esta entrevista sin focalizar el tema en tus acompañantes en esta experiencia: tu pareja, tu familia, tus amigos. Cuando hablamos de estos trastornos, centramos mucho el tiro en el paciente, lógicamente, pero nos olvidamos de su entorno. Tú le das mucho peso en el libro.

La familia y los amigos son súper importantes y a veces lo pasan incluso peor que el propio paciente. En la manía son ellos los que tienen que pedir ayuda. Pero son fundamentales sobre todo en la depresión. Estás tan desvalido que necesitas el apoyo de tu gente, que te acompañen, que gestionen todas esas cosas de tu vida que tú eres incapaz de gestionar. Sinceramente creo que muchas veces ellos también deberían tener un apoyo psicológico para entender mejor lo que está pasando.

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