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Hablarse en tercera persona ayuda a regular las emociones

Pensar en tercera persona cuando nos enfrentamos a acontecimientos negativos puede ayudarnos a controlar mejor nuestras emociones, lo que podría ser una manera fácil de autocontrolar los niveles de estrés.
Chica hablando consigo misma

Exponerse a uno mismo los problemas en tercera persona hace que rebajemos el nivel de estrés.

16 de Agosto de 2017

Controlar mejor nuestras emociones podría ser una tarea más sencilla de lo que pensamos. Un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Michigan y de la Universidad de Michigan, ambas en Estados Unidos, han hecho una investigación con dos estudios en los que han observado que el diálogo interno en tercera persona en situaciones de estrés puede ayudar al autocontrol y evitar así que nos afecten en exceso.

La investigación ha sido publicada en la revista Scientific Reports y desvela que los individuos cuando piensan en hechos que les han ocurrido, y que suponen para ellos un nivel de estrés, su reacción emocional es fuerte. Sin embargo, plantearon qué ocurriría si lo viesen desde un punto de vista en tercera persona, manteniendo un diálogo interno sobre los hechos.

Al abordar los problemas desde un punto de vista externo se produce una menor reacción emocional y se ven las cosas desde otra perspectiva

Fue entonces cuando se dieron cuenta que esta práctica de verse desde una visión externa hacía que los sujetos fueran menos reactivos emocionalmente que si abordaran el problema desde el “yo”. También ayudaba a ver las cosas desde un punto diferente, lo que se traducía en una mejora psicológica. Según los autores, referirse a uno mismo en tercera persona hace que la gente piense de manera más similar a como lo hacen de otros individuos, estableciendo una distancia psicológica que ayuda a regular las emociones.

La autoexpresión en tercera persona no supone un esfuerzo

También se analizó la actividad cerebral para medir el esfuerzo de pensar de una u otra forma verbal, para determinar si esta práctica podría suponer un mayor sacrificio cerebral. Pero los resultados fueron similares en ambos estudios, pensar de manera externa a nosotros no supone ningún esfuerzo. Por otro lado, se observó que había menos actividad en una zona del cerebro que se activa en las reflexiones sobre experiencias dolorosas cuando se utiliza la visión externa de ellos.

Para sacar estas conclusiones se expuso a los participantes a diferentes imágenes, más duras o más neutras, en las que reaccionaban tanto en primera como en tercera persona, los cambios en el cerebro fueron registrados gracias a un electroencefalograma. En el segundo estudio los miembros reflexionaron sobre sus experiencias más duras y lo hicieron con pensamientos en ambos puntos de vista, los datos cerebrales se recogieron con resonancias magnéticas.

Los autores afirman que esta técnica podría ser una forma fácil y sencilla de regular las emociones, sobre todo las negativas que conllevan un estrés asociado y que pueden degenerar en problemas como depresión o ansiedad.

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