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Vicente Garrido

Doctor en Psicología, criminólogo y autor de 'Asesinos múltiples y otros depredadores sociales'
El perfil psicológico y las motivaciones de los asesinos múltiples y de los asesinos en serie son muy diferentes. El criminólogo Vicente Garrido analiza las causas de la violencia extrema en estos y otros tipos de homicidas.
Entrevista a Vicente Garrido, autor de 'Asesinos múltiples'
“La clave para entender al asesino múltiple es que su deseo de venganza está basado en la idea de que está devolviendo las injusticias o sufrimientos que le han infligido”
Escrito por: Eva Salabert

08/11/2018

Aunque los asesinatos múltiples y en serie son más frecuentes en ciertos países como Estados Unidos, lamentablemente se pueden producir en cualquier lugar del planeta. Los familicidios, en los que el sujeto asesina a miembros de su familia son los asesinatos múltiples más comunes a nivel mundial, pero en otros casos el homicida acaba con la vida de personas elegidas al azar, o que tuvieron la mala suerte de encontrarse en el lugar y el momento equivocados, como los pasajeros del avión de la compañía Germanwings, estrellado a propósito por su piloto, Andreas Lubitz, que decidió “morir matando”, según reveló la investigación posterior. Vicente Garrido, doctor en Psicología y experto en Criminología, acaba de publicar su nuevo libro Asesinos múltiples y otros depredadores sociales (Ariel, 2018), en el que con un lenguaje sencillo y ameno explica las características, motivaciones y modus operandi de los asesinos múltiples y de los asesinos en serie, e incluso el tipo de víctimas preferidas por estos criminales.


Asesinos múltiples

Tanto la ficción, como la realidad, nos han ayudado a familiarizarnos con las figuras de asesino múltiple y asesino en serie pero, ¿cuáles son las principales diferencias entre estos dos tipos de criminales?

El asesino múltiple actúa en un solo acto o una misma secuencia; es decir, que la acción tiene un inicio y un final bien delimitados en el tiempo. Pueden ser minutos, o durar horas en aquellos casos en los que la acción se lleva a cabo en un edificio con diferentes estancias, como un instituto, una universidad…, pero se produce en un solo acto.

El asesino en serie, por el contrario, comete sus crímenes de una manera ocasional, en el marco de una vida convencional. Eso significa que entre una acción y otra hay lo que se conoce como un 'periodo de enfriamiento', y que toda la activación emocional que dio lugar a la acción criminal finaliza. El sujeto puede tener sus trofeos, sus recuerdos, etcétera, pero se integra en su vida convencional, de tal manera que esa actividad criminal puede prolongarse durante meses o años, e incluso en el caso de los sujetos que nunca han sido detenidos, abarcar una buena parte de su vida, aunque suponemos que en algún momento dejan de matar.

El asesino múltiple actúa con un fuerte sentimiento de legitimación moral

Así, en el caso del asesino en serie más longevo –en el sentido de que tardó más en ser capturado–, Dennis Rader, alias BTK, creo recordar que empezó a matar en el 1974 y fue capturado en el 2005, y lo que sabemos es que en los últimos 16-17 años no había matado. Probablemente, se llega a un periodo de mayor tranquilidad fisiológica, menos activación emocional vinculada con el deseo de dominio, o el deseo sádico –que es muy característico de los psicópatas sexuales–, y de alguna manera el sujeto ya no se expone. No es que no siga teniendo fantasías o deseos, pero el caso de Dennis Rader es muy interesante porque escribió un libro en el que explicó que todavía tenía fantasías homicidas, pero que sencillamente ya no consideraba que valiera la pena volver a correr el riesgo.

