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Andrea Vilallonga

Experta en Imagen y Comunicación y autora de #Mírate
15 segundos marcan una primera impresión. Por ello, la asesora de imagen personal y profesora de OT, Andrea Vilallonga, aporta consejos para aprender a aprovechar ese breve tiempo como una herramienta útil de comunicación.
Andrea Vilallonga
“La primera imagen se forma en un 55% con la expectativa visual, en un 38% con la expresión no verbal y en un 7% con la comunicación verbal”
Escrito por: Natalia Castejón

21/06/2018

Seguro que te ha pasado alguna vez, conoces a alguien y con el tiempo te dice que en ese primer encuentro le diste una imagen completamente diferente de la que ahora tiene al conocerte mejor. O ir a una entrevista de trabajo para la crees cumplir perfectamente con el perfil… y que no te llamen para el puesto. Estas situaciones son el pan de cada día en la consulta de Andrea Vilallonga, experta en Imagen y Comunicación, profesora de protocolo del programa musical Operación Triunfo 2017 y autora del método y del libro #Mírate (Ed. Aguilar, 2018). Esta reconocida asesora personal nos ha dado algunas soluciones para conseguir dar la impresión que verdaderamente queremos, pues cuando vemos por primera vez a alguien, sus rasgos físicos, su comportamiento y su vestimenta dicen mucho sobre cómo son, y partiendo de esa base hay que saber cómo utilizar la imagen externa, la expresión y la actitud a nuestro favor, así lograremos sentirnos bien con nosotros mismos, mejorando la autoestima, relacionarnos mejor con los demás, logrando ser más asertivos, y conseguir todo aquello que nos propongamos.


Mírate

Tu libro se llama #Mírate, porque según cuentas no siempre lo hacemos, o al menos no siempre lo hacemos bien ¿Por qué crees que nos cuesta tanto mirarnos?

Normalmente cuando nos miramos al espejo no lo solemos hacer con atención. Pasan dos cosas fundamentales, lo primero es que cuando nos miramos lo solemos hacer para arreglarnos rápidamente y salir, verificamos que todo está en su sitio. Si nos miramos algo más allá, desgraciadamente, la mayoría de personas nos enfocamos solo en lo que no nos gusta. Por ejemplo, si no te gusta tu cadera, lo primero que mires al verte al espejo será tu cadera, al igual que pasa con la nariz, el pecho… Tendemos a fijarnos mucho en los complejos, y si solo te miras y te centras en lo que no te gusta, no te va a gustar mirarte. De esta manera tampoco vas a saber lo que sí te gusta, lo que tienes bonito, pues por desgracia lo malo siempre pesa más que lo bueno.

Con este libro pretendo ayudar a las personas a cambiar la perspectiva de la mirada. Dejar de fijarte en eso que no te gusta, porque en muchas ocasiones no puedes hacer nada, y empezar a tener en cuenta las partes que si te agradan o las que nunca te habías fijado para potenciarlas. Es un proceso al que yo llamo limpiar la mirada, fijarse en lo bueno, y es en ese momento cuando te das cuenta de que tienes muchas otras opciones positivas, y es cuando comienzas a sentirte mejor y a ponerte un tipo de ropa que antes no te ponías y que te favorece.

También se puede limpiar la mirada en cuanto a la conducta…

Por supuesto, pasa exactamente lo mismo. Cuando aclaras tu mirada y te dejas de centrar en lo que se te da mal o lo que te cuesta más hacer, y te enfocas en lo que haces realmente bien, cambia tu perspectiva en 360 grados. Una de las cosas que yo más he experimentado es que cuando dejamos de mirarnos lo malo a nosotros mismos, dejamos de ver lo malo de los demás. En ese momento empezamos a llenar nuestra vida de positividad, porque en vez de decir mira eso que feo, dices mira que bonito, y eso tiene unos efectos muy beneficiosos en nuestro bienestar. Tenemos la mala costumbre de criticar, por sentirnos mejor con nosotros mismos o por puro placer, pero también se debe hacer a la inversa, con las cosas positivas.

La primera impresión, instinto de supervivencia

La primera impresión depende de unos 15 segundos aproximadamente. ¿Cómo de importante es esa primera imagen que transmitimos?

La primera imagen es básica, cuando vemos a alguien, inconscientemente le ponemos una etiqueta, y no es cuestión de crítica, sino que es una expectativa visual, que no se tiene que confundir con un estereotipo. Cuando vemos a alguien, por sus rasgos físicos y sus movimientos, podemos pensar si esa persona me parece simpática, buena o mala, o seria, aunque no la conozcamos de nada.

