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Marta Busquets

Abogada especializada en Derecho sanitario y autora de ‘Mi embarazo y mi parto son míos’
La autonomía del paciente y el consentimiento informado también deben respetarse en el embarazo y el parto. La experta en Derecho sanitario Marta Busquets explica los derechos de las mujeres durante estos procesos vitales.
Marta Busquets
“Un parto respetado es aquel en el que no solo la atención recibida se basa en evidencia científica actualizada, sino aquel en el que nos han tratado como personas, como seres humanos completos con derechos”
Escrito por: Diana Oliver

04/06/2019

El embarazo y el parto son etapas vitales que generan muchas dudas e incertidumbre, y también un sinfín de vivencias diferentes, muchas de las cuales vienen marcadas por el trato y el acompañamiento recibidos a nivel sanitario. Marta Busquets, abogada especializada en Derecho sanitario, acaba de publicar con Pollen Ediciones Mi embarazo y mi parto son míos, una guía que puede resultar útil tanto a mujeres embarazadas, como a profesionales sanitarios, para conocer cuestiones como los derechos de las mujeres en el ámbito obstétrico, lo que es un plan de parto, o las obligaciones de los profesionales que las atienden. “Estar embarazada o de parto no es en sí mismo un límite a los derechos de autonomía y consentimiento informado”, recuerda Busquets, e insiste en que tener información permite a las mujeres tomar decisiones libres y poder reclamar cuando sus derechos han sido vulnerados.


Mi embarazo y mi parto son míos

El libro nace después de años asesorando –tanto a nivel profesional, como a través de tu voluntariado en la asociación catalana por un parto respetado Dona Llum– a mujeres que quieren conocer sus derechos en cuestiones relacionadas con el embarazo y el parto. ¿Cuáles son las principales dudas en este sentido?

Las dudas son normalmente siempre las mismas y acostumbran a tener que ver con si la mujer podrá decidir y, en particular, si podrá pedir segundas opiniones o si podrá negarse a determinadas intervenciones; por ejemplo, con frecuencia la negativa viene referida a una inducción al parto protocolaria sin que haya una patología concreta.

En el Observatorio de la Violencia Obstétrica de El Parto es nuestro se han recogido numerosos testimonios de mujeres que denunciaban prácticas no consentidas. En general, ¿dirías que se respetan los derechos de las madres y los bebés en los servicios de ginecología y obstetricia?

Desgraciadamente me decanto por contestar que no. España es un país altamente intervencionista en comparación con otros países (tal y como admite el propio Ministerio de Sanidad). A esto le sumamos que somos un país de ideologías de tipo provida, que justifican pasar por encima de las voluntades, cuerpos y necesidades concretas de las mujeres, tal y como reflejan múltiples estudios. Además, tenemos poca conciencia sobre la importancia de los derechos humanos, tanto en términos generales, como en ámbitos específicos como sería el obstétrico.

Tenemos poca conciencia sobre la importancia de los derechos humanos, tanto en términos generales, como en ámbitos específicos como el obstétrico

Debo decir que las leyes están bien hechas, pero la mentalidad social y médica no está a la altura. Y, en particular, creo que lo más importante es que las propias madres relatan una y otra vez que no se respetaron sus derechos o, lo que es peor, ni siquiera sabían que tenían derechos.

El plan de parto es un derecho

Dices en el libro que a menudo las mujeres somos tratadas de modo condescendiente durante nuestros procesos de embarazo, parto y posparto. ¿Cómo definirías esto con un ejemplo práctico?

Por ejemplo cuando se nos dice que podremos decidir o que se tendrá en cuenta el plan de parto “mientras todo vaya bien”. Eso es condescendencia. Si algo va mal, también tenemos derecho a decidir y a ser tenidas en cuenta.

El plan de parto sigue siendo aún bastante desconocido y no son muchas las mujeres que llegan al paritorio con él. ¿En qué consiste?

El plan de parto es un documento donde se plasma por anticipado la voluntad de una mujer respecto del proceso de parto. Puede incluir previsiones para parto fisiológico (es lo habitual), pero también puede incluir previsiones en caso de inducción o de cesárea. El parto es siempre nuestro.

¿Tenemos derecho a acudir con nuestro plan de parto al hospital y a que sea respetado?

Cien por cien sí. El plan de parto es un documento legalmente vinculante y como tal debe aceptarse (no solo la plantilla que ofrecen en cada hospital, sino que puede redactarlo la mujer por sí misma) y debe respetarse. Al apartarnos de él deberemos justificar las causas en la historia clínica.

Respeto a la autonomía de la mujer en el embarazo y el parto

¿Se puede negar una mujer a que le realicen pruebas o intervenciones durante el embarazo o durante el parto?

Sí. Esto es muy importante, porque no tiene sentido hablar de consentimiento informado y de derecho de autonomía si no existe el derecho a decir que no. De hecho, la jurisprudencia habla de que sin derecho al rechazo se vacían de contenido estos derechos.