Esto es lo contrario a lo que hace un asesino múltiple, que suele matar a la vista de todos y sin pretender ocultarse…

Ambos tipos de asesinos tienen un perfil muy diferente. Aunque hay algunos casos –muy pocos– donde podríamos pensar que tienen parecidos importantes en algunos aspectos, en general los perfiles están muy diferenciados. El asesino múltiple lo que desea, y lo que de alguna manera cataliza su acción, es precisamente la exposición; es decir, que todo el mundo pueda comprender que él está llevando a cabo un acto de justicia o un acto de venganza. Está mostrando un comportamiento que de alguna manera denuncia los maltratos y las injusticias que él cree que ha recibido. Y la exposición es fundamental, porque si nadie supiera lo que ha hecho, no podría reivindicar la acción que está llevando a cabo y las causas de ello.

En el asesino múltiple hay un sentimiento muy profundo de indignación y de humillación, en el sentido de que son coleccionistas de agravio

Por eso es tan habitual en los homicidas múltiples que, desde que existe Internet, suban vídeos a la red, o escriban manifiestos en los que explican las razones por las cuales han sido ultrajados y toda la colección de agravios que les han llevado a una situación desesperada. Y por eso yo planteo en el libro que tenemos que pensar que el asesino múltiple actúa con un fuerte sentimiento de legitimación moral. Es decir, la clave para entender al asesino múltiple es que el deseo de venganza está basado en la idea de que él está devolviendo las injusticias o los sufrimientos que le han producido determinadas personas, o determinadas instituciones, o quizá la sociedad en general. Y por ello la exposición, y el suicidio como culminación de esa nueva acción, es fundamental.

Concepto de desesperación

El suicidio en el asesino en serie es muy raro, o casi inexistente, porque el asesino en serie lo que quiere es morir en su cama muy viejo, y mientras matar para poder vivir el tipo de emociones que le gustan. El asesino múltiple ve el suicidio como una liberación a su sufrimiento, y no desea presenciar lo que sucederá posteriormente, porque sabe que si se entregara o le detuvieran iría a la cárcel, la gente le llamaría loco o monstruo, y volvería a ser un perdedor.

¿Y cuál crees que es entonces el objetivo último del asesino múltiple, más allá de quitar la vida a unas cuantas personas, que muchas veces ni siquiera conoce?

Lo que pretende es crear un nuevo relato donde él aparece como alguien poderoso, porque su identidad está muy lastimada. Se sienten fuertemente atacados en su autoestima, y quieren sembrar el caos porque con ello, aunque parezca un contrasentido, alcanzan un equilibrio. Y por eso muchos asesinos múltiples han dejado en sus escritos que cuando empezaron a generar sus escenarios y a imaginar lo que iban a hacer, a recolectar armas, etcétera, se sintieron mejor y recuperaron la confianza en sí mismos, porque empezaron a ver una salida a un futuro que les estaba angustiando.

En el yihadismo, la 'gasolina' que inflama la determinación asesina no es tanto el sufrimiento personal, como la idea de representar a un pueblo que está siendo perseguido

Esto es algo parecido a lo que sucede con los yihadistas, que cuando, entre comillas, “encuentran la verdad”, y saben que su camino es ser suicidas bomba, o morir en un asalto, etcétera, empiezan a sentirse de alguna manera en el camino de la beatitud, en el camino de la glorificación o del martirio. Por supuesto, son tipos diferentes de asesinos, y el asesino yihadista actúa por motivos religiosos o ideológicos, o ambos, pero hay puntos de conexión, en la medida en la que en ambos casos han diseñado un futuro de destrucción.

El terrorismo, un tipo diferente de asesinato múltiple

Con respecto a los terroristas yihadistas, comentas en el libro que justo cuando ya han tomado la decisión de llevar a cabo ese atentado en el que probablemente van a perder la vida, se produce en ellos una transformación, se les ve más felices, más cariñosos con sus allegados…

Sí, a eso me refiero. Porque fíjate que, aun cuando hay grandes diferencias, se trata en general de personas que, por diferentes razones, encuentran que la vida que están llevando ya no es tolerable por más tiempo. En el caso de los yihadistas jóvenes de Ripoll que analizo en el libro, esto sucede porque ha habido un imán que les ha adoctrinado.

