Una persona que padezca una infección urinaria debe asegurarse una buena hidratación; hay que beber agua, ya que puede ayudar a prevenir las cistitis, porque el chorro de orina expulsa muchas bacterias de la vejiga, y las defensas naturales del organismo, siempre y cuando estén en buenas condiciones (es decir, no haya inmunodepresión como en enfermedades crónicas como la diabetes o debido a la toma de medicamentos como antibióticos), eliminan las bacterias restantes.

A veces se requieren analgésicos, aunque el tratamiento antibiótico eficaz controla rápidamente la disuria (dolor al orinar) producida por la infección.

En la mujer embarazada se realizan las pruebas durante el embarazo en la primera visita prenatal, y se repiten a las 28 semanas si existe historia de ITUs de repetición. Además, hay que tener en cuenta que toda bacteriuria (incluidas las asintomáticas) deben ser tratadas en las embarazadas con una duración entre siete y 10 días de tratamiento.

En las infecciones urinarias, independientemente del tipo que sean, el médico valorará el fármaco necesario para su tratamiento. Si la causa es bacteriana se prescribirá un antibiótico, si el causante de la infección es un hongo (como la cándida) se prescribirá un antifúngico, y en caso de tratarse de un virus (como el herpes) se prescribirá un antivírico.

Normalmente las infecciones urinarias se controlan de forma ambulatoria, y la medicación prescrita se toma en casa por vía oral (el tiempo del tratamiento suele ser inferior a las dos semanas, pero depende del tipo de infección, del microorganismo causante, y del fármaco elegido por el médico), pero si hay complicaciones o la infección está avanzada puede ser necesario el ingreso hospitalario.

Creado: 30 de julio de 2010

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