Salud al día
Infecciones urinarias
Las infecciones urinarias son muy frecuentes en las mujeres, a menudo recurren y pueden causar una extensión de la infección, o incluso una lesión renal irreversible. Te contamos cómo tratarlas y prevenirlas.
Escrito por Natalia Bermejo Rubio, Licenciada en Medicina por la Universidad de Alcalá de Henares

Diagnóstico de una infección urinaria

Una historia clínica y exploración física adecuadas aportan los datos suficientes para llegar al diagnóstico de si existe o no infección urinaria en la mayor parte de los casos. Es necesaria la positividad del urocultivo para confirmar el diagnóstico. Dentro de las pruebas complementarias destacan:

  • Análisis sistemático de orina y sedimento: para hallar la presencia de leucocitos, bacterias, sangre…
  • Tiras reactivas: para saber rápidamente si hay o no posible infección mediante distintas reacciones químicas.
  • Cultivo de orina: la probabilidad de detectar la ITU es mayor cuanto más próximo al lugar de producción de la orina se recoja la muestra, por eso es muy importante la técnica de recogida de la orina; debe limpiarse la zona genital, si es mujer, abriendo los labios mayores y pasando una esponja humedecida en agua. Se debe recoger el chorro medio de la micción. Si el paciente es portador de sonda se realiza con aguja y jeringa tras desinfectar el sitio de punción. Se debe tomar la muestra del final de la micción y tras masaje prostático cuando hay sospecha de prostatitis. Debe enviarse inmediatamente al laboratorio.

    El cultivo de orina es una de las mejores pruebas, pero aún así puede dar posibles falsos negativos, debido a tratamientos antibióticos, fase temprana de la infección, eficacia de la eliminación de bacterias por el efecto de arrastre de la orina, micción reciente, obstrucción uretral…

  • Hemograma y bioquímica: puede ayudar en la diferenciación de ITU de vías altas y bajas, fundamentalmente en ancianos con pocos síntomas y ausencia de fiebre.
  • Hemocultivos: está indicado ante la sospecha de pielonefritis aguda o prostatitis aguda en pacientes que requieran hospitalización.
  • Pruebas de imagen: están indicadas en los menores de 5 años que han padecido más de un episodio, en la mujer con ITU recurrente o patología urológica asociada, en el varón, cuando no hay respuesta al tratamiento antibiótico, en pacientes graves o inmunodeprimidos, o cuando se sospecha una complicación.
  • Radiografía simple de abdomen: es la primera exploración que se debe realizar; es conveniente si existe sospecha de cálculos, o si el paciente es diabético y presenta pielonefritis grave, entre otras razones.
  • Ecografía abdominal: se trata de la prueba de imagen más utilizada. Es fundamental para descartar dilataciones por cálculos o tumores, o complicaciones.
  • TAC: la tomografía axial computerizada es la técnica más sensible para la detección de anomalías renales causadas por la infección y delimitar la extensión de la enfermedad.
  • Urografía intravenosa: es la técnica más útil para descartar lesiones del sistema colector y los uréteres.
  • Cistouretrografía: permite evaluar la existencia del reflujo de orina hacia la vejiga.

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