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Entrevistas de Tercera edad

Félix López Sánchez

Experto en desarrollo sexual y afectivo y autor de 'La sexualidad y el amor después de los 50 y más'
Las necesidades sexuales, los ritmos y el físico cambian a partir de los 50. Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad, nos explica cómo podemos seguir disfrutando del amor y el sexo en la vejez.
Félix López Sánchez
"La excitación es más lenta a medida que avanza la edad, pero esto no es negativo porque la estimulación es muy placentera, tanto darla como recibirla"
Escrito por: Eva Salabert

07/06/2018

La esperanza de vida se ha incrementado significativamente en las dos últimas décadas; al tiempo que muchos prejuicios han ido cayendo y la mentalidad de la sociedad y de las personas mayores se ha ido abriendo. Ahora, la vejez puede durar muchos años, y no hay por qué renunciar al amor y al sexo en la tercera edad. Es más, como afirma Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad en la Universidad de Salamanca, y autor de La sexualidad y el amor después de los 50 y más (Editorial Pirámide, 2018), “la sexualidad en la vejez tiene unas características propias, y esas son las que hay que vivir”. El autor, experto en desarrollo sexual y afectivo, nos explica cómo abordar el sexo en esta etapa de la vida, y propone que, a partir de cierta edad, lo mejor es abandonar las prisas y disfrutar del camino.


La sexualidad después de los 50

Has escrito un libro sobre la sexualidad y el amor después de los 50. A pesar de medio siglo de vida y experiencia, ¿todavía necesitamos que nos den pautas sobre el amor y el sexo?

La pura espontaneidad puede cometer errores, pero el mayor problema es que ahora mismo hay muchos mitos, algunos viejos que persisten, y algunos mitos nuevos creados casi siempre por la sociedad de mercado, y esto hace que sea necesario ayudar a las personas a que aprovechen el conocimiento científico, que es una cosa buena siempre en todos los campos –y también en el de la sexualidad–, y sobre todo a que se sientan libres, tanto de los viejos mitos, como de los nuevos.

Dices que una primera amenaza a nuestra libertad en la toma de decisiones son las actitudes negativas hacia la sexualidad y las relaciones amorosas. ¿Cuáles son los principales miedos, falsos mitos o prejuicios que impiden disfrutar de una vida sexual y amorosa plena?

Creo que el más grande, el más tradicional, y especialmente muy arraigado en la historia judeo-cristiana –porque los griegos y romanos eran más abiertos–, es que la sexualidad está ubicada en las partes bajas del cuerpo, y que es un instinto peligroso que solo se debe usar con fines procreativos y el resto se debe reprimir. Este mito nos colocaba en una situación muy difícil y represiva, de forma que la gente no podía disfrutar ni de su propio cuerpo, ni de sus propias sensaciones de placer, ni permitirse ningún tipo de motivación ni libertad sexual, más allá de las conductas con fines procreativos. Es un mito muy extendido y que nos ha costado mucho superar.

Y quizás el mito nuevo con más peso en la actualidad, y que tiene sus raíces en el primer Freud –luego ya cambió él la idea–, es que la sexualidad es una necesidad equivalente a la del comer o a otras necesidades de tipo biológico, y que la convierten en obligatoria. Formulado teóricamente, en este nuevo mito se pasa de decir que la sexualidad es una actividad placentera y muy saludable, que permite disfrutar de momentos maravillosos en la vida y dar lugar a relaciones también magníficas, a decir que la actividad sexual es obligatoria, y que es imprescindible tener conductas sexuales, entendidas además como conductas coitales; y esto es un salto terrible porque condiciona la libertad de la persona.

La sexualidad no es obligatoria, no es una condición 'sine quanon' para la salud, y puede haber momentos de la vida en los que no se desee tener sexo

La sexualidad no es obligatoria, no es una condición sine quanon para la salud, y eso es lo que hay que entender. Y puede haber momentos de la vida en los que no se desee tener sexo, o personas que decidan no mantener relaciones sexuales porque no encuentren a alguien que les motive, o porque tienen otro tipo de motivaciones vitales.

Cada vez vivimos más años, por lo que al cumplir los 50 se puede decir que casi queda media vida. ¿Ha influido el aumento de la longevidad en nuestra concepción del amor y el sexo?

Hay muchas personas que se encuentran en muy buen estado de vigor, de maduración vital, de salud…, y eso seguramente lo ha favorecido, pero lo que ha influido más positivamente ha sido el cambio histórico que se ha producido a partir de los años 70-80 en el caso de España, y en otros países un poquito antes. Y es que la gente ha dejado de depender de una moral muy restrictiva, entre nosotros la moral cristiana, en la que la sexualidad carecía de función y la relación con el placer era considerada peligrosa y negativa.