Cuando dejamos de mirarnos lo malo a nosotros mismos, dejamos de ver lo malo de los demás

No podemos evitar tener una primera imagen de alguien, es un instinto primitivo que tenemos para protegernos. Ahí está el problema, no es ni bueno ni malo tener una imagen de persona borde, el problema es no ser consciente de que se da esa imagen a los demás, porque entonces no vas a poder mejorar tu comunicación, sino que vas a estar siempre preguntándote por qué la gente te ve así. Y esa imagen puede estar determinada por tu postura corporal, por tu altura o por cualquier cosa. Muchas veces no nos paramos a pensar esto y es clave para saber cómo nos ven los demás y enfocar mejor lo que queremos proyectar.

El problema que tenemos es que cuando nos ponen una etiqueta con la que no nos sentimos identificados, pensamos que somos así, aunque no nos demos cuenta, o que algo hemos hecho mal, cuando en realidad es que se debe a que tienes el pómulo muy marcado y eso te hace parecer más seria o parecer más agresiva.

¿Y todo esto no es un poco superficial? ¿No depende más del criterio de la persona que mira?

Es superficial si te fijas en cómo alguien va vestido, peinado o si le favorece o no. La parte de belleza sí sería superficial, lo otro es instinto primitivo. Cuando comencé a escribir el libro, busqué información sobre esto y me di cuenta de que existían estudios que lo avalaban. Nosotros ponemos esa etiqueta para saber con quién podemos comunicarnos y con quién no, como un método para protegernos, pues si hay alguien que ves visualmente agresivo tu instinto te dirá que no debes acercarte por tu bien.

No podemos evitar tener una primera imagen de alguien, es un instinto primitivo que tenemos para protegernos

Pero lo primero y más importante es tener la imagen que se quiere dar. Si yo sé que transmito una imagen de altivez, de seriedad y es la que quiero dar, todo el mundo tendrá la misma imagen. Ahora, que a una persona le guste y a otra no, eso es distinto, ahí entra otra vez la parte de la belleza, y la belleza es subjetiva, si te gusta la seriedad te gustará esa persona, y si no pues no. Pero, ante todo, no podrás negar que es seria.

Sé auténtico al proyectar tu imagen

Entonces dependiendo de lo que queramos mostrar a los demás nos vestiremos o actuaremos de una manera u otra, pero intentar cambiarlo de manera consciente ¿no es un poco forzado? Es decir, si a alguien no le gusta ir de otro color que no sea el negro y se viste de azul, ¿no irá más inseguro que si lo hiciese de negro?

No, lo que tiene que hacer es asumir el negro, la sobriedad y seriedad que le aporta y jugar en ese caso con la expresión y la actitud. Es importante recalcar que la primera imagen se forma en un 55% con la expectativa visual, en un 38% con la expresión no verbal y en un 7% con la comunicación verbal. Por tanto, no es solo lo que se ve, sino como lo vives y como lo mueves. Si va de negro, pero enseguida está sonriendo o hablando, te vas a olvidar que va vestida de ese color.

Por ejemplo, ¿qué debemos trabajar antes de ir a una entrevista de trabajo?

Ante todo, hay que ser auténticos, la comunicación de este tipo no se trata de disfrazarse y decir tengo que hacer esto o esto otro. Debemos pararnos a pensar cuál es el objetivo de nuestra imagen, en el caso de una entrevista de trabajo tendré que preguntarme qué quiero transmitir, a qué empresa voy, si es seria o más creativa. Y a partir de ahí voy a sacar mi lado más serio o mi lado más creativo, pero no voy a mostrar nada que no sea parte de mí.

Para mí lo que no puede faltar en la actitud es la cordialidad, ser amable con los demás

Lo mismo nos ocurre cuando hablamos con niños pequeños, no utilizamos ni el mismo tono de voz, ni las mismas palabras que lo hacemos con alguien de nuestra edad, pues pasa igual, nos adaptamos según el evento que tengamos. La actitud es clave.

Cómo potenciar la positividad y la buena actitud

Y ¿cómo podemos tener una buena actitud como la que mencionas?

Un ejercicio que yo hago para empezar el día con buen pie y buena actitud es, nada más levantarme, respiro y sonrío, así me aseguro de comenzar bien la jornada. Tener positividad y una buena actitud es como el deporte, se practica. No todos estamos de buen humor cada día, pero en si es el caso, hay que plantarse y decir, vale no estoy teniendo un buen día, qué voy a hacer para salir de esto. Si tomas la responsabilidad de cambiar la situación, será una tarea fácil. Siempre existe algo a lo largo del día que nos hacen cambiar a una actitud mejor, pequeñas cosas como ser cordiales, decir hola, gracias, adiós, una sonrisa ajena. Pero con solo fijarse en los bares lo vemos, la gente no lo hace, y eso lleva tener una peor actitud. Es mucho más fácil echar la culpa a cosas externas, como es que esa persona tal o es que tengo un mal día, a nadie le gusta sentirse culpable de las malas situaciones, pero eso hay que dejarlo a un lado para pasar a la acción.

