Tromboembolismo pulmonar
Escrito por David Saceda, licenciado en Medicina por la Universidad de Alcalá de Henares
El tromboembolismo pulmonar (TEP) es la oclusión de parte del sistema venoso de los pulmones a causa de un émbolo o trombo que procede de otra parte del cuerpo. Conoce cómo tratarlo y prevenirlo.

Tromboembolismo pulmonar

El tromboembolismo pulmonar (TEP) es la oclusión de parte del sistema venoso de los pulmones a causa de un émbolo o trombo que procede de otra parte del cuerpo, y que en el 95% de los casos se debe a una trombosis venosa originada en las piernas.

Causas y factores de riesgo de tromboembolismo pulmonar

En todos los casos el proceso del TEP es el mismo:

  • Un émbolo o trombo de la circulación venosa llega a las cavidades derechas del corazón y éste lo impulsa hacia los pulmones con el resto de la sangre venosa. Si el trombo es pequeño no sucede nada (y no es raro que esto sea así con cierta frecuencia), pero si es grande se desencadenan el resto de mecanismos.
  • Parte del pulmón deja de recibir sangre venosa para oxigenarla, ya que las venas están ocluidas. Estas zonas se colapsan y no puede pasar aire hacia ellas.
  • El corazón sigue enviando la misma cantidad de sangre, pero lo hace a través de un menor número de venas que antes, por lo que está obligado a realizar un mayor esfuerzo y gastar más energía. Además, hay más sangre para menos espacio de pulmón, así que no toda la sangre que pasa se puede oxigenar correctamente.
  • La zona afectada empieza a inflamarse. Comienza a acumularse líquido que dificulta la expansión de los pulmones, y a la vez se irritan receptores nerviosos que estimulan la respiración, haciendo que la persona con TEP respire a una alta frecuencia y profundamente.

Hay varios factores que predisponen al tromboembolismo pulmonar; eso no quiere decir que inevitablemente suceda, pero sí que aumentan las probabilidades de que accidentalmente se produzca un tromboembolismo pulmonar. Algunos de estos factores de riesgo son:

  • Fracturas de extremidades inferiores (fémur, cadera, tibia, etcétera).
  • Someterse a una cirugía (sobre todo durante los días posteriores a la misma).
  • Embarazo (porque crea un estado de hipercoagulabilidad de la sangre).
  • Parto (sobre todo los días posteriores).
  • Reposo prolongado en la cama.
  • Insuficiencia venosa crónica.
  • Obesidad.
  • Cáncer (en especial un subtipo de cáncer de pulmón, el adenocarcinoma).
  • Toma de anticonceptivos.
  • Hipercoagulabilidad congénita (factor V de Leiden, déficit de proteínas C o S, y anticuerpos fosfolípidos).
 
Actualizado: 28/11/2013

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