Ante una menstruación muy dolorosa, la sintomatología referida por la mujer durante el período menstrual hacen pensar como primera posibilidad en la dismenorrea como diagnóstico. No obstante, es imprescindible reconocer determinadas características para distinguir una dismenorrea primaria de una secundaria.

La exploración ginecológica es primordial, mediante la visualización de genitales externos, palpación mediante tacto vaginal y exploración con espéculo para comprobar el estado de vagina y cérvix, presencia de masas u otras alteraciones o malformaciones, y toma de muestras para descartar infecciones que pudieran ser la razón de la dismenorrea.

En toda exploración ginecológica va incluida una ecografía, bien a través del abdomen, bien mediante una sonda transvaginal, que pondrá de manifiesto la morfología de ovarios, trompas, útero y grosor del endometrio. Este método también detecta pequeñas cantidades de líquido que pudieran hallarse en los espacios anatómicos de la pelvis femenina y que, en ocasiones, significan rotura de quistes ováricos o pequeños sangrados de endometriomas.

Los análisis de sangre para el diagnóstico de la dismenorrea pueden aportar datos relevantes en tanto que informan de estados inflamatorios (elevación de leucocitos, proteína C reactiva), como también de posibles embarazos que pudieran ser de implantación ectópica, anemia, etcétera.

En casos más extremos y de un dolor no corregido con tratamientos habituales, se proponen pruebas como la resonancia magnética pélvica que permite diagnosticar problemas como la endometriosis, su localización y posibles complicaciones, y más raramente, la exploración mediante laparoscopia de toda la cavidad abdominal.

Cuando todas las pruebas resultan normales, suele tratarse de una dismenorrea funcional o primaria.

Creado: 23 de noviembre de 2016

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