La libertad no existía, de forma que el proyecto era: forma una familia, no te puedes divorciar, y solo puedes tener relaciones con una persona de por vida. Otro enemigo era el deterioro físico, ya que se consideraba que cuando uno se deteriora ya no puede tener vida sexual, a lo que se unía el concepto religioso, porque si ya no puedes tener hijos y el objetivo era la procreación… Aunque no se atrevían a prohibir la sexualidad dentro del matrimonio, después de la menopausia la visión era negativa.

Ahora tenemos un nuevo mito, también peligroso, que es el 'modelo joven', que consiste en la obligación de mantenerse joven a toda costa porque lo único valioso es la juventud. A partir de los 30-35 años empezamos a sufrir porque comienzan los cambios fisiológicos, a partir de los 50 sufrimos mucho más, y al llegar a los 65-70 nos sentimos fuera de la realidad, incluidos los derechos a disfrutar de la sexualidad.

Ese modelo, además, obliga a todas las personas a parecer jóvenes siempre que puedan, y a invertir todo el tiempo y el dinero posible en ser joven –porque hay muchos intereses comerciales–, y esto se extiende al campo de la sexualidad. Es absurdo, y una manera de ver las cosas inaceptables que puede generar una gran insatisfacción y sufrimiento. Y en el caso de los varones, que han sido educados en la competencia, es como si tuvieran que correr cien metros en 11 segundos a los 65-70 años.

Sexualidad para adultos mayores: se acabaron las prisas

Lo normal es que la frecuencia de la actividad sexual disminuya con la edad, pero ¿cómo cambian los gustos y preferencias a consecuencia del envejecimiento?

En este libro lo que he pretendido es no solo criticar la imposición de ese modelo joven, sino dar una visión de la sexualidad en la vejez sin compararla con dicho modelo; por ejemplo, en los libros científicos indican que la excitación es más lenta a medida que avanza la edad. Eso es verdad, pero al decir que es más lenta comparándola con la juventud esto se valora como una condición negativa, y yo he querido dejar constancia de que “se acabaron las prisas”. Se necesita más estimulación con la edad, sí, pero esto no es una desgracia porque la estimulación es muy placentera, tanto darla como recibirla.

El 'modelo joven' obliga a invertir tiempo y dinero en mantenerse joven, y esto se extiende a la sexualidad y puede generar una gran insatisfacción

Por supuesto, no caigo en el error de afirmar que la sexualidad mejora con el envejecimiento, sino que la sexualidad en la vejez tiene unas características propias, y esas son las que hay que vivir. No hay que pretender coitar tres veces seguidas, sino disfrutar de los variados matices del sexo, porque precisamente ahora tienes tiempo para ello. Y así lo explico en los capítulos del libro, en clave humorística: la actividad sexual no depende solo del pene, se acabaron las prisas, disfruta del camino…, y todos aquellos factores que demuestran que la vejez es una etapa propia en la que el sexo se aborda de manera diferente.

Lo que más sorprendió a Masters y Johnson cuando estudiaron a los hombres y mujeres viejos –yo siempre utilizo las palabras ‘viejos’ y ‘viejas’, no mayores, porque mayores son también los niños de tres años respecto a los de dos–, es que cuando observaban que un hombre o una mujer viejos tenían una actividad sexual rica y placentera, lo que había detrás normalmente era una historia sexual buena a lo largo de toda su vida; habían ido viviendo bien cada etapa.

Afirmas que hemos pasado de una cultura represiva en la que estaba mal visto el interés sexual en los adultos mayores, a que sea casi obligatorio mantener relaciones sexuales. ¿Cómo ha afectado este cambio social a las personas mayores?

En España se oye mucho una frase que a mí me resulta divertida a la vez que me enerva, que dice: “cuando no puedas ser joven de cuerpo hay que ser joven de espíritu”. Y yo me pregunto: ¿y el espíritu de viejo por qué va a ser malo? En las personas que saben envejecer, el espíritu viejo tiene ventajas e inconvenientes, aunque el mayor inconveniente es que a los ancianos les queda menos camino de vida, y también es más probable que tengan problemas de salud, pero casi todos son compatibles con la sexualidad, y no hay ninguna necesidad de tener un espíritu juvenil, ni siquiera para disfrutar del sexo.

Por eso hay que combatir este 'modelo joven' que nos quieren imponer, porque a las industrias les conviene para vender cosméticos que prometen mejorar el aspecto físico, ropa, cirugías… Todo con tal de seguir aparentando que se es joven, y eso es darse contra un muro. Incluso en el caso de tener una mala salud, la mayoría de las enfermedades –salvo las fatales y en el periodo más duro– son compatibles con un gozo en las relaciones interpersonales, con tu propio cuerpo y con la sexualidad también.

