Salud al día
Fiebre amarilla
También conocida como la enfermedad del vómito negro o plaga americana, la fiebre amarilla es una patología viral transmitida por la picadura de un mosquito infectado, que se caracteriza por la ictericia y la fiebre que produce, en ocasiones con hemorragias.
Escrito por Marta Talise, Licenciada en medicina y análisis clínico


Prevención de la fiebre amarilla

Las medidas para controlar la propagación del virus de la fiebre amarilla están dirigidas contra el mosquito transmisor, recomendándose el uso de repelentes, siendo aquello que contengan DEET los que han demostrado mayor eficacia.

También se recomienda el uso de mosquiteras y telas metálicas en puertas y ventanas de las viviendas de zonas endémicas. Así como utilizar camisas de manga larga, pantalones largos y usar repelentes sobre la ropa que contengan permetrina.

Vacuna para la fiebre amarilla

La vacuna contra la fiebre amarilla existe desde el año 1937, desde entonces se han administrado más de 200 millones de dosis en el mundo. La vacuna tarda unos 7-10 días en hacer efecto y su eficacia es del 99%. Debe administrase a las personas que viven o viajan a las regiones de América y África donde se encuentra la enfermedad. Conviene recordar que no hay fiebre amarilla en Asia. Al aplicarse, el paciente queda protegido contra la enfermedad durante 10 años, momento en el cual la inmunidad contra el virus se debilita requiriendo una nueva dosis si se va a viajar a zonas de riesgo.

Hay que tener en cuenta que existen algunas contraindicaciones para la aplicación de esta vacuna. No puede aplicarse la vacuna contra la fiebre amarilla en los siguientes casos:

  • Si la persona padece algún trastorno que comprometa la función del sistema inmune, como el cáncer, o recibe tratamiento con esteroides o con otros inmunosupresores. Esta contraindicación se debe a que la vacuna se hace con virus vivos, aunque muy atenuados, pero que, en caso de debilidad del sistema inmune, pueden llegar a despertarse ocasionando cuadros graves equivalentes a una fiebre amarilla. Afortunadamente estos cuadros graves secundarios a la vacuna son muy excepcionales.
  • Si la persona padece enfermedades del timo, que es un órgano del sistema inmune que se encuentra en el cuello. En caso de disfunción del timo, la vacuna puede ocasionar cuadros graves como en los pacientes inmunodeprimidos.
  • Si la persona padece infección por el VIH y tiene muy deteriorado el sistema inmune. Los pacientes VIH con una buena situación clínica y con un número alto de defensas, lo que se conoce como linfocitos CD4+, pueden vacunarse con seguridad.
  • Si se tiene alergia grave al huevo, pues la vacuna lleva algún componente relacionado con el huevo aunque en una cantidad muy pequeña.
  • Si se encuentra embarazada o si se está en periodo de lactancia pues en ambos casos el virus puede pasar al bebé y producir complicaciones.
  • Si el paciente es mayor de 60 años o si se trata de un bebé menor de nueve meses. Esta contraindicación se debe a que, aunque las complicaciones de la vacuna son muy infrecuentes, estas se han producido en su mayoría en bebés o en adultos mayores. Esto se debe probablemente a que estas dos grupos poblacionales pueden tener la función del sistema inmune comprometida, por lo que el virus de la vacuna, aunque muy atenuado, les puede llegar a afectar.

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