Concepto de suicidio

Por las razones que sea llega un momento en el que el día a día, sus actividades, sus tareas…, les parecen algo superfluo, vacío, y no ven un futuro en eso. Entonces, mientras que en el asesino múltiple hay un sentimiento muy profundo de indignación y de humillación, en el sentido de que son coleccionistas de agravios, en el yihadismo esto no tiene por qué ser tanto así, porque la gasolina que inflama esa determinación asesina no es tanto el sufrimiento que están teniendo, como la idea de que de alguna manera tienen que representar a un pueblo que está siendo perseguido, a un pueblo que está siendo objeto de la corrupción y de la violencia de los infieles.

Un asesino en serie no recibiría ningún bienestar por ir a un psiquiatra porque no considera que esté enfermo, ni trastornado, y no colaboraría en la terapia

El caso del yihadismo es más una especie de asunción de una doctrina que te ves impelido a cumplir, por lo que no depende tanto de que tú te sientas profundamente humillado, o discriminado o maltratado, porque en el caso de Ripoll, y otros que se han estudiado, se trataba de gente que estaba bien integrada en la sociedad, e incluso tenía estudios y había ido a la universidad.

Esto, sin embargo, es más verdad en el caso del asesino múltiple, donde al no tener una ideología, o al menos no ser esta relevante en la determinación del crimen, lo que importan son tus sentimientos, el hecho de haber pasado por situaciones que a ti te han producido un dolor inmenso, una tremenda ira, y que te impulsan a transformar el relato de un perdedor en el relato de un vengador, de alguien que tiene poder y castiga a los culpables, o a las personas que simbólicamente están asociadas con el objeto de su ira.

Si hay algunas características que ya se han definido y que se pueden manifestar cuando un individuo se ha radicalizado, ¿se podría hacer algo para detectar y prevenir el adoctrinamiento con fines criminales?

Aquí hay dos problemas muy graves. Uno es que muchísima gente puede estar de acuerdo o estar a favor de las doctrinas del ISIS, de las doctrinas terroristas vinculadas con el salafismo –que es la rama violenta del Islam–, pero no pasar a la acción. Dicho de otra manera, la gran mayoría de la gente que está a favor de la versión radical del Islam probablemente no correría el riesgo de perder su vida, porque no olvides que el instinto de supervivencia es lo más fuerte que tiene el ser humano, y no se van a convertir en criminales, y esto implica que los indicadores no son tan claros.

Y otra cosa que sucede también es que la inteligencia tiene sus límites, y en un estado de derecho, al menos en las democracias occidentales, tú no puedes poner un micrófono donde te dé la gana, por lo que un individuo puede idear una acción privadamente, y llevarla a la práctica de una manera muy rápida y sin que se pueda prever, por lo que resulta muy complicado.

Y en el caso de que unos padres detectaran esta radicalización en su hijo y quisieran evitar que acabara herido, detenido o muerto. ¿Se podría hacer algo, a nivel de tratamiento psicológico para revertir el adoctrinamiento al que se ha sometido a ese joven?

En realidad, esto que estás comentando ya existe en las escuelas de Estados Unidos, donde existe un protocolo para los tiradores escolares, que se activa cuando, por ejemplo, un profesor, o sus amigos, tienen conocimiento de que una persona ha proferido amenazas, o ha manifestado de alguna manera su deseo o su voluntad de dañar o matar a otras, aunque no haya hecho nada todavía. En estos casos se avisa al FBI, y se realiza una evaluación mental del individuo; hay una valoración del riesgo. Por lo tanto, en las escuelas sí se lleva a cabo una labor de prevención.

