Pie de atleta
Las piscinas, duchas y las superficies cálidas y húmedas son el caldo de cultivo habitual del hongo que provoca el pie de atleta. Conoce cómo prevenir la reproducción y propagación de estos agentes infecciosos.

Síntomas del pie de atleta y complicaciones

Por: Dr. José Antonio Nuevo González

Especialista en Medicina Interna. Servicio de Urgencias del Hospital Gregorio Marañón de Madrid

Actualizado: 1 de agosto de 2025

Algunos pacientes con pie de atleta pueden permanecer asintomáticos, y presentar únicamente mal olor a causa de la infección, aunque en otros sí que se observan síntomas del pie de atleta.

Se pueden clasificar, por tanto, las diferentes formas de pie de atleta, con sus respectivos síntomas:

  • Forma crónica: se observa un enrojecimiento del pie y picor constante, especialmente por la noche. Es la forma más frecuente.
  • Forma hiperqueratósica o mocasín: en este estado suelen aparecer grietas, ampollas y escamas en la zona que está infectada –sobre todo en el talón y planta, además de hiperqueratinosis, que consiste en que la capa externa de la piel se engruesa.
  • Forma vesical media: la piel presenta una serie de vesículas que no deben ser explotadas.
  • Forma ulcerosa: una vez que se llega a este estado existe una alta probabilidad de que el pie de atleta se asocie con una infección secundaria bacteriana, que puede ser necesario tratar con antibióticos. Se observan úlceras interdigitales, especialmente en pacientes con un sistema inmunitario debilitado y en diabéticos.

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En definitiva, los signos más comunes de la infección por pie de atleta son el enrojecimiento e inflamación y las vesículas, con zonas de maceración, que son característicamente localizadas entre los dedos y en concreto en el tercer y cuarto espacio interdigital. Esto puede desembocar en pequeñas grietas en los pliegues con las consecuentes molestias y riesgo de sangrado e infección bacteriana añadida. 

El picor intenso (prurito) es otra de las señales más comunes. A menudo es más molesto después de quitarse los zapatos o al sudar y puede volverse tan intenso que lleva a rascarse constantemente, favoreciendo lesiones.

En algunos casos, pueden aparecer ampollas pequeñas (forma vesicular), sobre todo en el arco del pie o la planta. Estas ampollas pueden romperse y liberar líquido, generando heridas abiertas.

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Escamas entre los dedos, síntoma del pie de atleta

¿Cuándo acudir al médico? Signos de alerta del pie de atleta

Aunque muchas veces el pie de atleta se puede tratar con antifúngicos de venta libre, hay situaciones en las que conviene consultar al médico o al podólogo:

  • No mejora tras 7-10 días de tratamiento con cremas antifúngicas.
  • Empeora: notas más enrojecimiento, calor, hinchazón o dolor.
  • Aparición de pus o fiebre: puede ser indicativo de una posible infección bacteriana secundaria.
  • Uñas afectadas: cambio de color, grosor, deformación pueden ser signos de onicomicosis.
  • Ampollas dolorosas o extendidas.
  • Afectación extensa: planta, talones, dorso del pie o incluso manos.
  • Persona con diabetes, inmunosupresión o mala circulación.
  • Reaparición frecuente a pesar del tratamiento correcto: puede ser señal de factores predisponentes no resueltos o de mal diagnóstico.
  • Niños: no es tan común en ellos y puede confundirse con eccema.

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Complicaciones del pie de atleta

El pie de atleta es una afección que en la mayoría de casos es leve y tratable, pero si no se trata correctamente puede derivar en complicaciones importantes. En aquellos pacientes que tengan una mala circulación la infección puede complicarse seriamente, llegando incluso a tener que amputar el pie. Esto les puede ocurrir a pacientes diabéticos, por ejemplo.

Por lo general, las principales complicaciones del pie de atleta (tiña pedis), si no se trata adecuadamente, pueden ser:

  • Sobreinfección bacteriana secundaria: es una de las complicaciones más frecuentes. Cuando el hongo daña la piel, esta pierde su función de barrera, facilitando la entrada de bacterias como Staphylococcus aureus o Streptococcus, que puede evolucionar a celulitis o linfangitis, impétigo o abscesos.
  • Dermatitis eccematosa o de contacto: por irritación o alergia a tratamientos tópicos.
  • Extensión a otras zonas: como manos (tiña manuum), axilas, ingle (tiña cruris), o uñas (onicomicosis), haciendo que estas presenten un mal aspecto: sin color, engrosadas e incluso demolidas..
  • Recurrencias frecuentes: especialmente si no se erradican los factores predisponentes como la humedad o mal secado de los pies, uso continuado de calzado cerrado y poco transpirable o falta de tratamiento profiláctico en el calzado contaminado.
  • Formación de grietas y fisuras: que actúan como puerta de entrada para otros patógenos.

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