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La osteonecrosis puede pasar desapercibida en las fases iniciales desde el punto de vista de la sintomatología. De hecho, en algunos casos, se diagnostica por alguna prueba radiológica que se ha indicado por otro motivo.

Pero el síntoma cardinal de esta enfermedad es el dolor. Este se manifestará de muy diferentes formas y localizaciones. Así, considerando la localización más común la cadera, el dolor inguinal y la cojera pueden ser los síntomas iniciales de una osteonecrosis de la cabeza femoral. Este dolor puede desplazarse con el tiempo a la zona glútea e incluso al muslo, con una mayor incapacidad para la función de esta articulación.

El dolor como síntoma de la osteonecrosis inicialmente suele presentarse con determinados movimientos y con cargas de peso, evolucionando en periodos posteriores a un dolor incluso en reposo. Generalmente suele suceder en una única articulación o en un hueso, sobre todo si el mecanismo es traumático, pero cuando las causas no son traumáticas como las que se han descrito (alcohol, corticoides, lupus, etcétera), la afectación puede ser de múltiples localizaciones y el dolor más generalizado. En el caso de la cadera, por ejemplo, el dolor por afectación bilateral se presenta hasta en un 50% de los casos asociados a causa no traumática.

La presentación del dolor puede tardar hasta uno o dos años de haberse iniciado el fenómeno isquémico, manifestando síntomas de osteonecrosis cuando la articulación está completamente colapsada o ha perdido la funcionalidad.

El dolor en otras localizaciones frecuentes como la rodilla, el hombro o la muñeca se manifestará de la misma manera, con la paulatina pérdida de capacidad funcional de dichas articulaciones.

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