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Pruebas médicas
Gammagrafía
Gracias a la administración de un radiofármaco, con capacidad de acoplarse a células y proteínas específicas, esta prueba de imagen permite estudiar varios órganos en busca de posibles enfermedades.
Escrito por David Saceda Corralo, Médico Interno Residente, especialista en Dermatología Medicoquirúrgica y Veneorología

Cómo se hace la gammagrafía

Cómo se hace la gammagrafía

Cuando llegues a la clínica para realizarte una gammagrafía, te pedirán que pases a una sala de enfermería donde se te administrará un radiofármaco por vía intravenosa. Al pasarte el radiofármaco a la sangre puedes notar calor o frío, depende de la molécula suministrada. El radiofármaco será diferente según el órgano y la patología a estudiar (por ejemplo, para el tiroides es el yodo 131 y para las infecciones el galio 67). En ocasiones el radiofármaco se puede administrar por vía oral o de forma inhalada.

Deberás esperar una hora hasta que el radiofármaco comience a hacer efecto y puedan rastrear la zona a estudiar con la cámara. Mientras tanto, podrás pasar a un vestidor donde te cambiarás tu ropa por una bata más cómoda y dejarás tus objetos personales. A veces no es necesario ponerte una bata y puedes pasar con tu ropa de calle siempre y cuando luego desnudes la parte del cuerpo que quieran explorarte. En ocasiones tampoco hace falta esperar tanto, ya que es necesario rastrear con la cámara pocos minutos después de la administración del radiofármaco y realizar imágenes seriadas durante la hora de después.

Cuando haya pasado una hora pasarás a la sala donde se encuentra el aparato que realiza la gammagrafía, verás una camilla o sillón y al lado una máquina que con un brazo que se puede mover y dirigir hacia la zona del cuerpo a estudiar. Te pedirán que te recuestes en la camilla en una posición concreta según la zona que quieran medir. Si se estudia el tiroides te tumbarás boca arriba para captar la zona del cuello. Si se mide los riñones estarás sentado o tumbado con la zona de la espalda lumbar descubierta. Una vez colocado no necesitarás preocuparte por nada más, tan solo hay que relajarse y permanecer quieto.

El técnico sanitario manejará la máquina y comenzará a medir la radiación que emite el radiofármaco cuando está unido a las células y proteínas. A veces no sólo realiza una imagen fija de la radiación, se puede realizar un video con el que se vea la distribución del radiofármaco a través de la circulación sanguínea o moviéndose por el órgano a estudiar. Esto es una ventaja importante respecto a pruebas de imagen estáticas como la radiografía o la tomografía computerizada.

Durante todo este proceso tú no sentirás nada. Unos minutos después el técnico sanitario te dirá que la prueba ha terminado y que ya puedes levantarte de la camilla. Puede que también te pida que esperes unos minutos en la sala de espera para comprobar que no tienes ningún mareo ni reacción adversa tardía a la administración del radiofármaco.

Después de la prueba no sentirás nada raro en la zona en la que que han medido la radioactividad. Podrás recoger tus cosas del vestidor y marcharte de la clínica del mismo modo que hayas venido. Durante los 2-3 días siguientes se recomienda evitar el contacto con niños pequeños o personas con tumores hematológicos, ya que emitirás radioactividad que con los días disminuirá hasta desparecer.

Actualizado: 15 de Diciembre de 2015

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