Salud al día
Sarampión
El sarampión es una de las erupciones cutáneas clásicas que se presentan en la infancia, acompañada de fiebre elevada, tos, conjuntivitis y rinitis. La vacuna atenuada ha reducido considerablemente su incidencia.
Escrito por Diana Forero Morantes, Bióloga

Causas del sarampión

El sarampión es una enfermedad vírica aguda causada por un paramixovirus del género Morbillivirus. Este virus tiene la capacidad de romper la membrana de las células (lisis celular) y provocar la fusión de las mismas, formando células gigantes multinucleadas; como resultado, el virus pasa de una célula a otra. En algunos tipos celulares (por ejemplo, células del cerebro humano) pueden aparecer infecciones persistentes sin presentar lisis celular.

Clínicamente se manifiesta por tos, fiebre, exantema, y un característico enantema a nivel de la mucosa oral conocido como “signo de Koplik”.

El virus del sarampión es muy contagioso y se transmite de una persona a otra por inhalación del agente contenido en las gotitas que se expulsan al hablar, toser o estornudar (gotas de Pflügge), o por contacto directo con secreciones nasofaríngeas o artículos contaminados recientemente. La replicación local del virus en las vías respiratorias precede a la diseminación del mismo por el sistema linfático, infectando la conjuntiva, las vías respiratorias, el aparato urinario, pequeños vasos sanguíneos, el sistema linfático y el sistema nervioso central.

Durante el periodo de incubación, el virus provoca un descenso en el número de eosinófilos y linfocitos B y T, y una disminución de su capacidad de respuesta. El exantema del sarampión es producido por la acción de los linfocitos T, que forman parte del sistema inmunitario, cuando estos combaten a las células endoteliales, que revisten el interior de los capilares, y que han sido infectadas por el virus. La mayoría de los pacientes se recupera del exantema y conserva la inmunidad frente al virus durante toda la vida.

El virus también puede producir secuelas en el sistema nervioso central debido a la inmunopatogenia (encefalitis post-infección del sarampión) o desarrollo de mutantes defectuosos (panencefalitis esclerosante subaguda PEES).

Las células inmunitarias (linfocitos T y B) son muy importantes para defender al organismo de la infección por el virus, sin embargo, son las responsables de producir la mayoría de los síntomas de la enfermedad. En los niños que han sido infectados por el virus y que presentan deficiencia de linfocitos T, se puede presentar neumonía, sin presentar exantema. Tras producirse la infección, y a lo largo de las semanas siguientes, el virus es capaz de reducir la respuesta de las células inmunitarias al infectar los monocitos, linfocitos T y B, y favorecer la síntesis de citocinas (sustancias que reducen la capacidad del organismo de producir una adecuada respuesta inmunitaria).

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