Debemos limpiar la mirada, fijarnos en lo bueno que tenemos para potenciarlo y sentirnos mejor

Para mí lo que no puede faltar en la actitud es la cordialidad, ser amable con los demás, tener en cuenta que estamos rodeados de personas y actuar de tal manera. Y por otro lado la positividad, todo es mejor si intentas reír y sonreír a cada momento, sé que no siempre es fácil, pero se debe intentar. Suelo hacer muchas formaciones a empresas de cara al público, donde el tema de la cordialidad a veces parece que lo tienen un poco pendiente. En esos casos, lo primero que les digo en las ponencias es que no les debe importar la desgracia ajena, ellos están haciendo su trabajo lo mejor posible, y si en algún momento entran en un bucle de saturación, hay que pararse a pensar en algo bueno que haya pasado durante el día, no hace falta que sea algo muy reseñable, a veces en las pequeñas cosas como un café y una buena conversación, que haga buen tiempo o aparcar cerca de donde vamos, puede ser algo que nos haga cambiar el chip.

Pero hay que saber que la cordialidad debe ser solo de ida, es decir, yo soy amable con los demás sin la necesidad de que me respondan con lo mismo, pues no es su obligación. En el libro digo que no se puede controlar la actitud de los demás, pero si cómo nos afecta, y para que no nos afecte no debemos hacer las cosas esperando algo a cambio. Si le das las gracias a alguien y no te contesta, quédate tranquilo y piensa que tú has hecho lo correcto, pues si esperas que te conteste y no lo haces puedes sentir frustración.

Mírame

Hay que aprender a mirarse en el espejo sin juzgar lo que vemos.

Esa frustración también puede aparecer por culpa de las redes sociales, especialmente Facebook e Instagram, que crean una idea irreal de la imagen y de la belleza ¿Cómo podemos evitar caer en la desmotivación o en la baja autoestima al verlas y compararnos?

Hay que tener clara la idea de que todo ese mundo no es real. Yo subo fotos a las redes porque me apetece, y al igual que ocurre cuando doy las gracias, no espero nada a cambio. Si esperas comentarios, likes y demás en tus fotos, será cuando comience la frustración. Pero existe ese riesgo, especialmente en los jóvenes, por lo que tenemos que advertirles de que si utilizan estas redes sociales existe la posibilidad de que surjan problemas como el ciberbullying, hay que tenerles informados de los riesgos y que no se obsesionen con ello.

La fotogenia no es cuestión de belleza, sino una combinación de físico –saber sacarse partido– y actitud

Pasa lo mismo que cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia y tenemos miedo de que empiecen a beber o a fumar, pero no puedes tenerles en casa encerrados, es entonces cuando hay que informarles de los riesgos que conlleva cada cosa para que puedan decidir sabiendo todas las consecuencias, lo mismo ocurre con las redes sociales y con internet en general.

Dedicas un apartado del libro a hablar sobre la fotogenia ¿Nos das algunos trucos para salir bien en las fotos?

Lo primero que tenemos que hacer es aceptarnos tal y como somos, y lo segundo es que la fotogenia no es cuestión de belleza, sino una combinación de físico –entendido como saber sacarse partido– y actitud. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, las fotografías selfies –al tomarse desde tan cerca– deforman en parte la cara, por lo que lo que ves no es del todo real. Para mí la única manera de salir bien es salir feliz, cuando me están haciendo una foto pienso en algo que me hace sonreír, también debemos conocer cuál es nuestro lado bueno y potenciarlo.

Otra de las cosas muy importantes es querer salir realmente en la foto, porque muchas veces tenemos vergüenza y nos sentimos incómodos, algo que se nota bastante en el resultado por la tensión del cuerpo. En esos casos hay que relajarse y pensar que solo va a ser un momento o reclinar la invitación de aparecer en la foto.

Otro de los trucos para salir bien es dejar que se tome correctamente la fotografía, es decir, no hay que moverse hasta que no hayan bajado la cámara o el móvil, así evitarás salir con gestos extraños o movida. Estar atento de la postura corporal, la posición de las manos, poner una sonrisa natural… además de buscar un entorno bonito, son las claves para conseguir fotos dignas de portada de revista.

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