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El porqué de los bostezos

Bostezar es un acto involuntario que hacemos casi a diario, hasta nuestras mascotas bostezan, pero… ¿A qué se deben los bostezos? ¿Por qué son tan fastidiosamente contagiosos? Descúbrelo.
El porqué de los bostezos
Bostezamos desde que somos bebés.

Actualizado: 13 de diciembre de 2019

Bostezar es un acto involuntario que hacemos casi a diario, hasta nuestras mascotas bostezan, y aunque se considere algo de mala educación –pues está asociado al aburrimiento– es algo que no se puede controlar. Pero… ¿a qué se deben los bostezos? ¿Por qué son tan fastidiosamente contagiosos? Descúbrelo.

Abrir la boca en este gesto tan conocido es un acto habitual y diario. Bostezamos o vemos bostezar a alguien a primera hora de la mañana, en la reunión de por la tarde, etcétera. También lo hacen nuestras mascotas (perros, gatos e ¡incluso reptiles!). Sin embargo, pese a lo rutinario de este fenómeno, se desconoce a ciencia cierta por qué bostezamos ni qué funciones tiene en nuestro organismo. Pero aquí van algunas pistas y respuestas sobre este somnoliento ejercicio de inspiración y espiración lenta, profunda, prolongada y, a veces, incluso ruidosa, que solemos asociar al sueño o al tedio.

¿Qué es el bostezo?

Se trata de un acto involuntario que no podemos controlar por el cual abrimos ampliamente la boca, realizando una profunda inspiración, a la que sigue una ligera espiración, que acaba casi en suspiro. El bostezo puede aparecer cuando estamos profundamente aburridos o cansados, y va acompañado de movimientos de la parte superior del cuerpo para tener mayor expansión torácica.

¿Por qué es contagioso?

Se desconoce la razón, pero no ocurre sólo en la especie humana, sino también en una amplia variedad de animales. Es curioso que sólo en los humanos y los monos es contagioso el bostezo, algo que parece deberse a que ambos comparten una complejidad social más desarrollada que el resto de animales. En los estudios que se han hecho al respecto se destaca dos posibles causas de este contagio.

Una de ellas, según un estudio de la Universidad de Baylor (EE.UU.), es que es un signo de empatía con los demás, pues se cree que el contagio del bostezo es más común entre familiares, seguidos de amigos y, por último, conocidos y desconocidos. Pero otros investigadores apuntan a que esto se debe a las neuronas espejo, que tienden a desarrollar la misma acción que están viendo.

¿Por qué bostezamos?

Existe una amplia variedad de teorías, aunque ninguna por sí misma contribuye a dar una respuesta completa a esta pregunta que lleva rondándonos tanto tiempo.

Las más defendidas en la actualidad son:

Falta de oxigenación

En situaciones de cansancio, aburrimiento, etcétera, respiramos menos intensamente de lo normal, provocando un intercambio menor de oxígeno o un exceso de dióxido de carbono en nuestro cuerpo, bostezando así, para tomar aire profundamente y compensar la falta de oxígeno.

Esta hipótesis tiene un fallo: estudios realizados demostraron que fetos de aproximadamente 12 semanas bostezaban, pero éstos no respiran por los pulmones hasta que nacen. La forma de obtener oxígeno y expulsar el dióxido de carbono se produce a través del cordón umbilical.

Regularización de la temperatura cerebral

El cerebro consume nada más y nada menos que una tercera parte de las calorías que ingerimos cada día, este hecho puede hacer que la máquina se caliente y empecé a aumentar peligrosamente de temperatura. Para contrarrestarlo, según esta teoría publicada en la revista Physiology and Behavior, el bostezo sería una buena manera, pues no es más que una entrada masiva de aire.

Otro estudio, llevado a cabo por investigadores de Leiden University Medical Center (Países Bajos) asoció más bostezos cuando se tiene fiebre, lo que podría corroborar esta teoría del enfriamiento, aunque ninguno de los dos estudios fue concluyente.

Signo de ansiedad

Un estudio realizado por miembros de la Universidad de Florencia y la Universidad de Pisa (Italia) creen que el bostezo actúa como una especie de mecanismo que modula la sensación de ansiedad. Las pruebas fueron realizadas en lémures y se observó que éstos abrían la boca cuando estaban ante una situación de peligro, lo que podría aumentar los niveles de cortisol, la hormona del estrés que nos ayuda a estar alerta y a escapar de los depredadores.

Sirva de ejemplo que se ha observado un aumento del número de bostezos en políticos o profesionales de la oratoria que esperaban su turno para hablar, deportistas antes de competiciones importantes, o en pacientes mientras esperaban su turno en la sala de espera.

Evolución

En este caso, el bostezo tiene unos orígenes evolutivos, usado para sincronizar el cuerpo en distintas situaciones como: al despertar, dormir, en condiciones de peligro, etcétera. Tras un bostezo, se incrementa la tensión arterial y la frecuencia cardíaca más de un 25%, manteniendo al cuerpo en estado de alerta.

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