El cáncer de pene es una neoplasia infrecuente, y en los países occidentales se dan alrededor de 4 casos por cada 100.000 habitantes, lo que supone el 0,2% de las neoplasias en el varón y el 0,1% de las muertes por cáncer. Su incidencia aumenta con la edad, con un pico a los 60/70 años.

El 80% de los tumores primarios son carcinomas escamosos (se originan a partir del epitelio de la piel o mucosa, al contrario que los adenocarcinomas, que se originan a partir del epitelio de las glándulas) y, aunque menos frecuentes, puede haber lesiones metastásicas, fundamentalmente en vejiga y próstata. Se localizan en el glande (hasta el 80%), el prepucio, el surco balanoprepucial y el cuerpo del pene. Solo el 5% es multicéntrico. Su patrón de crecimiento puede ser en extensión (horizontal), en profundidad (vertical) o “hacia fuera” (verrucoso o exofítico).

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Dejado a su evolución natural, el cáncer de pene puede acabar con la vida del paciente en dos años, ya que el tumor afecta cuerpos cavernosos y uretra, y en una siguiente estación metastatiza en ganglios linfáticos locorregionales y por vía hematógena (por la sangre) puede producir metástasis en otros órganos (a distancia).

Anatomía del pene

El pene está formado por tres masas cilíndricas unidas por tejido fibroso, dos laterales (cuerpos cavernosos) y una inferior (cuerpo esponjoso), donde se aloja la mayor parte de la uretra. Está unido al arco del pubis. La piel que lo recubre es laxa y está conectada con las partes más profundas del órgano, en la raíz, la piel continúa con el escroto y distalmente (en la punta) se repliega sobre sí misma formando el prepucio.

Partes del pene

Los ganglios linfáticos regionales son los inguinales (superficiales y profundos –de Rosenmüller o Cloquet–) iliacos externos e internos, y los pélvicos.

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Creado: 17 de noviembre de 2014

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