La investigación es muy concluyente sobre esto: nunca las mujeres son más violentas que los hombres, en ninguna época, en ningún país

Sin embargo, si un padre, hablando por ejemplo de España, observara que su hijo está adoptando determinadas actitudes que le hicieran sospechar este problema, tendría que enfrentarse a un dilema a la hora de ponerlo en conocimiento de las autoridades con objeto de que pueda haber algún tipo de respuesta, porque si el chico no ha hecho nada excepto proferir opiniones a favor del ISIS, eso no es un delito. Lo que es un delito es propagar o hacer proselitismo de la violencia. Aquí el padre tendría que tomar una decisión, y o bien ponerlo en conocimiento de las autoridades para que hablaran con el chico y le explicaran que ese tipo de pensamientos pueden llevarle a la cárcel, o bien buscar una ayuda privada, de tipo mental. Pero yo entiendo que eso para los padres es complicado, porque de alguna manera tu familia se estigmatiza.

Respecto a solicitar ayuda de un psicólogo o psiquiatra, las creencias radicales no son un trastorno mental, y los consejos tendrían que ser de índole educativa, y que por ejemplo el joven tuviera la oportunidad de relacionarse con otra gente, o de descubrir alguna afición que le hiciera sentirse más realizado como persona… Pero acudir a un psicólogo o a un psiquiatra por unas ideas, aun cuando puedan ser radicales, probablemente no tendría mucho sentido, y no creo que pudiera ser efectivo porque, en primer lugar, la persona con esas ideas no cree que tenga ningún problema, ni mental ni de ningún otro tipo, y experimentaría un profundo rechazo a la terapia.

Concepto de desesperación

Otra cuestión es que ese joven tuviera también alucinaciones o pensamientos extraños, es decir, que se pueda sospechar que detrás de eso hay por ejemplo un trastorno de personalidad, o algún tipo de alteración emocional. Entonces sí se puede solicitar la opinión de un especialista, pero la mera asunción de un ideario extremista o radical de cualquier tipo, no creo que se pueda solucionar con un tratamiento psicológico; ese no sería un camino adecuado.

Entiendo que entonces tampoco se podría evitar la conducta de un asesino en serie con ningún tipo de tratamiento psicológico…

Claro. De hecho, me estoy acordando de un caso que sucedió hace unos años, el de un celador que mató a 11 mujeres en una residencia de ancianos en Olot (Cataluña). Este es el primer asesino en serie en la historia de España en el ámbito hospitalario o de servicios, lo que se llama un 'ángel de la muerte'. Es un caso muy importante en criminología y este hombre, que trabajaba como celador en la residencia donde asesinó a las víctimas, estaba yendo al psiquiatra, estaba en tratamiento. Y le comentaba al especialista que tenía ansiedad, pero no le decía que tenía muchas ganas de matar a alguien. Por eso digo que un asesino en serie no recibiría ningún bienestar por ir a un psiquiatra.

En Estados Unidos la violencia se ve de manera diferente a como se ve en Europa, en el sentido de que no se considera un comportamiento tan excepcional

Para empezar, ellos no se consideran enfermos, ni trastornados y este tipo de personas no acuden jamás a tratamiento. En los últimos años hay ciertas esperanzas pero, en lo sustancial, sigue siendo un tratamiento muy complicado porque una terapia, tanto si es individual, como grupal, tiene éxito en la medida en la que la persona colabora, es decir, es honesta, e intenta establecer un vínculo positivo y no manipular. Y si el asesino es un psicópata, hace justamente lo contrario. Curarse no es un concepto que tengan en cuenta, sino que podrían, como mucho, tener interés en controlar su comportamiento.

¿Es el asesinato 'cosa de hombres'?

Por los ejemplos que pones en el libro, parece que es más probable que el asesino múltiple sea un hombre, que una mujer. ¿Es menos frecuente que las mujeres cometan este tipo de crímenes?

