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Problemas de audición en el bebé
Los problemas de audición en bebés y niños pequeños preocupan a los padres, a los que les cuesta detectar que su hijo no oye bien. Te explicamos cómo comprobarlo, y las mejores soluciones a la hipoacusia infantil.
Escrito por Adrián Cordellat, Periodista especializado en maternidad, educación y salud

Problemas de audición en el bebé: cómo identificarlos

Bebé con problemas de audición

Se estima que uno de cada 100 nacidos vivos presenta pérdidas auditivas entre moderadas y leves, y que hasta tres de cada 1.000 tienen pérdidas severas y profundas. Se trata, sin duda, de uno de los problemas que más preocupan a los padres, que en muchas ocasiones tienen dudas sobre cómo identificar si sus hijos oyen correctamente.

En Webconsultas hemos charlado con un experto otorrinolaringólogo y hemos recurrido a las recomendaciones científicas actuales para conocer más sobre los problemas de audición en la infancia y sus consecuencias, indagar en las pruebas diagnósticas, y conocer las soluciones médicas disponibles para hacer frente a la hipoacusia, una deficiencia en la capacidad auditiva derivada de la cual las personas presentan dificultades para escuchar determinados sonidos.

En España se han generalizado los programas de cribado neonatal que permiten un diagnóstico precoz de las deficiencias auditivas, pero hay problemas de audición que no son detectables en estos cribados, ya sea porque se desarrollan más tarde, o porque en el momento de realizarlos no revisten la gravedad suficiente. De ahí la importancia del seguimiento médico y de la observación de los padres, ya que el retraso en el diagnóstico tiene una repercusión negativa en la adquisición de determinadas habilidades cognitivas y lingüísticas, que puede repercutir tanto en el ámbito educativo, como en el desarrollo personal y social del menor.

El desarrollo del oído en los bebés

Afirma el Doctor Juan Royo López, otorrinolaringólogo y moderador de la comunidad “Viviendo el Sonido” de GAES, que diversos estudios científicos apuntan a la posibilidad de que entre las semanas 14 y 16 de embarazo, cuando el feto apenas alcanza el tamaño de un limón o un aguacate, el bebé ya sea capaz de escuchar sonidos generados por el propio cuerpo de la madre. Unas semanas más tarde, el desarrollo del oído ya le permitiría captar sonidos del exterior. Y a las 24 semanas, con el tamaño aproximado de un melón Galia, el bebé, desde el útero materno, ya es incluso capaz de responder a la voz. Este hito cierra un proceso iniciado entre la tercera y la cuarta semana de gestación y que va madurando hasta que queda completamente concluido entre las semanas 26 y 28. Para entonces, el oído humano ya está formado.

Mujer embarazada con música sobre su barriga
 

Esta es lo que podríamos considerar normal. Sin embargo, muchos niños nacen sin poder oír; otros, con pérdidas moderadas y leves en su capacidad de escucha. Royo López fija la prevalencia de la hipoacusia en el recién nacido en nuestro país entre los 1 y los 1,5 casos por cada 1.000 nacidos vivos para la sordera severa o profunda (que equivale a una pérdida mayor de 60-70 decibelios), y en alrededor de los seis casos por cada 1.000 nacidos vivos en la hipoacusia de cualquier grado.

Tipos de hipoacusia en los niños

En función de si afecta a uno o a los dos oídos se diferencia entre hipoacusia unilateral o bilateral. Y en función del grado de la misma se distingue entre hipoacusia leve, moderada, profunda o severa. La leve provoca que el afectado tenga dificultad para escuchar sonidos entre 20 y 40 decibelios (dB): susurros o conversaciones en ambientes muy ruidosos. En la moderada la pérdida de audición alcanza los 40-70 dB, lo que dificulta escuchar una conversación normal. La severa impide escuchar sonidos de incluso 90 dB, lo que implica que para enterarnos de algo el interlocutor nos tendría que chillar. La hipoacusia profunda es directamente sordera, ya que el afectado ni siquiera puede escuchar sonidos de 110 dB (los que se alcanzan en un concierto).

La hipoacusia también puede diferenciarse en función de si tiene una carga genética y es heredada, o se ha adquirido tras el nacimiento. En el primer caso los problemas de escucha pueden manifestarse nada más nacer, pero no necesariamente, ya que también pueden desarrollarse a posteriori. En el segundo, la hipoacusia puede desarrollarse debido a diversos factores, como los traumatismos o la meningitis, entre otros. También es posible que un niño vaya perdiendo capacidad auditiva a medida que crece a consecuencia de perforaciones en el tímpano, o de una mala higiene auditiva, sobre todo por la exposición frecuente a sonidos muy altos como los de los auriculares.

Tampoco son extrañas las pérdidas de audición temporales, que suelen producirse a consecuencia de una otitis media –en cuyo caso debe tratarse rápidamente–, o de la acumulación de cerumen, para cuya retirada conviene visitar a un médico especialista y no intentar hacerlo en casa, ya que podríamos dañar el sistema auditivo del niño.

Consecuencias de los problemas de audición en la infancia

El retraso en el diagnóstico de la sordera congénita permanente, bilateral y moderada, severa o profunda, tiene gran importancia, según Royo, “por su repercusión negativa en la correcta adquisición del lenguaje”. En ese sentido, en las recomendaciones de 2014 elaboradas por la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH), se añade que el diagnóstico precoz de la sordera resulta fundamental para el futuro educativo y la inclusión del niño, ya que se estima que los cuatro primeros años de vida constituyen el tramo vital en el que, debido a la plasticidad cerebral, se produce la adquisición de gran parte de las habilidades cognitivas y lingüísticas que, posteriormente, si no se actúa a tiempo, resultan muy difíciles de recuperar.

Consecuencias de los problemas de audición en la infancia
 

Los propios autores citan estudios que demuestran que si el diagnóstico, el tratamiento y las intervenciones necesarias, se llevan a cabo antes de que el bebé cumpla el medio año de edad, en el futuro el niño podrá conseguir mejores resultados académicos y en su desarrollo, tanto en su capacidad de lenguaje, como a nivel de comunicación.

Las consecuencias para los niños del diagnóstico tardío, no obstante, varían también en función del grado de la hipoacusia. En las leves los niños pueden desarrollar dislalias y mostrar cierto retraso en el desarrollo del lenguaje. En el caso de las moderadas, el retraso en la adquisición del lenguaje se hace aún más evidente; un lenguaje que a duras penas consigue desarrollarse en las hipoacusias severas, y que es por completo inexistente en las profundas.

Actualizado: 28 de Noviembre de 2018

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