18 de mayo de 2012
Se pueden encontrar multitud de tipos de malformaciones, debido a que existen numerosos factores que las causan. Ya desde que el embrión inicia su desarrollo, pueden producirse fallos que conduzcan a una formación incorrecta de esta estructura. El sistema nervioso comienza a desarrollarse en el ser humano a partir de la tercera semana de embarazo; este complejo proceso, que terminará dando lugar a un cerebro y una médula espinal bien formados, puede verse alterado en el curso de cualquiera de sus etapas, provocando en cada caso un tipo distinto de malformación, con unas consecuencias determinadas. Estas consecuencias pueden ser tan graves que resulten incompatibles con la vida, o suponer un problema menor de fácil solución.
Tras el nacimiento, los órganos y estructuras del bebé no han terminado de formarse, aún deben suceder muchos cambios para que su cuerpo esté preparado para adquirir en el futuro las características de un organismo adulto sano. El cerebro debe aumentar de tamaño y, al mismo tiempo, desarrollar cada vez más circunvoluciones (pliegues característicos del cerebro) y distintos procesos neuronales. Evidentemente, para que se produzca un crecimiento normal, el espacio que contiene al órgano debe permitir su expansión y protegerlo adecuadamente.
El cráneo humano no es una sola pieza, en realidad está formado por 8 huesos, cuatro situados en la parte media y cuatro dispuestos lateralmente. En los adultos estos huesos se encuentran sellados y completamente osificados, ofreciendo la apariencia de una estructura única. En los bebés es distinto, su cabeza debe ser lo suficientemente flexible para permitirle salir por el canal del parto, y además su proceso de crecimiento no ha finalizado y, por eso, los huesos no están del todo osificados (una parte de ellos está formada por cartílago), y lo que se encuentra uniendo los huesos es tejido conjuntivo fibroso. Los espacios que ocupa este tejido entre los huesos se denominan suturas, y las zonas en las que unen más de dos huesos reciben el nombre de fontanelas.
Estas características del cráneo inmaduro hacen que sea fácilmente moldeable, lo que supone una ventaja para que pueda producirse el desarrollo del cerebro pero, al mismo tiempo, lo hace vulnerable frente a determinadas situaciones.
Vamos a describir a continuación los dos casos más comunes de malformaciones craneales:
“ Cuando nos vamos quedando sin voz aconsejamos no carraspear o al menos no hacerlo con demasiada fuerza”
70% de los bebés sufre alguna infección respiratoria durante su primer año de vida
Entre las afecciones más habituales destaca la bronquiolitis, que en el 75% de los casos se debe a una infección viral. Una de las mejores formas de prevenirla es la lactancia materna prolongada.
Fuente: SEPEAP
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