Sí, es mucho menos frecuente. Piensa que cuanto más violento es el acto, menos participa la mujer, con la excepción de la muerte de niños muy pequeños, donde intervienen otras variables –como problemas mentales, depresión posparto, en algunos casos también relaciones complejas con los padres…–, y el porcentaje está bastante equilibrado. Pero salvo el neonaticidio (niños de meses), el asesinato en general siempre es un acto de los hombres. Y el asesinato múltiple es un acto de violencia extrema, y aunque no he hecho el cálculo, el porcentaje de hombres podría ser de un 95%.

En ese caso debe de haber factores de riesgo, tanto características de la personalidad como del entorno, que favorecen o desencadenan la comisión de un asesinato múltiple.

Teniendo en cuenta que en cualquier época y en cualquier país las mujeres cometen muchos menos actos de violencia, tiene que haber razones de tipo innato, de tipo biológico, que estén inscritas en su código genético, junto a otros factores sociales. La evolución hace portadora a la mujer de la capacidad de engendrar y le confiere el instinto materno porque el niño, a diferencia de otros animales, necesita mucho tiempo para valerse, y tiene un apego muy prolongado con la madre. Por ello, la evolución proporciona a las madres un fuerte instinto de protección, de empatía, de cuidado, porque la supervivencia de la especie depende de eso.

El hecho de que los niños estén expuestos sin supervisión a una cantidad ingente de modelos de violencia puede ser un factor catalizador de acciones violentas en el futuro

Y, de algún modo, esas características dificultan que luego las mujeres sean tan violentas como los hombres; lo cual no significa que los hombres no quieran a sus hijos. Pero la investigación es muy concluyente sobre esto: nunca las mujeres son más violentas que los hombres, en ninguna época, en ningún país. Otra cuestión es que por razones culturales haya mujeres que efectivamente se dediquen a matar, por ejemplo en una guerrilla o en una mafia, donde hay un proceso de socialización desde pequeños muy fuerte.

Pero sí ha habido casos de parejas formadas por un hombre y una mujer que se dedicaron a matar en serie. Recuerdo, en concreto, a una pareja británica de los años 60 del siglo pasado que cometieron numerosos asesinatos antes de ser detenidos.

Sí, los West. Desde el punto de vista biológico, el hombre, por sus características biológicas y hormonales, y el propio funcionamiento neuroquímico del cerebro, está más predispuesto a utilizar la violencia. Y también es verdad que desde el punto de vista cultural en las mujeres se fomenta más que en los hombres la negociación, el diálogo –las alternativas a la violencia–, mientras que en los hombres eso se fomenta menos, porque parece que la agresividad y el éxito social estén unidos, al menos en ciertos aspectos.

Pero el hecho de que jamás en la historia las mujeres destaquen por su violencia en ningún país, denota claramente la existencia de un componente genético muy importante, asociado con lo que he comentado antes sobre la exigencia evolutiva de que la madre es la que da a luz, la que gesta durante nueve meses, y de la que depende la supervivencia del niño. Estoy hablando en términos evolutivos, y la evolución del hombre abarca un millón de años, por eso, el hecho de que llevemos 200 años en los que los hombres puedan educar a sus hijos y cuidarlos muy bien si falta la madre, en la historia de la evolución son cinco segundos, y hasta hace cinco segundos, si una madre no estaba capacitada para atender a su hijo, su hijo se moría.

Por supuesto que hay mujeres asesinas y psicópatas, que matan a sus parejas, asesinas en serie o que colaboran con asesinos en serie, mujeres que están en guerrillas o en organizaciones terroristas, que ponen bombas y matan, claro que sí, pero la violencia intensa y letal es algo muy asociado al género masculino, y no es que la mujer no pueda ser violenta, sino que desde el punto de vista biológico y social lo tiene mucho más difícil.

Percepción de la violencia en España versus Estados Unidos

Imagino que la principal diferencia entre los asesinos múltiples estadounidenses y los españoles es que los primeros utilizarán armas de fuego con frecuencia, ya que allí es fácil acceder a ellas. Pero, ¿hay otros rasgos de la personalidad o factores ambientales que difieran entre ellos?

