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Un antibiótico ayuda a tratar el trastorno por estrés postraumático

La doxicilina, un antibiótico de uso común, podría ser un método efectivo para minimizar la reacción de miedo en las personas que sufren problemas psicológicos como ansiedad, o trastorno por estrés postraumático.
Afectada por estrés postraumático tomando doxicilina

La doxicilina podría ayudar a ciertas personas a combatir sus miedos.

21 de Abril de 2017

Un antibiótico tan común como la doxicilina, utilizado para tratar diversas infecciones bacterianas como la periodontitis, la gonorrea, o el acné, entre otras, parece que ahora también podría ser un método efectivo para bloquear pensamientos negativos y recuerdos relacionados con el miedo, de acuerdo con los resultados de un nuevo estudio. Un hallazgo importante, sobre todo porque podría convertirse en una manera innovadora de tratar, e incluso prevenir, algunos trastornos psicológicos como la ansiedad, o el trastorno por estrés postraumático (TEPT).

La doxicilina es capaz de bloquear las proteínas que ayudan al cerebro a formar los recuerdos, es decir, las llamadas ‘enzimas matriz’

Según este trabajo, realizado tanto por especialistas de la Universidad de Zúrich (Suiza), como del Colegio Universitario de Londres (Reino Unido), y publicado en la revista Molecular Psychiatry, la doxicilina ha demostrado reducir hasta en un 60% la respuesta frente al miedo. Según cuenta el investigador principal, Dominik Bach, de la división de psiquiatría clínica de la Universidad de Zúrich, esto es posible gracias a que este antibiótico es capaz de bloquear las proteínas que ayudan al cerebro a formar los recuerdos; es decir, las llamadas enzimas matriz.

La doxicilina evita que el cerebro active la alarma del miedo sin razón

Para realizar este trabajo, los especialistas contaron con la participación de 76 personas sanas. De forma totalmente aleatoria, se administró doxicilina a un grupo de participantes, mientras que a otros simplemente se les dio placebo. Tras la toma de este medicamento o placebo, se les sometió a una prueba frente a un ordenador. La pantalla de cada participante parpadeaba en dos colores, uno azul y otro rojo. Uno de estos dos colores, sin embargo, conllevaba un 50% de probabilidades de generar en el voluntario una descarga eléctrica.

Tras 160 apariciones de los colores y de forma totalmente arbitraria, los voluntarios aprendieron a relacionar uno de los dos colores como el malo; es decir, el que podía producir la molesta descarga. Una semana después se repitió la prueba, pero sin que nadie hubiese tomado doxicilina y sin que el color produjese la descarga eléctrica; esta vez, sin embargo, se emitía un molesto pitido después de cada color.

Lo que los especialistas observaron fue que aquellos que habían tomado doxicilina en la primera prueba tardaban más tiempo en parpadear cuando veían el color malo; es decir, el que presentaba un riesgo de producir descarga, en comparación a los que habían tomado placebo. El parpadeo de los ojos es una respuesta instintiva frente a amenazas repentinas. Concretamente, la reacción de miedo fue un 60% inferior en los voluntarios que habían tomado doxicilina, frente a los que no lo habían tomado.

Este descubrimiento supone un gran punto de inflexión en la investigación sobre el tratamiento de trastornos como el TEPT. Ello se debe a que, tal y como indica el investigador Dominik Bach, podría contribuir al desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas para esta y otras enfermedades psicológicas. Trastornos que estén basados en una anticipación de falsos peligros que provocan angustia y miedo, como es el caso de la ansiedad, por ejemplo. Y es que, como concluye el especialista de la Universidad de Suiza, este antibiótico no es que borre la memoria ni los recuerdos, sino que consigue que el cerebro no active la alarma del miedo de forma instintiva ante estímulos que en realidad no son peligrosos.

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