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Bebés y niños
Deformaciones craneales en bebés
Existen multitud de tipos de malformaciones craneales en los bebés que traen de cabeza a muchos padres. Profundizamos en las más comunes: la craneosinostosis y la plagiocefalia posicional, y en sus soluciones.
Escrito por Natalia Dudzinska Camarero, Bióloga

Malformaciones craneales no congénitas

Determinadas situaciones o condiciones ambientales pueden hacer que la forma normal del cráneo del bebé se vea alterada. Este es el caso de lo que se conoce como plagiocefalia posicional. Este trastorno consiste en el aplanamiento de una región del cráneo, concretamente la región del hueso occipital (posterior), debido a la acción de una fuerza mecánica. Esta presión puede haber sido ejercida mientras el bebé permanecía en el interior del útero en casos de embarazos múltiples, fetos demasiado grandes, líquido amniótico escaso, etcétera. Durante el parto también existe cierto riesgo de producir la deformación cuando los médicos precisan de la utilización de instrumentos como el fórceps o la ventosa para ayudar al niño a salir.

Sin embargo, los casos más comunes son los que se producen en el periodo postnatal como resultado de una posición supina (boca arriba) mantenida.  Hace unos años, las autoridades sanitarias de distintos países difundieron un comunicado recomendando poner a los bebés boca arriba para dormir, con el fin de reducir el número de muertes por el denominado Síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Tras esto comenzaron a detectarse varios casos de bebés con alteraciones morfológicas similares en cráneo y cuello. Al relacionar estos dos hechos, se lanzó una nueva campaña que recomendaba mantener la posición supina al dormir (dado que esta medida realmente redujo en un porcentaje importante las muertes de lactantes por SMSL), y situar al bebé en decúbito ventral (apoyado sobre la tripa) durante el día.

La consecuencia más patente de la deformación es el efecto antiestético, pero también pueden existir otras complicaciones asociadas. Algunos expertos aseguran que la plagiocefalia puede provocar retrasos de psicomotricidad, estrabismo, problemas de masticación, ciertos trastornos neurológicos de poca gravedad, y consecuencias psicológicas a largo plazo.

Diagnóstico de la plagiocefalia posicional

El diagnóstico de esta alteración se basa en la historia clínica del paciente y de la madre, y los datos acerca del embarazo y el parto serán de especial utilidad (si el embarazo ha transcurrido sin complicaciones, si se ha realizado un parto instrumental, etc.). Un examen físico confirmará la existencia de una deformación y el grado de la misma. Si el bebé presentaba una cabeza redondeada en el momento de nacer y más tarde el cráneo se torna oblicuo y con un aplanamiento en la zona occipital, nos encontraremos ante un claro caso de deformación craneal posicional. Durante el examen físico el pediatra realizará un estudio visual de cráneo, cara y cuello.

Cráneo

Bebé

Se observará el cráneo desde arriba, prestando especial atención al estado de las suturas y fontanelas, a la presencia de abombamientos o prominencias en alguno de los lados de la frente, a la ubicación de las orejas (si hay deformación las orejas se dispondrán en distinto lugar, una más adelante que la otra). Además, se evaluará el aplanamiento del hueso occipital y otros valores óseos. Para medir la simetría del cráneo el pediatra podrá realizar la denominada maniobra mano-dedo-oreja, que consiste en situar los dos dedos índices en ambas orejas del paciente y extender los pulgares hasta que estos se toquen, formando así con las manos un semicírculo simétrico que, en caso de deformación, contrastará con la asimetría del cráneo.

Cara y cuello

Bebé

En este caso se observará al niño de frente. Se evaluará el grado de asimetría craneofacial (posición de las orejas, ojos y huesos de la cara). Se realizarán mediciones de la distancia nasoauricular (de la nariz a la oreja) para comprobar si existen diferencias entre los dos lados de la cara, tamaño de los ojos y posición de la cabeza, con respecto al resto del cuerpo. Se estudiará, además, la posición y movimiento de la columna cervical, detectando la posible presencia de tortícolis (muy común en los bebés con este trastorno).

Tratamiento de la plagiocefalia posicional

Una vez detectado el problema debe procederse a aplicar el tratamiento. Pueden tomarse medidas posicionales, es decir, a la hora de colocar al bebé en la cuna para dormir, hacerlo de tal modo que este se apoye sobre el lado redondeado de la cabeza. Para ello es muy útil ayudarse con almohadas, toallas, u otros objetos que aseguren que el bebé mantiene la posición adecuada.

Este mismo efecto puede lograrse mediante ortesis craneal, esto es, que el bebé lleve un casco especializado que ejerza presión sobre el lado redondeado, a fin de igualar la forma de la cabeza. Este tratamiento suele emplearse únicamente en aquellos bebés en los que no se ha podido corregir la deformación mediante ejercicios y rutinas posturales, o en los niños en los que el nivel de plagiocefalia es elevado. El momento ideal para comenzar a usar este instrumento es entre los 4 y los 7 meses, pues en este periodo las características fisiológicas del cráneo permiten una recuperación más o menos rápida (de 2 a 3 meses); en niños de más edad suelen requerirse periodos de tratamiento prolongados.

En los casos que se acompañan de tortícolis es conveniente realizar estiramientos, pero estos deben estar siempre indicados por el pediatra.

Prevención de la plagiocefalia posicional

Bebé durmiendo

La mejor medida para evitar este trastorno es la prevención. Además de realizar exámenes físicos en todos los controles médicos rutinarios durante el primer año de vida, los padres pueden evitar la aparición de problemas de este tipo tomando las medidas adecuadas a la hora de manejar al bebé. Algunas de estas medidas básicas son:

  • Rotar la cabeza del bebé alternativamente: con la espalda y los hombros apoyados en el colchón, orientar la cabeza del bebé hacia la izquierda en la primera sesión de sueño, y cambiarla hacia la derecha en la siguiente.
  • Variar diariamente la orientación del niño respecto a la cama de los padres (cabeza-cabecera / cabeza-pies).
  • Durante el día, hacer que el juego o actividad diurna se realice boca abajo (a partir de la cuarta semana e inicialmente en periodos breves). De esta manera, el bebé, que levantará la cabeza para observar lo que ocurre a su alrededor, fortalecerá la musculatura de la nuca y espalda, además de aumentar sus estímulos visuales.

Actualizado: 29 de Agosto de 2017

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'Fuente: 'Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE)''

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