Gota
Escrito por Natalia Dudzinska Camarero, bióloga
Un exceso de ácido úrico en el organismo puede acumularse en distintas partes del cuerpo como las articulaciones, los riñones, o los tejidos blandos produciendo gota. Descubre las fases de esta enfermedad y cómo se trata.

Síntomas de la gota

Podríamos diferenciar tres fases en la aparición de la gota:

La primera, completamente asintomática, correspondería al aumento de ácido úrico en sangre.

A continuación se produce la formación de cristales en las articulaciones, que dará lugar al síntoma más característico de la gota, conocido como ataque agudo de gota. Como su nombre indica, este ataque tiende a presentarse de forma repentina, afectando a una o varias articulaciones. El enfermo sufre un dolor muy intenso, que normalmente comienza durante la noche, y que cede al cabo de los días o las semanas. Externamente, la piel aparece caliente y enrojecida y es extremadamente sensible al tacto (puede llegar a resultar molesto el roce de la sabana o cualquier otro contacto físico). Como síntoma secundario, en ocasiones puede aparecer fiebre.

La tercera fase sería la cronificación de la enfermedad, denominada artritis gotosa. Esto ocurre cuando se da la repetición de los ataques, lo cual puede suceder mucho tiempo después del primero de estos. La reaparición de los síntomas de la gota suele ser más prolongada en el tiempo, y normalmente afecta a un mayor número de articulaciones que el ataque agudo. Una vez superado el ataque, los síntomas desaparecen por completo, al menos al inicio de la enfermedad, ya que a medida que esta se cronifica y los ataques comienzan a repetirse, el tiempo que transcurre entre un episodio y el siguiente va disminuyendo y quedan molestias en la zona afectada.

Síntomas recurrentes de la gota y complicaciones

El hecho de que una persona haya sufrido un ataque de gota no quiere decir que necesariamente vaya a sufrir más. Sí es cierto que existe una tasa bastante alta de recurrencias; aproximadamente el 50% de las personas que han sufrido una primera reacción sufrirán otras en el futuro. Las consecuencias de una artritis gotosa crónica pueden ser: la deformación de las articulaciones, la pérdida de movilidad en las mismas y la presencia prácticamente continua de dolor.

En los casos en los que la gota se haya prolongado durante muchos años es común la aparición de tofos; estos son protuberancias que se forman alrededor de la articulación como resultado de la acumulación progresiva de unos cristales sobre otros. Estas formaciones son indoloras, pero pueden llegar a ulcerarse o fistulizar (formarse una fístula) dejando salir una sustancia blanquecina (cristales de urato). Los tofos se localizan por lo general en codos, articulaciones de las manos, tendón de Aquiles y en el pabellón articular.

Además del cuadro clínico típico, existen numerosas complicaciones asociadas a la gota. Es muy común que los pacientes gotosos presenten signos de disfunción renal, alteraciones vasculares de riñón y cólicos renales, estos últimos debidos a la eliminación de los cristales de ácido úrico en forma de piedras. También están estrechamente relacionados con este tipo de artritis los trastornos cardiovasculares y la hipertensión.

 

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Actualizado: 04/06/2013

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