Sí, la gran diferencia, como has dicho, es que aquí en España no existe la figura del tirador masivo, y en eso el acceso a las armas tienen mucho que ver, porque en España es difícil conseguir un arma para la gente que no forma parte del mundo de la delincuencia o del crimen organizado, y generalmente los asesinos múltiples no vienen del mundo de la delincuencia y la marginación, sino de la sociedad convencional.

Por otra parte, la cultura de Estados Unidos es muy diferente a la cultura española o latina, y en general europea. Muchas veces se olvida que Estados Unidos tiene 200 y pico años de vida, y que el país ha crecido y ha vivido con la violencia: la lucha contra los indígenas, contra los ingleses para conseguir la independencia, la guerra civil, la 1ª Guerra Mundial, la 2ª Guerra Mundial, la guerra del Vietnam…, y que durante buena parte del siglo XIX y, por supuesto, del siglo XVIII, la supervivencia dependía de que tuvieran un arma.

Lo que quiero decir es que en Estados Unidos la violencia se ve de manera diferente a como se ve en Europa, en el sentido de que no se considera un comportamiento tan excepcional, y esas diferencias culturales también se plasman en las leyes, y por ejemplo en muchos estados si alguien traspasa tu propiedad sin tu permiso y te sientes amenazado, y coges una pistola y lo matas, actúas dentro de la ley, siempre y cuando puedas demostrar que te sentías amenazado. A esto habría que añadir que es una sociedad muchísimo más competitiva, donde el éxito social lo es todo, donde mucha gente que no tiene dinero no recibe atención médica o psiquiátrica…, y si vas sumando factores comprendes por qué en Estados Unidos se producen tantos asesinatos múltiples y en España no.

No obstante, a pesar de que lo que más destaca es el tiroteo masivo, si consideramos el asesinato múltiple en su conjunto, lo que domina es el familicidio, es decir, la gente que mata a miembros de su familia y a personas muy allegadas. Dedico un capítulo del libro a explicar cómo se mata en España. Y básicamente es el resultado de discusiones, disputas, ya sea con amigos, conocidos, personas que tienen dificultades de convivencia por diferentes razones: por problemas económicos, personales, o de otra índole, tanto en el marco de la familia, como de la actividad criminal, como los ajustes de cuentas entre mafias.

En muchas películas y series americanas nos pintan al asesino en serie como alguien que ha sufrido un trauma en su infancia o adolescencia, ¿es así en la vida real, o se trata de una licencia que se toman los autores de ficción?

Buena pregunta. Vamos a ver, es cierto que un número importante de asesinos en serie ha sido objeto de malos tratos, y malos tratos severos, pero no se puede decir que la mayoría lo hayan sido, porque llevamos 40 o 50 años recopilando estadísticas y disponemos de un número importante de gente en términos de muestra, y hay casos en los que no puedes encontrar esa situación de maltrato. Ahora bien, ¿significa eso que vivieron o tuvieron experiencias que pudieron generar en ellos o disparar esa necesidad de matar? Pues probablemente se produjeron, pero claro, en la medida en que en ellos existía esa posibilidad de ser asesinos en serie, porque las experiencias traumáticas no conducen necesariamente a ese tipo de comportamientos.

El asesino BTK ha publicado hace poco un libro en el que él afirma que con sus padres y su familia no tiene ningún problema, y que ya de niño se sintió muy atraído por actos de sadismo, y se sintió fascinado y excitado por la violencia. Y yo creo que eso es un factor muy importante, y no se entiende muy bien por qué en estos casos ocurre así, y tendríamos que entrar en analizar el desarrollo neurológico, y comprobar si, como señalan algunas teorías de la neurociencia, esta conducta podría estar asociada a un desarrollo anómalo de las funciones cerebrales, pero en realidad desconocemos por qué se produce esto, como ocurre en otros tantos ámbitos de la ciencia.

