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La evolución de los ataques migrañosos varía mucho a lo largo de la vida del paciente. Se sabe que van disminuyendo de intensidad y frecuencia a medida que se envejece. Durante los periodos de tiempo que transcurren entre los ataques, el paciente no presenta ningún síntoma. Pueden producirse varios ataques al mes (importante, porque es un criterio diagnóstico de migraña), pero rara vez aparecen a diario.

Así mismo, los ataques no tienen por qué presentar el mismo patrón siempre: pueden variar los pródromos; y un paciente que habitualmente sufre de migraña con aura no tiene por qué presentar aura en cada ataque. Además, no es infrecuente que el paciente de migraña sufra de vez en cuando de cefalea tensional.

Parece que la frecuencia e intensidad de las migrañas en las mujeres mejora durante el embarazo y a partir de la menopausia; y empeora con la toma de hormonas sexuales, como los anticonceptivos o el tratamiento hormonal sustitutivo.

En general, este tipo de dolor de cabeza afecta a la vida diaria del paciente, imposibilitando en muchos casos las actividades habituales, por la necesidad de reposo. Puede producir inconvenientes en el campo laboral, ya que muchos pacientes requieren de baja laboral durante los días que dura el ataque; así como en las relaciones personales, actividades deportivas o de ocio.

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