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La encefalitis es una inflamación difusa del encéfalo, es decir, del cerebro. Su principal causa son las infecciones virales (por los virus del herpes, enterovirus o arbovirus). Se trata de una enfermedad cuya frecuencia es difícil de determinar; esto se debe a que la mayoría de las veces las encefalitis provocan síntomas leves y muy difusos, parecidos a la gripe o a un catarro. Por eso se sospecha que algunos cuadros gripales en realidad son encefalitis leves que se curan solas.

Sin embargo, en un porcentaje pequeño de los casos las encefalitis pueden causar síntomas graves, que son la manifestación de un daño cerebral importante. Aunque la mortalidad de la encefalitis no es muy alta, sí que es frecuente que aparezcan secuelas neurológicas después de la enfermedad.

La mayoría de pacientes presenta como manifestaciones más habituales fiebre alta (en un 90% de los casos), dolores de cabeza (80%), desorientación (70%), algún trastorno del lenguaje (60%), alteraciones de la conducta (40%) y crisis convulsivas (30-60% de los casos).

Origen e incidencia de la encefalitis

La frecuencia de encefalitis en la población general no es muy alta. Tan sólo aparecen tres o cinco casos por cada millón de habitantes. Los grupos de población que más sufren la enfermedad son los niños, en los que aparecen cinco o 10 casos por cada 100.000 habitantes, y especialmente los niños de menos de un año de edad. Solo en España, la Sociedad Española de Neurología (SEN) calcula que anualmente se diagnostican en torno a 600 casos, aunque podrían ser más debido a todos los que no llegan a diagnosticarse debidamente debido a que los síntomas que presentan son atípicos o que no se llega a encontrar al agente causal (en la mitad de los casos). Las secuelas de la encefalitis son mucho más dramáticas en este grupo de edad, ya que tienen toda una vida por delante que puede estar condicionada por una minusvalía.

Inflamación del cerebro

Por lo general las encefalitis están causadas por los virus, sin embargo, otros microorganismos como bacterias y otros agentes son capaces de desencadenarla. Entre los virus, los de la familia de los virus herpes (herpes simple, virus de la varicela-zoster, citomegalovirus…), los enterovirus y virus trasmitidos por animales (como mosquitos, garrapatas, animales con rabia…) son los culpables de la mayoría de casos.

Existen también encefalitis inmunomediadas, que son aquellas originadas por alteraciones en el sistema inmune del propio afectado, que requieren vigilancia neurológica especializada y tratamientos distintos a las encefalitis infecciosas.

La importancia de la protección vacunal

Las encefalitis pueden curarse solas, tan sólo es necesario un tratamiento de los síntomas y dejar que el tiempo haga su trabajo. Afortunadamente, cada vez hay medicamentos más específicos para eliminar a los virus responsables. Pero si hay algo que ha modificado el impacto de esta enfermedad en la sociedad son las vacunas. Muchas de las infecciones virales que causan encefalitis (sarampión, enterovirus, poliomielitis, rubéola o paperas) se pueden prevenir hoy día con vacunas seguras, y obligatorias en la mayoría de los países del mundo. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un repunte de las enfermedades que pueden derivar en encefalitis en niños que no son vacunados, y que pueden llegar a ser graves.

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