Lo que sabemos es que el criminal tiene que desarrollar una personalidad psicopática; esto en la mayoría de los casos, porque en otro son psicóticos que sufren alucinaciones, delirios…, son lo que en el lenguaje popular se conoce como locos o personas muy trastornadas, pero alrededor del 75% de los casos son psicópatas. Sin embargo, la inmensa mayoría de los psicópatas no son criminales, y lo único que puedo decir es que hay gente que está más protegida que otra frente al desarrollo de violencia extrema, y que en las personas que nacen con una cierta predisposición –como ocurre en el caso de enfermedades como el cáncer– el factor ambiental puede desempeñar un papel importante.

Dices que “la ficción ayuda a crear monstruos no solo en la imaginación, sino en la vida real… y contribuye a darles forma, porque la ficción se integra en la cultura, y los asesinos también la absorben mientras se hacen adultos”. Vivimos una época en la que niños y adolescentes no se separan de sus móviles, series y videojuegos y tienen casi más relaciones virtuales que cara a cara. ¿Cómo puede afectar esto a su percepción de la realidad, especialmente en el caso de individuos con algún trastorno psicológico o de conducta?

La respuesta más científica a tu pregunta es: todavía no lo sabemos. Porque los niños tienen acceso a los móviles desde hace unos seis o siete años, y no ha pasado suficiente tiempo para contestar a esa pregunta. Ahora bien, si lo que me preguntas es si yo pienso si eso puede ser nocivo, la respuesta es: sí, sin duda puede ser nocivo para determinados chicos. En aquellos chicos sensibles o vulnerables, el acceso a imágenes y modelos de violencia es un factor de riesgo muy importante, y en la medida en que esos modelos se multipliquen y sean accesibles de una manera más intensa y rápida, es evidente que las oportunidades de que esos niños vulnerables imiten modelos de violencia, aumenta.

Es decir, antes de existir la sociedad digital esos modelos los tenías o en la tele o en el cine, o si vivías en un mal barrio a lo mejor en la calle pero, en general, el grueso de la población no tenía esos modelos a su alcance, y ahora esto ha cambiado y puedes tenerlos en cualquier momento en tu teléfono, en tu tablet, en el ordenador… Así que utilizando el sentido común, en la medida en que los niños vulnerables actualmente están expuestos sin supervisión a una cantidad ingente de modelos de violencia de cualquier tipo, mi valoración es que eso no va a ser un elemento positivo, y puede ser un factor importante en el futuro como catalizador de acciones violentas. Pero no se sabe si esto está ocurriendo ya, y hay que dejar pasar unos años para comprobarlo.

También sabemos que hay gente que gracias al hecho mismo de la grabación se siente motivado para cometer un crimen. El hecho de que lo vayas a compartir con un grupo que apoya ese tipo de comportamientos, hace que la expectativa de la grabación se integre en la propia motivación del crimen. Ya tenemos ejemplos negativos porque hay gente que ha cometido crímenes, los ha grabado, se han difundido, y sabemos que ahora mismo se está utilizando el crimen real como un elemento de propagación de ideas; de hecho, la yihad lo hace continuamente.

Me quedo con la impresión de que no parece que podamos hacer nada para defendernos a nivel social de este tipo de asesinos, ni de los múltiples, ni de los asesinos en serie…

Es que es muy complicado, salvo que sean enfermos mentales que tengan una sintomatología clara y, en tal caso, es necesario tener los suficientes recursos culturales y humanos para encauzar el asunto bien, porque hay que tener cuidado con la estigmatización, ya que no todos los individuos con un trastorno mental matan, pero está claro que si alguien tiene un delirio de persecución y piensa que las personas que le rodean le van a matar, un día puede coger un cuchillo y asesinar a varias. Pero salvo esos casos donde el sujeto puede dar señales por su sintomatología de que se siente perseguido y amenazado y de que esto le podría hacer reaccionar con violencia, de otra manera es muy difícil prevenir este problema.

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