Después de jubilado uno vive a través de lo que ha aprendido a disfrutar antes de jubilarse: leer, viajar, los valores estéticos, el amor, la sexualidad…

Mi cátedra se incluye en el departamento de evolutiva, y siempre he tenido claro que a un niño hay que hacerle vivir y disfrutar como niño, a un adolescente como adolescente, a un joven como joven, a un adulto como adulto, y a un viejo como viejo. Decía Cicerón que nos pasamos la vida queriendo llegar a viejos, y luego –como no nos educan bien– nos pasamos la vejez quejándonos de la vejez. Y esto no parece una manera inteligente de estar en la vida. Llegar a viejos es bueno, pero viviendo el presente en cada etapa vital, porque mucha gente habla de lo que hará cuando se jubile, y uno vive después de jubilado a través de lo que ha aprendido a disfrutar antes de jubilarse: leer, viajar, los valores estéticos, el amor, la sexualidad…

Evitar la soledad emocional y sexual en la tercera edad

A ciertas edades muchas personas se quedan solas porque pierden a su pareja y sus hijos, si los tienen, viven su propia vida. ¿Qué recomendaría a estas personas para que aumenten su círculo de relaciones y eviten los tres tipos de soledad (emocional, social y sexual/amorosa) que describes en el libro?

Primero habría que establecer medidas desde el punto de vista de política social; fíjate que ahora por primera vez se ha creado algún cargo político destinado a solucionar el problema de las personas solas, y en países como Inglaterra han creado una Secretaría de Estado para la soledad. Es un problema terrible y tendría que haber políticas que favorecieran las relaciones sociales para que la gente estuviera sola únicamente cuando lo deseara.

La soledad es un problema terrible, y tendría que haber medidas políticas que favorecieran las relaciones sociales

Pero para ayudar a las personas con políticas sociales, es muy importante que sepan aprovechar esas medidas o iniciativas antes de llegar a la vejez, y es fundamental que de niños, de jóvenes y de adultos, hayan tejido una red de amistades, porque si nunca has tenido amigos, si no has disfrutado de la amistad, si no has tenido con quién viajar, con quién divertirte, con quién reírte, con quién bailar, con quién comer, con quién cantar…, es muy difícil, aunque no imposible, empezar a construirlo cuando llegas a viejo. Esa red de relaciones sociales es fundamental.

En el libro relato una anécdota que es muy representativa de lo que se puede conseguir solo favoreciendo determinadas condiciones que permitan la socialización. Durante un curso que impartí a médicos de primaria de la provincia de Salamanca, uno de ellos me dijo: “Félix, tienes toda la razón, pero es muy utópico porque yo estoy en un pueblo con 13 familias, dos matrimonios convencionales y el resto viudas, ¿cómo vamos a hacer para que esas viudas se relacionen con más gente?”.

Aunque a ciertas edades ya no haya que temer un embarazo no deseado, sí tienes que prevenir el riesgo de infecciones

Yo le di vueltas, y como este pueblo se encontraba a solo 10 kilómetros de otro donde había un centro de día en el que veían cine, organizaban bailes, teatro, juegos de mesa, viajes…, le dije que hablara con el alcalde del pueblo a ver si era posible invertir dinero en un transporte que llevara a estas personas al centro de día al menos una vez al mes. Y lo consiguió, y a los seis meses me llamó y me dijo que tres de estas viudas estaban enamoradísimas, y otras dos mantenían relaciones sexuales. Y para esto solo hizo falta crear condiciones para que estas personas disfrutaran de una mayor libertad.

Esta es una gestión social necesaria, porque aunque hay muchas personas que ya se saben relacionar porque llevan toda la vida formando parte de grupos, asociaciones culturales, o de senderismo, o colaborando como voluntarios en ONG's, por ejemplo, y saben cómo moverse, pero también hay mucha gente que no tiene esa capacidad de gestión, y ahí es donde podemos echar una mano.

Probablemente las siguientes generaciones que alcancen la vejez tengan una mayor facilidad para relacionarse…

Sí, lo que digo siempre es que ahora los que estamos entrando en la vejez fuimos los que hicimos la revolución familiar, social y sexual en los años 75-80 en España, en la parte privilegiada de aquella sociedad, en la vida universitaria y en las clases medias y altas. Pero también aprovecho para advertir de que la mayor facilidad para relacionarse puede generar un problema al que, de hecho, le dedico un capítulo que titulo 'No todo el monte es orégano', en el que explico que no por evitar el embarazo no deseado evitas todos los demás problemas asociados a las relaciones sexuales.

Y es que está muy bien tener relaciones si te apetece, o encuentras a quien querer y que te quiera, pero siempre siendo consciente de que aunque a ciertas edades ya no haya que temer un embarazo no deseado, sí tienes que prevenir el riesgo de infecciones, porque en algunos países hay factores de riesgo que ya se están extendiendo entre las personas viejas. La libertad sexual es maravillosa, pero hay que ejercerla en condiciones de salud. Yo nunca hablo de sexo seguro porque no me suena bien, sino de sexo saludable, que me parece un término más acertado.

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