Hay tratados internacionales y mandatos de la OMS o del Consejo de Europa que garantizan la autonomía de las mujeres en el embarazo y el parto

Hay tratados internacionales, así como mandatos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) o del alto comisionado de derechos humanos del Consejo de Europa que insisten en garantizar la autonomía de las mujeres en el embarazo y el parto.

No se trata de nada extraño, en países como Inglaterra los propios protocolos (guias NICE) prevén las diferentes alternativas a ofrecer, incluida la de no hacer nada, cuando la mujer no acepta la prueba o intervención propuesta. Los derechos humanos de las mujeres se viven con una mayor normalidad.

¿Pueden obligarnos legalmente a cualquier práctica médica relacionada con estos procesos?

La respuesta es no, en el sentido de que estar embarazada o de parto no es en sí mismo un límite a los derechos de autonomía y consentimiento informado. Se aplican los mismos límites que en cualquier otra situación, que son pocos, legalmente previstos, y muy estrictos. La idea es que una persona adulta y capaz puede decidir sobre su salud.

Sobre los llamados “protocolos” de hospital, ¿realmente cada hospital tiene un protocolo de acompañamiento y atención del parto?

Sin llegar a decir que cada hospital tiene el suyo propio, sí que existe una gran variabilidad entre hospitales. Hay algunos que usan el mismo, pero dentro de una misma ciudad como Barcelona hay diferencias significativas entre los protocolos de cada hospital. A nivel institucional, también son muy distintos el protocolo de la SEGO, del protocolo del Ministerio de Sanidad o del de la Conselleria de Salut de Cataluña. Rigurosamente hablando, si los protocolos estuvieran estrictamente basados en evidencia, esta variabilidad no la veríamos.

Los protocolos son guías orientativas, pero no son obligatorios ni son norma legal

Lo cierto es que la medicina no es una ciencia exacta, y así lo han reconocido los tribunales. En cualquier caso es importante saber que los protocolos son guías orientativas, pero no son obligatorios ni son norma legal, y por mucho que tengan valor probatorio en juicio, se admite prueba en contrario.

Humanizar el acompañamiento y las intervenciones

¿Qué es un parto respetado?

A menudo se confunde parto respetado con parto natural. Aunque la atención obstétrica debe partir de la fisiología, todos los partos pueden y deben ser respetados. También los quirúrgicos (cesárea), también los de alto riesgo, también los urgentes. Un parto respetado es aquel en el que no solo la atención recibida se basa en evidencia científica actualizada, sino aquel en el que nos han tratado como personas, como seres humanos completos con derechos.

Tal vez una sola queja no cambie las cosas, pero una vez que se van acumulando permiten hacer presión para que las cosas cambien a mejor

No sé si la vulnerabilidad que sentimos en un proceso tan intenso como el parto nos puede hacer aceptar intervenciones que en otras circunstancias no aceptaríamos…

Claro que afecta, son momentos delicados. Las madres queremos lo mejor para nuestros bebés y el miedo a que les pueda pasar algo nos lleva a aceptar intervenciones o interacciones que en otro contexto seguramente no aceptaríamos. Además, en general las mujeres tenemos asumidos unos niveles de violencia, discriminación y falta de respeto importantes; esto es algo que no deja de sorprenderme. Tenemos que creernos de una vez que nuestras necesidades y nuestro bienestar son importantes, y que no son incompatibles con las necesidades y el bienestar de nuestros bebés.

Si la atención es respetuosa, empática, y se adapta a nuestras necesidades, es mucho más probable que tengamos una vivencia positiva

El trato del personal sanitario puede cambiar completamente nuestra experiencia de embarazo y de parto. ¿Necesitamos “humanizar” estos procesos, así como sus seguimientos?

Totalmente. Creo que esto es extrapolable a cualquier ámbito, no sólo al sanitario. Si nos tratan bien, si la atención es respetuosa, empática, y se adapta a nuestras necesidades, es mucho más probable que tengamos una vivencia positiva. De hecho, hay estudios que apuntan en esta dirección, al margen de si el parto ha sido fisiológico, o una cesárea urgente.

¿Qué debemos hacer si sentimos que nuestros derechos han sido vulnerados?

Depende de cada mujer y cada caso concreto. Hay mujeres que necesitan dejarlo atrás, y hay mujeres que necesitan hacer algo al respecto. Las dos respuestas son válidas, la prioridad es que estemos bien, especialmente en un contexto en que tenemos que hacernos cargo de un bebé y, sobre todo, tratar de disfrutarlo.

Tenemos que creernos de una vez que nuestras necesidades y bienestar no son incompatibles con las necesidades y el bienestar de nuestros bebés

Si queremos hacer algo, en los casos más graves podemos valorar emprender acciones legales. Con más graves desgraciadamente me refiero a secuelas físicas importantes en la madre o el bebé. En aquellos casos en los que estas secuelas no se hayan producido podemos dejar constancia mediante quejas.

Existe la creencia de que quejarse no sirve para nada, pero no es así. Implica dejar constancia oficial de que lo sucedido no estuvo bien. Tal vez una sola queja no cambie las cosas, pero una vez que se van acumulando, permiten pedir explicaciones y hacer presión para que las cosas cambien a mejor.

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